El G-20 y el nuevo orden económico-monetario
Ernesto Chévere Hernández
Colaboración para BREL
La batalla campal del nuevo orden monetario y económico internacional no ha hecho más que comenzar. En el tablón de juego se encuentran los países ricos, entre los cuales están los causantes de la estrepitosa crisis que afrontamos. Las fichas, los pobres del mundo. Que comience el partido.
El pasado 15 de noviembre se reunieron en Washington los países que componen el G-20 y otros invitados (entre los cuales figura España) para tomar medidas preventivas en conjunto ante la crisis económica mundial. "Nuestro trabajo estará guiado por la creencia compartida en los principios de Mercado, el libre comercio y los sistemas de inversión, y en mercados financieros regulados eficazmente para promover el dinamismo, la innovación y la iniciativa empresarial que son esenciales para el crecimiento económico, el empleo y la reducción de la pobreza", dice la declaración final. Las medidas más apremiantes y destacadas en el plan de acción deberán ponerse en marcha antes del 31 de marzo de 2009 según lo estipulan las conclusiones de dicho acuerdo.
Entre los acuerdos figura dar vía libre a una nueva ola de incentivos públicos para reanimar la economía. Según los acuerdos, el dinero es global, mientras que la política es local, por tanto, existe la necesidad de coordinar reacciones nacionales ante una crisis que no respeta fronteras. Esta serie de incentivos públicos, mecanismos de protección o intervencionismo estatal, chocan con las políticas neoliberales que predominan en el panorama mundial, especialmente por los mismos miembros del G-20. La política neoliberal del laissez faire ha sido la principal causante de la crisis desde un punto de vista absoluto y además ha sido responsable de que la riqueza mundial quede en manos de unos pocos. Habrá que ver si en efecto estos acuerdos son el inicio de un cambio verdadero o si por el contrario son mecanismos proteccionistas que continuarán castigando en las aduanas desarrolladas a los países menos desarrollados, mientras que se permite la inserción más efectiva de los países ricos en aduanas de los países históricamente desfavorecidos. La caducidad de la congelada Ronda de Doha - negociación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para continuar liberalizando el comercio mundial - es apremiante y estas reformas pueden ser su verdugo.
Por otra parte la Cumbre de Washington dio un primer paso en pos de una reforma del sistema financiero mundial, en particular del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco Mundial (BM). Pero, ¿cómo reformar un sistema que desde sus huesos es fatídico? Es que al parecer contamos con memoria de poco calado.
Veamos:
En 1944 se dio una conferencia que cambiaría el orden mundial, la conferencia de Bretton Woods. A pesar de que la Segunda Guerra Mundial aún no terminaba, los dirigentes mundiales más emblemáticos se reunieron para ver de que manera se podía reestablecer de manera eficiente y positiva el orden mundial y continuar así el proceso de integración globalizadora.
A diferencia de Europa, Estados Unidos salió fortalecido de la guerra. Al estar ubicado geográficamente distante del terreno de conflicto, EEUU estuvo exento de daños directos al contrario de los países europeos. Además, su agricultura y sus industrias se beneficiaron de la alta demanda mundial (en especial europea) en tiempos de guerra. De esta manera, EEUU salió de la guerra con un gran éxito económico, contando con cerca del 80% de las reservas mundiales de oro.
En 1944, se llevó a cabo una reunión en Bretton Woods, New Hampshire, donde los delegados británicos y estadounidenses desempeñaron los papeles principales. En esta se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras de posguerra. En las reuniones previas a Bretton Woods se presentaron dos propuestas elaboradas por EEUU y Reino Unido, pero prevaleció la de los EEUU.
La propuesta británica fue traída por el economista John Maynard Keynes y establecía la creación de un órgano internacional llamado el International Clearing Union, el cual podría emitir una moneda (el Bancor) que estuviera apoyada por las divisas internacionalmente más fuertes. El Bancor tendría la posibilidad de ser canjeable por las monedas locales a un tipo de cambio fijo. El propósito principal era que los países con excedentes financiaran a los deficitarios, intentando mantener una balanza comercial equilibrada.
Sin embargo, EEUU, que poseía la mayor cantidad de reservas de oro del mundo y que contaba con grandes excedentes, no quería verse obligado a gastar su superávit en países deudores, por lo que presionó para que la propuesta británica fuese rechazada. El resultado de la reunión fue la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el grupo del Banco Mundial (BM). El FMI estaría encargado de estabilizar la balanza de pagos de aquellos estados que así lo necesiten a través de préstamos de bajos intereses. El BM por su parte estaría encargado de la reducción de la pobreza a través de préstamos encaminados a la reconstrucción, la infraestructura y otros importantes aspectos del desarrollo. Como la mayor parte del capital con el que trabajan ambas organizaciones es proveniente de EEUU y Europa, son estos quienes lo han presidido desde sus inicios.
El sistema Bretton Woods tenía como propósito crear un nuevo orden económico internacional, dando cierta estabilidad a las transacciones comerciales internacionales. Las organizaciones de Bretton Woods podían solventar crisis momentáneas, pero no eran del todo efectivas para acelerar los flujos comerciales ni para fomentar el comercio multilateral. Para este propósito específico, había que buscar la manera de que las transacciones internacionales pudieran facilitarse. Fue entonces cuando se readoptó el patrón oro-divisas utilizado durante el periodo de la pasada aceleración. De esta manera, el precio oro sería de treinta y cinco dólares por onza, y EEUU debía mantener este precio siempre estable, sin restricciones ni limitaciones. El dólar se convirtió en la divisa internacional.
Fue entonces cuando comenzó el nuevo orden mundial, descartando la utilización de excedentes de los países ricos en los países pobres y favoreciendo los intereses económicos estadounidenses. Queda meridianamente claro que el FMI y el BM son instrumentos de los países ricos que crean grandes deudas en países menos desarrollados, imponiéndoles además estilos de gobernanza como requisito para la otorgación de sus préstamos. Ahora se pretende hacer del FMI un órgano de vigilancia de la estabilidad financiera mundial. Teniendo muy en cuenta el hecho histórico antes presentado, se hace imperativa la necesidad de un cambio del sistema económico-monetario y financiero a escala mundial, y parece evidente que el FMI, guiado por los intereses de los países ricos, no es la manera adecuada para hacerlo.
Ahora más que nunca se cristaliza la necesidad de la puesta en escena de los países emergentes y de las economías más pequeñas en conjunto (no solo los ricos), que se les tome en consideración de manera implacable para acabar de una vez con las asimetrías que tanto aquejan a nuestra humanidad y que contribuyen a la crisis económica mundial, erradicando de esta manera los errores cometidos en el pasado.
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