PO Box 22699
San Juan, P.R.
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Varios grupos comunitarios y ambientales elogian con cautela las expresiones de descontento de la nueva alcaldesa ponceña Mayita Meléndez y del gobernador electo con la construcción de la tubería que atravesará Peñuelas, Ponce, Juana Díaz, Santa Isabel y Salinas. En su primera conferencia de prensa después de las elecciones, Luis Fortuño, señaló que pondrá “bajo análisis” la construcción de este proyecto de infraestructura pues le preocupa los efectos a la salud que éste pueda tener sobre los residentes de los cinco pueblos del sur. Como nota significante, el actual comisionado residente también aseguró que se opone al proyecto pues considera que el gobierno no debe invertir dinero para fomentar el uso de combustibles fósiles- como el gas natural que transportaría el gasoducto- sino que debe encaminarse hacia el uso de fuentes alternas de energía.
Mientras tanto, en Peñuelas, residentes del Barrio Tallaboa Encarnación continúan el campamento de desobediencia civil frente a los portones de la compañía Skanska contratada por la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) para esta construcción, la que no ha cesado operaciones aunque existe una orden de cese de la misma. En repetidas ocasiones los manifestantes se han tenido que trepar en la maquinaria de construcción, provocando que los desarrolladores detengan los trabajos. Los vecinos objetan el proyecto por razones de seguridad y por no haber cumplido con las reglamentaciones de consulta para una construcción de gran impacto ambiental. Tanto así que a estas alturas de construcción en tramos de Juana Díaz, Salinas y parte de Ponce la Junta de Calidad Ambiental ha detenido la construcción por discrepancias en la ruta.
Aunque es necesario crear alternativas al alto consumo de petróleo en la Isla, él que se ha triplicado en los últimos años, llegando a unas cifras record en el 2006 de más de seis billones de dólares. Las agencias reguladoras de la Isla fracasan al brindar permisos, construir y satisfacer los favores políticos para luego venir a pensar en la planificación y los impactos acumulativos de un proyecto que pretende llevar gas natural de la planta eco eléctrica, en Peñuelas, hasta la Central de Ciclos Combinados de Aguirre, en la Central Aguirre de Salinas en una tubería de 20 pulgadas de diámetro. El Gasoducto del Sur, también conocido como el tubo de la muerte, tiene un costo estimado de sobre $400 millones y la AEE estima un ahorro de $60 a $100 millones por año pues se negociaría el contrato de suministro.
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