A combatir el fascismo

| Publicado el 30 enero 2026

Una perspectiva revolucionaria requiere cautela para no someter nuestros análisis al pesimismo que las noticias espantosas promueven. A nivel mundial, importantes focos de tensión provocados por el imperialismo amenazan con desembocar en una guerra mundial. Ucrania, Palestina, el Congo y Venezuela, entre otros, son escenarios de la sed expansionista de los imperios capitalistas.

En Estados Unidos, el proyecto político de Trump convirtió a ICE en su brazo armado con características de policía política. Se disfraza el conflicto de clase con una persecución racista contra latinos, musulmanes y negros, que escala hacia la comunidad LGBTQ+ y toda disidencia a la izquierda del fascismo de MAGA.

A Puerto Rico llega esta ola represiva con énfasis en las comunidades dominicanas y en el desmantelamiento de servicios públicos para mujeres, niñez, ambiente y programas contra la pobreza. Los políticos locales se arrodillan ante la agenda trumpista y adelantan legislaciones fascistas.

El capitalismo, sobre todo en la colonia, es por definición antidemocrático. Su rol es garantizar el control de una minoría sobre la mayoría. El estado mantiene las reglas para que los empresarios se enriquezcan con el cuento de que sus ganancias nos benefician. Esto, junto a elecciones tradicionales, es la fachada de una democracia que se desmorona ante la crisis económica y la pérdida de poder imperial. Vemos su caída en: la falta de credibilidad electoral; la justicia en función de cuánto le puedes donar al presidente; la ausencia de poder del gobierno ante una Junta de Control Fiscal; el uso de ICE y la Guardia Nacional contra la disidencia; la intensificación de la presencia militar, entre tantos otros síntomas.

Cuando el capitalismo entra en crisis, el poder se refugia en la ideología de mano dura: el fascismo, la cara fea del mismo sistema. Comienzan guerras internacionales por mercados y materias primas. A nivel interno se “recortan” derechos y se traza una línea: o estás con el gobierno o eres enemigo. Ya estamos en ese punto que la humanidad juró no repetir. Las lecciones de la Segunda Guerra Mundial están ahí.

Un grave error es defender la democracia de antaño. Creer que los fascistas de MAGA o el PNP se conmoverán con reclamos constitucionales o de derechos humanos es no entender que solo creen en la fuerza del mollero. Además, ¿cómo convencer a la gente de luchar por una democracia que en realidad nunca nos dio mucho que venerar?

Al fascismo debemos confrontarlo en la calle con militancia y radicalizar nuestros reclamos por un mundo solidario y verdaderamente democrático. Es tiempo de plantear derechos universales para la clase obrera, el fin de las fronteras políticas como aspiración real, la socialización de la salud, un programa de viviendas accesibles, el rescate a manos públicas del sistema eléctrico cancelando las privatizaciones, y una reforma contributiva contundente contra el capital extranjero y local para que la riqueza producida se quede aquí. Estas son algunas ideas que debemos lanzar al ruedo público.

Plantear a estas alturas reformar el ELA, la anexión o una independencia capitalista es vivir de espalda a la historia. El imperialismo se pondrá más sanguinario, pero solo si los pueblos se someten prevalece. Por ello, hoy más que nunca debemos luchar por el socialismo desde una perspectiva internacionalista y clasista.

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