Se contradice el alcalde de Cataño

| Publicado el 26 marzo 2026

He escuchado al alcalde de Cataño decir consistentemente que es un fiel
creyente de la democracia. Esa consistencia me parece muy bien. Sin embargo,
considero que el notorio alcalde exhibe un notable desfase entre sus convicciones
democráticas voceadas y lo que hace o dice.
Los componentes de la democracia no se limitan al ejercicio eleccionario en el
que los ciudadanos eligen los funcionarios que les representan y delegan en ellos
los asuntos públicos. Democracia no es que un grupo barre a otro y que a los
barrenderos se les otorga un permiso de corso. La democracia es mucho más que
esa estrecha y llana concepción. En la democracia, se rinden cuentas al pueblo. A
todos, incluso a los barridos. En la democracia, se escucha a los gobernados, a
quienes afectan las determinaciones del poder. En la democracia, se consulta, se
buscan consensos; no se impone. En una democracia amplia, los gobernantes con
profunda conciencia de justicia y equidad crean mecanismos para que el progreso y
la riqueza impacten a todos y no solo a los que más tienen. En la democracia que el
alcalde defiende con pasión, se deben crear empleos dignos con salarios justos;
facilitar vivienda digna y asequible para los menos afortunados; y garantizar
servicios de salud y educación de calidad. En una democracia en la que se gobierne
con honradez y alto sentido de humanidad, no se despoja a los que menos tienen
para enriquecer a unos pocos amigos del alma. En la democracia, se respeta la
opinión divergente y se fomenta el libre flujo de ideas sin criminalizarlas. En la
democracia, se respetan los debidos procesos legislativos y laborales; las reglas y
las normas no deben ser letra muerta. En la democracia, se debate, se discute, se
analiza, se evalúa y se revisan los proyectos antes de rechazarlos o aprobarlos; no
se imponen mediante sellos de goma acríticos.
Llenarse la boca con la palabra democracia y sugerir el exilio para quienes
expresan una opinión que no armoniza con la narrativa del barrendero, me parece,
si no hipocresía, una absoluta contradicción. Gobernar con prepotencia, altanería,
manipulación, imposiciones, tergiversaciones, engaños, mentiras, desinformación,
y renuencia pertinaz a rendir cuentas con transparencia lo ubica lejos de la
democracia que dice profesar y cerca de los países “dictatoriales” que critica; y
que parecen ser los únicos en su geografía.
En la democracia, no hay vasallos; en Cataño, tampoco.

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