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Publicado en 20 de marzo de 2018 | por BREL1

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Antonio Gramsci: breve introducción

Vida, obra y contribuciones al marxismo crítico

Rakim Calderón Bernal
Bandera Roja

Antonio Gramsci nace un 22 de enero en 1891 en la isla de Cerdeña, sur de Italia. Hace sus estudios primarios y secundarios en su tierra natal pero se moverá a Turín para estudiar filosofía y lingüística en la Facultad de Letras debido a que logra ganar una beca para estudiantes pobres del antiguo reino de Cerdeña.
En la Universidad recibirá la influencia de los filósofos neohegelianos Benedetto Croce y Giovanni Gentile de quienes conservara la crítica al positivismo, el evolucionismo vulgar y el cientifismo empirista. Si bien la cruzada de Croce y Gentile contra el positivismo era también una lucha contra la amenaza del socialismo, la modernidad y la democracia liberal. En Gramsci esta influencia sirvió para distanciarse del socialismo y el marxismo oficial de la Segunda Internacional. Será en torno al año 1911 cuando se incorpora al Partido Socialista Italiano (fundado en 1892) por mediación de su hermano Genaro Gramsci.
Desde su conversión al socialismo, aunque con fuertes tonos idealistas y voluntaristas, su formación temprana lleva a Gramsci a chocar con el socialismo y el marxismo oficial de la Segunda Internacional (1889-1914). La línea oficial de la Segunda Internacional se caracterizaba por mantener una interpretación economicista y evolucionista del marxismo quedando bajo la influencia del Partido Socialista Alemán y las teorías de Karl Kautsky (1854-1938) y Eduardo Bernstein (1850-1932).
Para que tengamos una breve idea del marxismo de Kautsky podemos decir que este estaba más influenciado por Darwin que por Marx. El mismo se basaba en la creencia de que el socialismo era objetivamente inevitable. Para él y sus seguidores el socialismo solo podría provenir de la madurez económica del capitalismo y de la resultante polarización de las clases. Era como si el capitalismo evolucionara inevitablemente al socialismo con total independencia de la voluntad humana.
Eso en términos ideológicos y prácticos implicaba que los partidos obrero-socialistas tenían que luchar por reformas económicas y políticas, por lograr escaños en el parlamento y/o la mayoría parlamentaria (que era la concepción socialdemócrata de la toma del poder). En términos de acción política comenzó a suponer la aceptación del status quo del orden burgués y sentarse a esperar por la supuesta llegada inevitable del socialismo.
En cuanto a Bernstein, nos encontramos con el padre del revisionismo. Aunque posteriormente se convirtió en una etiqueta arbitraria a principios del siglo XX el término se usaba para denotar a aquellos que, aun partiendo de premisas marxistas, llegaron gradualmente a poner en cuestión diversos elementos del marxismo de la época. Especialmente las relacionadas al desarrollo capitalista y las ideas de la inevitabilidad de la revolución socialista. Los revisionistas eran personas que deseaban complementar el marxismo con alguna otra filosofía o modificar algunos de sus rasgos esenciales.

El revisionismo de Bernstein fue una expresión honesta de que el pensamiento teórico socialdemócrata era contrario a la práctica cotidiana de los partidos y sindicatos burocratizados. Este específicamente combatió la teoría socialdemócrata del colapso inevitable del capitalismo, critico la teoría marxista del valor y condeno la influencia hegeliana en el pensamiento de Marx. Así Bernstein en pleno apogeo de la fase imperialista del capitalismo afirmó que las predicciones de Marx acerca de la concentración de capital eran erróneas, como también la teoría de la polarización de las clases y condenó la idea de un cambio revolucionario. El socialismo bernsteiniano era entendido como un proceso gradual de socialización con la sola ayuda de las instituciones democrático-burguesas y la fuerza del proletariado organizado.

Este es, pues, el ambiente intelectual con el que Gramsci se tuvo que enfrentar. El Partido Socialista Italiano en el que milita a partir de 1911 estaba bajo la influencia intelectual de la Segunda Internacional y/o de la oposición interna a este programa por parte de los maximalistas, es decir, aquellos socialdemócratas que querían imponer el programa máximo de un sólo golpe. Gramsci, por su parte, entendía que la postura maximalista de la toma del poder por completo en un brote explosivo de revolución social, terminaba siendo en la práctica tan pasiva como la línea evolucionista dominante en el partido. En la práctica el maximalismo implicaba el quietismo mientras la socialdemocracia tradicional impulsaba el reformismo contrarrestando cualquier acción revolucionaria.
Las concepciones del marxismo temprano de Gramsci no están exentas de problemas. Entre los principales estaban su fuerte voluntarismo el cual se ve ejemplificado en su famoso artículo publicado en 1917 La revolución contra Él Capital. En este texto que puede entenderse como una crítica al marxismo supuestamente oficial en la época en que la revolución de los consejos obreros y campesinos era considerada una herejía por buena parte de los lideres socialdemócratas. Gramsci expresa una subvaloración de los elementos económicos y estructurales cuando dice que “La revolución de los bolcheviques se compone más de ideologías que de hechos.”
Ahora, no será un mejor estudio de los clásicos lo que va a llevar a Gramsci a superar sus posiciones todavía inmaduras sobre el marxismo. Sino la propia práctica política concreta en el interior del movimiento consejista italiano durante el bienio rojo de 1919 a 1920. Esta experiencia lo conducirá de la mano hacia la rica concepción marxista de la sociedad como una totalidad orgánica. La madurez política y teórica de Gramsci será conquistada a través de su activismo político en Turín.

1. Gramsci y el bienio rojo de 1919 a 1920 

El desarrollo político de Gramsci va a estar profundamente marcado por el impacto de la revolución rusa de 1917 que estalla en medio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). La revolución socialista rusa de los consejos obreros y campesinos va a inspirar revoluciones soviéticas de corta duración en Hungría y Baviera, Alemania. Es un momento de gran agitación social en donde el movimiento obrero y los partidos socialistas comienzan a dividirse en torno a la adhesión o no a la Internacional Comunista o Tercera Internacional (1919-1943).
En Italia, contrario a lo que sucedió en países como Francia o Alemania la mayor parte de los socialistas habían sido firmes en su lucha contra la Gran Guerra imperialista. Tanto es así que el Partido Socialista Italiano vota a favor de su incorporación a la Tercera Internacional. Es decir, que estábamos ante un partido que no era esencialmente reformista sino que en su interior va a desatarse una fuerte lucha política entre los reformistas, maximalistas, ordinovistas y bordiguistas-ultra-izquierdistas que eventualmente provocara la fundación del primer Partido Comunista de Italia.
Turín será la capital industrial de Italia donde se desarrolla la industria metalúrgica y automovilística como la Fiat. Allí la concentración de una clase obrera numerosa dotada de fuertes organizaciones obreras como sindicatos, cooperativas y secciones del partido socialista va a estremecer a la nación italiana. Es en este lugar donde Gramsci va a coeditar la publicación revolucionaria L’ Ordine Nuovo o Nuevo Orden. Este periódico adoptara el papel de órgano de las movilizaciones obreras y de los Consejos de fábrica entre 1919 y 1920.
En un principio el periódico al estar dirigido por un militante reformista conocido como Tasca era un intento de promoción de cultura proletaria abstracta sin vinculación a algún movimiento social. Este aislamiento podrá ser superado cuando Gramsci (junto a otros militantes como Togliatti y Terracini) luchen por la dirección del proyecto ordinovista y comiencen a publicar sobre los temas que más apasionaban al movimiento obrero turinés.
En ese momento lo que interesaba al movimiento obrero italiano era el problema de los soviets o consejos obreros y campesinos. La clase obrera italiana (al igual que el grupo ordinovista) se preguntaban si había en Italia una institución parecida a los soviets o si esto se trataba de una institución exclusivamente rusa. Gramsci y sus compañeros habían encontrado en las Comisiones Internas el antecedente directo a los Consejos de fábrica. Es así como en septiembre de 1919, a partir de las comisiones internas (organismo reconocido por patronos y sindicatos con la perspectiva de mayor integración de los trabajadores a la empresa), nace el primer Consejo Obrero italiano en la fábrica Fiat de Turín, producto de una huelga general. Inspirados en los soviets rusos, los Consejos de fábrica italianos, hacían mayor énfasis en la dirección de la vida económica por parte de la clase trabajadora.
Para Gramsci los soviets o sistema de consejos era la forma de autogobierno de las masas obreras y la célula de un sistema representativo para una nueva forma de Estado. Es decir, aquí Gramsci visualiza a los Consejos de fábrica como la base de un Estado Obrero o de la dictadura del proletariado. El consejo a diferencia del partido o el sindicato nace con el propósito de sustituir la dirección capitalista de las fábricas por la dirección proletaria y socialista de las mismas. Los consejos de fábricas son así la realización de los ideales de la Comuna de París de 1871 a principios del siglo XX.
Ahora, si bien Gramsci concibe a los consejos obreros como una nueva institución revolucionaria del proletariado base para un nuevo estado obrero. No desprecia la necesidad del partido revolucionario, de los sindicatos y de la dictadura del proletariado como harían los anarquistas. Así tampoco confunde a los consejos obreros y campesinos con los sindicatos como hacen anarcosindicalistas y/o sindicalistas revolucionarios de inspiración soreliana. Para Gramsci la relación del partido y los sindicatos con los consejos es la de ser agentes conscientes encargados de organizar las condiciones para facilitar el desarrollo de dichas instituciones autónomas de la clase obrera.
Al mismo tiempo que hace la crítica al anarcosindicalismo y al sindicalismo revolucionario critica la parlamentarización de la política por parte del Partido Socialista Italiano, absorbido por sus direcciones sindicales, cooperativas y sus gobiernos municipales. Que al no potenciar la construcción de autonomía de la clase obrera, lo hacía incapaz de oponerse al orden capitalista y enfrentar así la reacción fascista. Gramsci piensa más bien en una armónica articulación entre partido, sindicatos y autonomía obrera manteniendo la dialéctica legalidad e ilegalidad, orden existente y nuevo orden.
Esta experiencia libera a Gramsci de sus primeras concepciones voluntaristas sobre la conquista del poder político. Ya no veía al estado alternativo como algo que debía imponerse desde arriba, sino que el estado socialista ya existía potencialmente en las instituciones autónomas de la clase obrera como lo eran los consejos de fábrica.
Al final los consejos obreros entran en crisis en 1921. Su derrota coincide con el acenso del fascismo y con el reflujo de la revolución socialista europea. Por su parte Rusia, la capital de la revolución mundial, remplaza el comunismo de guerra por las Nuevas Políticas Económicas (NEP) y la Internacional Comunista impulsa las políticas del Frente Único con los partidos socialistas reformistas. Otra causa de la derrota será que el movimiento no tendrá el respaldo de las centrales sindicales ni del Partido Socialista Italiano, a nivel nacional.
Aun así la experiencia de Gramsci en el bienio rojo y el movimiento de consejo de fábricas turinés será lo que le posibilitara una mayor comprensión del marxismo además de catapultarlo a la futura dirección del Partido Comunista de Italia. El desarrollo de conceptos gramscianos claves como el de los intelectuales orgánicos, partido, hegemonía, etc., son desarrollados a partir de su experiencia y reflexiones como militante socialista vinculado al grupo ordinovista de Turín.

2. Gramsci como dirigente comunista

Luego de la derrota del movimiento consejista turinés y acenso del fascismo Gramsci va a luchar por desarrollar una tendencia comunista dentro del Partido Socialista Italiano. En aquel momento el PSI estaba dividido en tres tendencias: la derecha, compuesta por los reformistas; el centro, compuesto por maximalistas moderados bajo la dirección de Serrati; y la izquierda, compuesta por los maximalistas radicales y comunistas, bajo la dirección de Bordiga. Gramsci va aliarse con el grupo ultraizquierdista de Bordiga con el propósito de consolidar un núcleo comunista fuerte dentro del PSI. En enero de 1921 se va a celebrar el decimoséptimo congreso del PSI en Livorno. Allí la tendencia de centro va a retener la dirección del partido y decide mantenerse formalmente leal a la Internacional Comunista. Pero Serrati va a oponerse tanto a cambiarle el nombre al partido a comunista como a expulsar a la minoría reformista del partido. Al no llevar a cabo estas dos medidas (que se encontraban entre las 21 condiciones para ser admitido por la Tercera Internacional) la tendencia comunista terminara abandonando el partido. Sera esta tendencia quienes en 1921 van a fundar el Partido Comunista de Italia. Dividiéndose así la izquierda italiana en pleno apogeo del fascismo.
El Partido Comunista de Italia se funda en el momento en que comienza el avance de la violencia fascista en Italia contra las organizaciones de izquierda y los sindicatos. A pesar de ello la posición inicial del partido dominado por Bordiga era la de mantener una organización pura, fuerte, que rechazara todo tipo de alianzas estratégicas con otros sectores antifascistas y/o de izquierda. Esta posición sectaria de los bordiguistas además de chocar con la línea de los Frentes Únicos establecida por la Tercera Internacional, se encontraba a destiempo, con el poder creciente del fascismo.
La línea política de los Frentes Únicos establecida por la Tercera Internacional consistía en un llamado a la alianza política temporal entre partidos comunistas, socialdemócratas y el movimiento obrero. El cambio de estrategia de la Internacional Comunista tomaba en consideración la caída de la ola revolucionaria entre 1918 y 1920, la derrota de las repúblicas soviéticas en Hungría y Baviera, el apoyo considerable de la clase obrera europea a los partidos socialdemócratas y la rápida consolidación de la derecha.
El PCI dirigido por Bordiga rechazo la posición de la Internacional. Gramsci en un primer momento apoyo la línea sectaria de Bordiga pero luego de su viaje a Moscú se irá haciéndose más crítico del ultra-izquierdismo en el PCI. Ya para 1923 en cartas dirigidas a viejos compañeros ordinovistas expresaba su rechazo al sectarismo y su apoyo a la línea política de los Frentes Únicos. En su regreso a Italia Gramsci va a desatar la lucha por la dirección del Partido Comunista de Italia con apoyo de la Internacional y el grupo ordinovista. El 6 de abril de 1924 es elegido como representante de Venecia en el parlamento. Para mayo de ese mismo año se va a convertir en líder del Partido sacándolo de las posiciones sectarias de Bordiga.
A partir del asesinado del líder socialista reformista Matteoti por el fascismo se produce una crisis temporal de legitimidad para el gobierno de Mussolini. Gramsci vio a partir de esta crisis la posibilidad de establecer un régimen democrático-liberal dominado por los partidos reformistas y otros partidos burgueses antifascistas.
Gramsci abogaba por un tipo de asamblea constituyente como traducción local de la estrategia de los frentes únicos como solución al problema del fascismo en Italia. En este periodo Gramsci demuestra su dominio del marxismo haciendo un análisis concreto de la situación concreta italiana, además de elaborar una política específica para ese momento, en que se expresaba la necesidad de alianzas y coaliciones. Ese dominio del marxismo y de la realidad italiana queda plasmado en sus famosas Tesis de Lyon aprobadas por gran mayoría en el tercer congreso del PCI en enero de 1926.
A pesar de todo, este cambio político llega demasiado tarde porque Gramsci será encarcelado el 8 de noviembre de 1926 hasta ser liberado en 1937 días antes de morir por una hemorragia cerebral. A pesar de la derrota sufrida en este periodo por el fascismo, él comunista italiano, hará de la escritura de sus famosos Cuadernos en la cárcel su particular modo de resistencia contra la dictadura fascista legándonos la posibilidad de que su derrota sea convertida en victoria por las futuras generaciones.

3. ¿Qué son los Cuadernos de la Cárcel?

Los Cuadernos de la Cárcel, en palabras del marxista puertorriqueño Héctor Meléndez: “son notas, no son un libro científico propiamente. Eso es lo que lo hace interesante. Es una forma diferente de abordar las cuestiones. Sugiere problemas, pero el lector es el que tiene que resolverlos”… “No es que tuviera soluciones teóricas definitivas. Tiene puntos de partida que ayudan mucho.”
Es decir, los cuadernos de la cárcel son literalmente libretas llenas de anotaciones del comunista italiano. Se componen de 33 cuadernos-29 de ellos mayormente de composición original y 4 de ejercicios de traducción-. Ahora, como expresa Manuel Almeida en su libro Dirigentes y dirigidos, a pesar de la naturaleza fragmentaria de los cuadernos, el mismo tiene un hilo conductor. Para Almeida se trata de la preocupación por las relaciones entre dirigente y dirigidos en sus diversas manifestaciones. Para mí, en cambio, se trata de eso y de la posibilidad que nos trae Gramsci de reconstruir el marxismo crítico- ortodoxo en cuanto al método- en el siglo del capitalismo neoliberal y triunfo del imperialismo.
En Gramsci estamos ante un marxista del siglo XX en discontinuidad con el marxismo positivista, evolucionista y revisionista de la Segunda Internacional. Que al mismo tiempo que asimila los aportes leninistas y la experiencia de la revolución rusa de 1917. Cuenta con los elementos para superar los límites del leninismo y demoler las disparatadas concepciones de lo que será el marxismo soviético. Es decir, Gramsci pertenece a la tradición del marxismo historicista y humanista de la filosofía de la praxis que rechaza: la división del marxismo en materialismo dialectico y materialismo histórico, el etapismo estalinista y la aplicación mecánica de la teoría de los manuales a la realidad social.
Gramsci se convierte así en un eslabón necesario para la (re)construcción del marxismo crítico del siglo XXI.

4. Algunas categorías gramscianas.

• Hegemonía
Como queda expresado en el título de esta presentación Gramsci no agrega nada extraño al marxismo sino que contribuye a su desarrollo a partir de un momento histórico en una sociedad dada. Esto se expresa en sus aportes al concepto marxista de la hegemonía. Este concepto no se lo invento Gramsci sino que ya había sido trabajado por Lenin anteriormente. Para Lenin el concepto de hegemonía implicaba la asunción del proletariado como guía de las clases explotadas. Gramsci lo que hace es sacar las conclusiones de su inversión dialéctica aplicando la perspectiva original de la clase obrera, a los mecanismos de la dominación burguesa sobre la clase obrera en una sociedad capitalista estabilizada.
La hegemonía se expresa como predominio en el campo intelectual y moral, diferente del dominio en el que se encarna el momento de la coerción. Para que la burguesía sea una clase social dominante y dirigente no basta con la coerción, sino que tiene que convencer, persuadir, a las clases dominadas y dirigidas sobre la benevolencia de su dominio. Esa dirección debe tener raíces en la base, componentes materiales y espirituales: no hay hegemonía sin base estructural, la clase hegemónica debe ser una clase principal de la estructura de la sociedad, que pueda aparecer como la clase progresiva que realiza los intereses de toda la sociedad.
De primera mano ya podemos intuir la aplicación enriquecedora del concepto marxista de hegemonía a la realidad puertorriqueña. El mismo invitaría a preguntarnos sobre nuestra estructura socioeconómica, las características de la clase dominante puertorriqueña y los componentes espirituales o súperestructurales por los que justifica su dominio en conjunto con la coerción.
Basándonos en su inversión dialéctica nos invitaría a desarrollar la conciencia de sacrificar nuestros intereses inmediatos, hacernos con los reclamos de las clases y grupos subalternos y luchar por socavar la hegemonía de la clase dominante. Es importante tener la hegemonía antes de la conquista del poder y seguir luchando por la hegemonía, incluso, después de la toma del poder.
Esto es de modo muy sumario el concepto de hegemonía gramsciana que para profundizar sobre el mismo hasta llegar al dominio de poder utilizarlo como parte del análisis concreto de la realidad concreta se requerirá de la paciencia y el estudio colectivo por medio de círculos de lectura.

• Ideología

Gramsci tiene una concepción de ideología que va a terminar siendo muy contraria a la concepto de ideología de la época estalinista. Para Gramsci, la ideología es un fenómeno contradictorio, producto de la lucha social que se desenvuelve a lo largo de la historia. Y no una máscara o engaño consciente de las clases dominantes para justificar su dominio. Las ideologías son hechos históricos reales, que hay que combatir y revelar como instrumentos de dominio por razones de lucha política con el propósito de hacer intelectualmente independientes a los gobernados de los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento de necesario de la praxis.

• Sentido común
El sentido común, para Gramsci, es la filosofía de los no filósofos, o sea la concepción de mundo absorbida acríticamente de los varios ambientes culturales en medio de los cuales se desarrolla la individualidad moral del hombre medio. El sentido común no es una concepción única, idéntica en el tiempo y en el espacio: es el folklore de la filosofía y, como el folklore, se presenta en formas innumerables; su rasgo más característico es ser una concepción disgregada, incoherente, incongruente, conforme a la posición social y cultural de las multitudes.

• Intelectuales orgánicos

Otro concepto marxista desarrollado por Gramsci es el de los intelectuales orgánicos. El comunista italiano está en contra de los entendidos tradicionales sobre los intelectuales y su supuesta independencia del todo social. Para Gramsci, en cambio, toda la masa social que ejerce funciones organizativas en el sentido lato, tanto en la producción, como en la cultura y en el campo político-administrativo, son intelectuales. Todo miembro activo de un partido, por cumplir funciones organizativas, es un intelectual. De igual manera un empresario o por lo menos una elite de ellos son también intelectuales en el sentido de que luchan por crear las condiciones más favorables para su propia clase.
Cada clase social al nacer crea su capa de intelectuales orgánicos. La burguesía tiene a sus intelectuales a su servicio y más si los mismos no son conscientes de que son sus más fieles servidores. De la misma forma el proletariado y las clases subalternas tienen la necesidad de crearse su propia capa de intelectuales orgánicos que está ligada a la formación del partido revolucionario. Es decir, no hay intelectuales realmente orgánicos de las clases y grupos subalternos fuera del partido revolucionario.
El intelectual orgánico para Gramsci es un intelectual-constructor, organizador, persuasor permanente, portador de una concepción humanista-histórica, sin la cual se permanece como especialista y no se llega a dirigente (especialista de la política).


 

Bibliografía de y sobre Gramsci

Ediciones de textos de Gramsci

Cuadernos de la Cárcel:
Hay dos tipos de ediciones completas de los Cuadernos: 1) la sistemática, organizada temáticamente en seis volúmenes por Togliatti y Feilice Platone y 2) la edición crítica dirigida por Valentino Gerratana y traducida al español en seis tomos por Ediciones Era.
La edición sistemática por Togliatti puede encontrarse bajo los títulos:
• Notas sobre Maquiavelo; la política y el estado moderno;
• El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce;
• Los intelectuales y la organización de la cultura;
• II Risorgimiento;
• Literatura y vida nacional;
• Pasado y presente.
Antologías y Selección de trabajos:
Entre las antologías podemos nombrar:
• Antologías. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI. Varias Ediciones;

• Escritos políticos (1917-1933). Siglo XXI;

• Gramsci y la revolución francesa, recopilación de Javier Mena;

• Revolución Rusa y Unión Soviética. México, Roca, 1973;

• Consejos de fábrica y estado de la clase obrera. México, Roca, 1973;

• La concepción del partido proletario. México, Ediciones de Cultura Popular, 1972;

• Escritos periodísticos de La’ Ordine Nouvo 1919-1920;

• La política y el estado moderno;

• La alternativa pedagógica.

Sobre Gramsci:

• El Orden y el Tiempo. Manuel Sacristán, Ediciones Trotta, Madrid, 1998.
• Gramsci. Giuseppe Fiori, Critica, 1964.
• Vida y pensamiento de Gramsci. Giuseppe Vacca, UAM, Xochimilco, 1991.
• Las antinomias de Antonio Gramsci. Estado y revolución en Occidente. Perry Anderson, Fontamara, 1981.
• Los estudios gramscianos hoy. Dora Kanoussi (compiladora) Plaza y Valdés/ Universidad Autónoma de Puebla/ Internacional Gramsci Sociaty, México, 1998.
• Gramsci en América: Segunda Conferencia Internacional de Estudios Gramscianos. Dora Kanoussi (compiladora) Plaza y Valdés/ Universidad Autónoma de Puebla/ Internacional Gramsci Sociaty, México, 2000.
• Leyendo a Gramsci. Francisco Fernández Buey, Barcelona, El Viejo Topo, 2001.
• Gramaci para principiantes. Textos de Néstor Kohan e ilustraciones de Rep, Buenos Aires, Era Naciente, 2003.
• Para leer a Gramsci. Daniel Campione, Buenos Aires, Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2007.
• Dirigentes y dirigidos. Para leer los cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci. Manuel S. Almeida, 3ra Edición aumentada y revisada, Ediciones Callejón, San Juan, 2017.

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