Censura literaria y totalitarismo gubernamental

Sáb, 2009-10-03 15:47
Josua O. Aponte Serrano
UJS-Mayaguez

El pasado 10 de septiembre, el Departamento de Educación de Puerto Rico (DE) censuró importantes obras literarias que formaban parte del currículo escolar, argumentando que tiene el compromiso de velar por la formación integral de los niños y jóvenes del país a través “de modelos de moral y ética”.

Bajo el pretexto de que los textos contenían lenguaje extremadamente burdo y soez, su lectura fue terminantemente prohibida en los salones de clases. Los textos censurados son: Antología Personal de José Luis González, El entierro de Cortijo de Edgardo Rodríguez Juliá, Mejor te lo cuento: Antología Personal de Juan Antonio Ramos, Reunión de Espejos de José Luis Vega y Aura de Carlos Fuentes. El Departamento de (Des)Educación asumió un rol reaccionario, respaldado por la moral conservadora a la que responde el Gobierno. El DE ha rechazado su responsabilidad más importante: cultivar el pensamiento crítico para crear entes capaces de transformar la sociedad. La intervención de la Iglesia en los asuntos del Estado es un hecho cada vez más evidente. La creación de la Oficina de Enlace con Organizaciones de Base comunitaria y de Fe, dirigida por el Pastor Aníbal Heredia, y la imposición de los cinco minutos de reflexión en las escuelas demuestra que la agenda del gobierno responde a los intereses particulares de los grupos conservadores y religiosos del país que pretenden devolvernos a la época de la Inquisición. El gobierno prefiere lanzar a la hoguera todo aquello que parezca subversivo, que tenga contenido sexual y que apele al pensamiento crítico. De esta forma intentan suprimir todo referente a la sexualidad e imponer la norma de la relación monógama heterosexual fundamentada en el patriarcado. El sexo es, para el fundamentalismo religioso, un acto subversivo en cuanto subvierte el orden y la represión al que ha sido sometido y el mutismo al que ha sido condenado. La política sexual del DE parece ser: “si no lo podemos contener, mejor que no se hable de él”.

La censura fue especialmente minuciosa con la literatura en tanto que esta retrata la realidad social de los pueblos. Al acusar a la Literatura de soez y burda se olvida, y se pretende invisibilizar, aquello que realmente representa una transgresión a la dignidad y a los derechos de la mayoría de las personas en nuestra sociedad que viven sometidas a condiciones ignominiosas. En la sociedad capitalista en la que vivimos, nada puede escapar de la publicidad que impone el consumo desmedido como estilo ideal de vida. Todo se promociona porque todo puede ser consumido. Las mujeres, los homosexuales, las lesbianas, entre otros y otras han visto su integridad lacerada, se han convertido en meros objetos del mercado. El cuerpo de la mujer es la mejor promoción, especialmente si se acompaña de cervezas, carros deportivos y todo tipo de productos. Los homosexuales y lesbianas han sido caracterizados al ridículo a través de la publicidad que asume modelos estereotípicos de identidades de género. Denunciamos como soez a la propaganda capitalista que denigra a la mujer y estereotipa toda sexualidad que no cumple con las normas de lo “moralmente aceptado”.

Denunciamos como contrario a los valores éticos la entrada de militares a nuestras escuelas e instituciones educativas. Burdo es pretender invisibilizar a la mujer y la opresión a la que es sometida en la sociedad machista eliminando la perspectiva de género del currículo escolar. Más burda aún es la censura. ¡No a la censura literaria!