Los candidatos presidenciales ante la crisis
Ernesto Chévere Hernández
Colaboración para BREL
Oh, ¿ y ahora, quién podrá ayudarnos? ¡Yo! grita Obama. ¡No contaban con mi astucia! grita McCain. De esta manera los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos juegan su insufrible juego hacia la Casa Blanca y continúan gastando millones de dólares en sus respectivas campañas, dinero que muy bien podrían ser utilizados para salvaguardar los intereses y necesidades de la clase trabajadora, que compone la gran mayoría de la sociedad estadounidense.
La preocupación crece entre los ciudadanos. En la última encuesta hecha por el New York Times, se presenta como el 48% de los estadounidenses ve la economía como prioridad a la hora de votar, contra el 14% que aún ve el terrorismo como la principal prioridad. Su preocupación es genuina y se refleja en el consumo. Los consumidores en los Estados Unidos son el principal motor económico del país, pero con cerca de 605,000 empleos perdidos en los primeros ocho meses del año y una inflación que se sitúa en el 5.4%, el derroche al que estás acostumbrados los ciudadanos en los Estados Unidos parece estar llegando a su fin. Al encontrarse la población en situaciones económicas desfavorables, estos sencillamente dejan de gastar. Tomando en consideración que el gasto de los consumidores compone el 70% de la demanda estadounidense, resulta evidente que la crisis pasa de ser una meramente inmobiliaria y financiera.
La intervención gubernamental parece ser inevitable. Para intentar subsanar la crisis, el presidente Bush propuso un plan de rescate donde se plantea inyectar 700,000 millones de dólares en el mercado financiero para evitar su colapso. Que esto logre sacar a flote la economía estadounidense está por verse. Mientras tanto, los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos y sus sendas posiciones al respecto son observados con detenimiento.
Por un lado aparece un McCain que ya no se sabe en lo que cree. Para este, adaptarse a esta nueva situación ha supuesto un cambio radical en su discurso y lo ha llevado a aceptar que el país, en efecto, afronta una grave crisis, algo que había estado negando hasta ahora. Como primer atisbo de solución, McCain ha propuesto que ningún salario dentro de empresas auxiliadas sobrepase el de la persona mejor pagada en el gobierno federal, o sea, el presidente.
Por su parte, Obama plantea que la intervención gubernamental debe incluir planes para recuperar el dinero invertido por el gobierno y así proteger a las grandes instituciones y a las familias trabajadoras. " Este plan no debe ser solo para Wall Street" señaló Obama, "debe ser un plan para Main Street. Tenemos que ir juntos, como demócratas y republicanos, para aprobar un plan de estímulo que ponga dinero en las manos de las familias trabajadoras, salve trabajos y prevenga cortes en el presupuesto y
escaladas de impuestos en nuestros Estados".
Aunque ambos presentan propuestas que parcialmente puedan parecer atractivas para algunos sectores, ninguno ataca la raíz del problema, el matiz capitalista y neoliberal de su gobierno. Para atajar la crisis del 1929, se tomaron elementos del socialismo para subsanar la crisis capitalista y funcionó. Ahora, las nuevas propuestas y la intervención estatal es llamada por algunos senadores republicanos como "socialismo de estado". Todavía queda por ver las posiciones que asumirán los candidatos presidenciales, pero no es de extrañarse que no se alejen mucho del actual sistema, con solo algunas modificaciones que no trastoquen los grandes intereses de los sectores que (in)directamente controlan el gobierno.
Anteriores crisis económicas se han atacado con la aplicación de aspectos del socialismo y se ha sacado a flote la economía. Ahora la historia se repite. ¿Qué nos sugiere esto? Quizás los candidatos presidenciales deberían pensar más en la población que compone su nación y traer un cambio verdadero más que andar poniendo parchos a su caducado sistema. Así, se van dejando atrás los viejos modelos económicos inservibles que están causando estragos en prácticamente todos los sectores de la sociedad estadounidense al igual que en la sociedad internacional, ya que la crisis económica que se despliega en la sociedad internacional está fuertemente ligada al declive económico de los EEUU.
Es en este momento cunado se cristalizan los verdaderos intereses de los dirigentes estadounidenses. El mundo los esta mirando. Ahora queda en manos de los ciudadanos exigir de sus líderes que se gobierne a favor de la igualdad y la justicia social y no en defensa de los grandes intereses económicos que han demostrado ser inservibles y contraproducentes para la sociedad en general.
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