Cómplice la policía de la violencia de género

| Publicado el 1 abril 2010

2010-04-01 20:00
Ángel Quiles-Vega
Comité Central MST
Justamente cuando naliza el mes de marzo, el cual ha sido dedicado en reconocimiento a la mujer trabajadora,un alto ocial policíaco de Arecibo la emprende a balazos contra su esposa y luego se suicida.Verónica Martínez Vélez, de 35 años, recibió siete impactos de bala, presuntamente, del arma de reglamento de su entonces esposo y capitán de la Policía José I. Gómez González. Al momento, Verónica se mantiene con vida, pero en estado grave en Centro Médico. Los hechos que reseña la prensa merecen análisis y reexión sobre lo que podría pasar como un incidente más en la cadena de eventos violentos en este país.
Datos del agresor suicida y sus implicaciones. 
Llama la atención que el agente, además de su alto rango, trabajaba en la División de Seguridad y Protección de Arecibo. Esta evidente contradicción tiene varios aspectos relevantes. La agencia que está obligada a implementar la Ley 54 para proteger a víctimas de la llamada violencia doméstica es, precisamente, la Policía. El Capitán de esta División es el que usa su arma de reglamento para el crimen.¿Qué puede esperarse de sus subalternos cuando es precisamente su jefe el protagonista de un crimen que se supone combatiera? Dentro de este contexto no debemos pasar por alto que éste se suma a la lista de policías agresores contra sus compañeras, muchas de ellas asesinadas.
Cobertura de la prensa
La poca profundidad noticiosa es elocuente en este caso. El limitarse sólo a los hechos generales y a las declaraciones sin el cuestionar de los periodistas envueltos asombra. Un crimen tan repudiable como éste no debe ser tratado como un incidente más de las estadísticas violentas de Puerto Rico. Se trata de que aquí está envuelto el aparato represivo armado protagonizando por medio de uno de sus altos ociales, un crimen violento. Que se le describa como un “excelente compañero que se privó de la vida” y a la víctima como solo una mujer herida hospitalizada, es ser cómplice de una escalada repudiable que hay que parar.
La Policía; institución violenta que encubre agresores y menosprecia sus víctimas
Las declaraciones citadas de su jefe inmediato, el Comandante Juan Sergio Rubín y del Capitán Trinidad, no pueden ser más increíbles; no hay expediente alguno que indique querellas previas. El comportamiento del agresor en el cuerpo policíaco no denotaba que tuviera ningún tipo de problema. Su jefe no sabía nada. Ni siquiera advirtió que la separación de la pareja podía ser motivo para lo que pasó. Incapacidad administrativa o el cabro velando las lechugas. ¿Quiénes velan a los que velan? Es difícil creer que esta violenta reacción no tuviera episodios previos que fueran advertidos a la Policía y por tanto a su propio jefe.O por otro lado, cabe preguntarse si este comportamiento agresivo es visto por la ocialidad policíaca como algo normal; que no tiene por qué gurar en los libros de novedades y mucho menos en los expedientes. Que consideren completamente normal que un ocial tenga ese poder también en su casa y que tenga el aval de esa agencia por-que lo considera usual que con pistola en mano le cuestione , increpe y asesine a su compañera por puras “desavenencias”. Eso, para el Comandante Rubín y por ende para la Policía y el estado está justicado por sus declaraciones.¿Qué se puede esperar de la institución policíaca cuyos ociales y miembros no respetan sus propios estatutos que dicen representar como lo es en este caso? ¿Qué clase de seguridad y protección pueden esperar las trabaja-doras, desempleados, y quienes a diario nos manifestamos contra un sistema que nos arrincona cada vez más hacia la pobreza? ¿No será que este episodio de violencia sea sino la materialización dela violencia del gobierno? Pues, ¿no es acaso también violencia dejar a madres jefas de familia sin empleo por la Ley 7, el cierre de fábricas y despidos para llenar un piquete de policías cuando se protesta? ¿No es acaso alimentar ese odio institucional de no tolerar la discrepancia la raíz de crímenes como este?La complicidad del gobierno se deja ver tras este asesinato y no dudamos que de otros que vengan.
Lo paradójico del asunto sería que en la puerta del cuartel donde laboró el victimario sea puesta una cinta negra en señal de luto, por el policía suicida. Una solidaridad cómplice de sus compañeros, la Policía y el gobierno. Mientras, la víctima hospitalizada sigue ignorada y quizás muera como una cifra más. El gobierno y la llamada Procuraduría de la Mujer mantendrán su silencio cómplice o expresarán su discurso de pies arrastra-dos. A n de cuentas, para ellos son el producto de puras “desavenencias”.