¡Que se sacrifiquen todos menos yo!

Mar, 2009-06-02 20:00
Josua O. Aponte Serrano
Unión de Juventudes Socialistas (UJS-MST)

Me resulta verdaderamente interesante lo moldeable que puede ser la palabra paz. Creo que se ha puesto nuevamente de moda, como lo era en los 60. Quizás soplan las mismas brisas de protesta y lucha de esa época, sólo que con un aroma diferente. En aquellos tiempos olían las flores con que hippies respondían a Vietnam y se veían caer las cadenas que sujetaban en el oprobio a las personas negras. Ahora es diferente, ahora es aroma de diversidad, de liberación sexual. Esta vez se tiran a la calle tantas personas y tan diversas como los colores del arcoíris. Tod@s reclamando los derechos de tod@s. Espera!... no, no de tod@s.

Han surgido recientemente algunas disensiones en el activismo queer, como prefiero nombrarlo, en torno al Proyecto de la Cámara 1725. Este proyecto, presentado tanto por representantes del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático, pretender prohibir la discriminación por orientación sexual. Es un paso significativo, comparable con la lucha de las mujeres para prohibir la discriminación por razón de ser mujer. Sin embargo, el proyecto parece incompleto. Tal como está, dejaría sin protección a much@s compañer@s transexuales y transgéneros. Voces comenzaron a reclamar que se añadiera la identidad género en el proyecto de ley para así proteger a l@s compañer@s trans. Desgraciadamente, también sonaron algunas voces a favor de la exclusión.

Aunque parece ser una pequeña divergencia, personalmente creo que es el síntoma de una enfermedad mayor. No quiero hiperbolizar la situación, no estoy "estirando el chicle" más de lo que se puede estirar. Personalmente percibo que detrás de toda esta situación se oponen dos visiones completamente diferentes de cómo debe ser esta lucha. Una de estas visiones reclama que las luchas se ganan en la calle, luchándolas tod@s junt@s. Otra se esconde en los espacios institucionales, jugando el jueguito de l@s que ostentan el poder. Han sido est@s burócratas, l@s que por un lado hablan de "derechos inherentes a cada ser humano" pero por otro ceden ante la exclusión y la traición a sus compañer@s de lucha.

Estos monigotes del Partido Nuevo Progresista, y del Partido Popular Democrático, han servido de voceros de legisladores. Demasiado cobardes, tanto como para incluir la identidad de género en el proyecto como para decir pública y directamente que no la incluirán, se han valido de cualquier método para salir de ese aprieto. Por eso algún@s compañer@s, demasiado interesados por los puestos políticos de sus legisladores de predilección, se han prestado para desalentar la igualdad. Los argumentos son muchos. Van desde los más flamantes hasta los más graciosos, argumentando ora estrategia ora confianza en jueces liberales. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. La utilización de palabras rebuscadas, y exhibir un gracioso y elegante léxico, no podrá disfrazar la exclusión.

A la luz de la situación, la palabra paz, que aparece de momento, lo hace como descontextualizada. ¿De qué paz estamos hablando? Se refieren l@s compañer@s "pacifistas" a la paz institucional, la paz que se impone para mantener el status quo. Es la paz de los que gobiernan, a quienes les interesa afianzarse en el poder. Y algunas personas se han prestado para estos propósitos. Paseándose por los pasillos del Capitolio y de la Fortaleza, escribiendo detrás de escritorios lujosos y ordenadores costosos, han cambiado, o quizás nunca han experimentado, el exigente trabajo político en la calle por la comodidad del cabildeo en oficinas aclimatadas. Llegaron de paracaídas, cómodamente acomodados por el valor de un apellido y una buena posición. Y desde allí se autoproclaman l@s nuev@s líderes del movimiento queer, desconociendo, por completo, que el liderazgo no se compra, sino que se gana. Hace falta mucho más que una cara bonita, un buen apellido y dinero para ganarse la confianza y el respeto de la gente. Portar una bandera de franjas multicolor no te consagra líder de nada.

Interesantemente est@s compañer@s reconocen que no incluir la identidad de género en el proyecto de ley es moralmente incorrecto y constituye un gran sacrificio para el activismo queer. La diferencia estriba en que ell@s están dispuestos a hacer ese sacrificio. Nosotr@s no. La condición esencial que l@s impulsa a aceptar esta contrariedad no es, como argumentan con gran habilidad retórica, el avance progresivo de los derechos humanos, sino que ell@s no serán precisamente l@s excluíd@s. ¡Qué fácil puede resultar el exigir sacrificios cuando no es un@ quien se debe sacrificar!

Resulta contradictorio exigir unidad, hacer llamados a la unidad, cuando se promueve la exclusión y la diferencia. Esa es la unidad característica de la pequeña burguesía, la unidad estratégica que carece de principios, pegada con saliva. Por esta razón estas pequeñas diferencias trascienden los desacuerdos estratégicos, es una diferencia de clases y de sus respectivas visiones políticas. De la misma forma en que es absurdo hablar de libertad si no es en un contexto de igualdad, no se puede hablar de paz si no es en un contexto de inclusión. O tod@s estamos incluid@s, o no habrá paz.

Nota: El autor es miembro del Caucus de la Mujer del Movimiento Socialista de Trabajadores (MST)