Debate Abierto

Publicado en 15 de julio de 2013 | por BREL1

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El lugar común de la unidad en el independentismo

Respuesta a Hector Pesquera

Hugo J. Delgado-Martí
Movimiento Socialista de Trabajadores

No hubo que esperar a que Hugo Chávez ganara la elección del 1999 en Venezuela para que los mismos sectores sociales que hoy claman por una mesa de diálogo independentista hicieran lo propio a principios de la década. Desde mucho antes se viene oyendo de la unidad independentista. Con la unidad ocurre lo mismo que ocurre con el día de las madres, nadie en su sano juicio se atrevería a oponerse. Ahora, el problema con la unidad no es ese, tenemos que hacer un ejercicio un poco más elaborado de análisis para entender lo que significa el llamado a la unidad y las implicaciones en la coyuntura que vivimos hoy. Lo que hay que preguntarse es (1) por qué nunca se fragua la mentada unidad y (2) cuales son los problemas que pretendemos resolver con el logro de la “unidad independentista”

Dejando de lado, por ahora, la precisión en torno a la independencia de la que hablamos es necesario cuestionarnos si la falta de unidad es un problema, una característica o simplemente un lugar-común al cual le achacamos todas las deficiencias del independentismo. ¿Es el año 2013 el año de mayor división entre las filas del independentismo entre, digamos, los últimos 30 años? Cualquiera que investigue un poco la historia de la lucha de la independencia en Puerto Rico sabrá que en los momentos de mayor desarrollo de las luchas de masas, y cuando más efectivo ha sido el independentismo es precisamente cuando han existido múltiples organizaciones independentistas y socialistas luchando en la calle. Podemos recordar los ejemplos de la lucha contra la marina de guerra en Vieques y Culebra, contra el ROTC, contra el Servicio Militar Obligatorio, contra la privatización y muchas otras. Por aquello de no dejarle espacio a los retóricos del independentismo haré la siguiente precisión: no se trata de que más organizaciones implique más lucha sino que la lucha de masas le impone la necesidad a la gente de organizarse. En otras palabras una consecuencia positiva de la lucha es que se formen nuevos grupos y organizaciones.

La historia del mundo está plagada de procesos en donde fueron multiplicidad de grupos los que desarrollaron la lucha por la toma del poder, o por la independencia. Suele ser al final o en los puntos culminantes de estos procesos en donde un grupo desarrolla hegemonía sobre los demás y se cierne como partido principal de las clases sociales, pueblos o sectores en lucha por su liberación. En la Rusia Zarista y bajo el gobierno de Kerensky coexistían mencheviques, social-revolucionarios, bolcheviques y hasta anarquistas dando cada cual en sus espacios la lucha por la toma del poder. Bajo la revolución cubana el Partido Socialista Popular, el Movimiento 26 de Julio, y las múltiples guerrillas contra Batista se fueron consolidando en el curso de la revolución. Similitudes a esta historia hay en la Venezuela de Chávez, el Chile de Allende, Nicaragua, el Salvador… En resumen, las revoluciones, insurrecciones y procesos de lucha más importante de América Latina se han dado gracias a la coexistencia de una o más organizaciones políticas con fuerte arraigo en diversos sectores de las masas trabajadoras. La unidad no ha sido pre-condición en ninguna.

En Puerto Rico, sin embargo, hemos tenido múltiples experiencias unitarias, desde los Frentes Anti-Electorales, las coordinaciones entre los grupos clandestinos, el surgimiento del MPI, la fusión entre el MSP-PSR y luego la LIT, la creación del PRTP, la creación del Frente Socialista, el surgimiento del Movimiento al Socialismo etc. Independientemente de las cualidades o realidades de cada uno de estos procesos, el independentismo y en especial los socialistas siempre han demostrado una disposición sin precedente a unir voluntades. No se puede tampoco concluir que todo proceso de fusión redundó en un nivel superior de lucha. En algunos casos parafraseando a Juan Mari Bras, la suma de sus componentes no resultó en un efecto multiplicador sino divisor.

Es contradictorio que aún en los momentos de mayor unidad del independentismo vuelve a resurgir el lugar-común de la unidad. El Congreso Nacional Hostosiano se cita con pocos meses de diferencia del surgimiento del NMI y del Frente Socialista, por ejemplo. Los preceptos bajo los cuales se citó no se diferencian mucho de la mesa de diálogo que hoy propone el compañero Hector Pesquera. Si uno lleva este análisis a su última consecuencia ¡el problema no es el número total de organizaciones independentistas coexistentes sino la existencia de más de una! En la década del 70 el PIP le reclamaba al PSP por la división del independentismo, en la década del 80 el PSP le reclamaba al MST por la división del socialismo y podemos seguir esta historia casi hasta el día de hoy. El lugar-común de la unidad no ha sido más que un eufemismo para la supeditación de unos sectores políticos sobre otros.

Cada vez que me hablan sobre la necesidad de la unidad del independentismo, o de los socialistas, o incluso del magisterio me empiezo a preguntar ¿unidad para que? Existen diferencias abismales sobre lo que es el trabajo político que debe realizar una organización independentista, mucho menos una organización socialista. En el Movimiento Socialista de Trabajadores hemos discutido que no participaremos de espacios de discusión permanentes por que entendemos que estos espacios tienden a usarse para amarrar organizaciones en torno a diferencias fundamentales. Estas estructuras, aparte de que ocupan recursos humanos y económicos que no van acorde con el desarrollo organizativo de las organizaciones que las componen, se convierten en tribunales y juzgados de la lucha. Se pretende desde estas pasar juicios y balances sobre las acciones o diferendos que existen entre sus componentes e incluso se llega a anteponer como condición de unidad el que estas diferencias se resuelvan. La unidad se vuelve a la larga en la justificación de la inacción. Esto no quita que nuestra organización está disponible para reunirse, coordinar, dialogar sobre temas y situaciones específicas de acuerdo a nuestras posibilidades y calendario. En esta etapa hemos decidido priorizar en la lucha por el socialismo y estamos bien encaminados en esa dirección.

Lo que me lleva al carácter de la independencia, en el Movimiento Socialista de Trabajadores luchamos por la toma del poder de la Clase Obrera para crear una república socialista y democrática en donde los medios de producción estén en manos de los trabajadores. La propuesta mesa de diálogo del MINH está enmarcada dentro del desarrollo de una independencia capitalista donde se promueve el consenso social, y su estrategia es el desarrollo de una estructura electoral. Nada nuevo bajo el sol, lo que está en agenda no es otra cosa que el mismo proyecto electoral de conciliación de clases que disolvió al Partido Socialista Puertorriqueño y que ha sido la causa de la debilidad y desbande del independentismo en Puerto Rico. La independencia burguesa no mueve a nadie, esa es la lección principal que los compañeros independentistas no quieren aceptar.

De otra parte, la estrategia electoral parte de la premisa que la gente (en el caso de ellos todas las clases sociales) se organizarán para la independencia gracias o como consecuencia de la lucha por administrar el estado colonial. Si algo ha demostrado el Partido Independentista Puertorriqueño, es que la lucha electoral de por si es insuficiente y a veces contraria a la organización de masas. Por el otro lado, intentar plantear un programa de reformas a la colonia es hacerle el trabajo al Partido Popular y darle vida a la colonia. Ni el PPT, el PPR, o el MUS cuentan con una centésima parte de sus votos en forma de organización para la lucha sea por la independencia o sea por la reinscripción del partido. Los 15 mil votos de Rafael Bernabe se esfumaron más rápido que su fondo electoral.

En Puerto Rico tenemos un problema mayor que es la falta de trabajo con la clase obrera para una independencia que les represente un cambio significativo en sus vidas. No se trata de luchar por una independencia donde los ricos sigan siendo ricos, sino donde los problemas de salud, educación, vivienda y alimentación estén resueltos sin explotación de ninguna clase. En Puerto Rico la unidad sobra, lo que falta es lucha en la calle y para eso no hay que reunir a las cúpulas de las organizaciones independentistas sin base social.

*Este artículo se escribe en respuesta al artículo publicado por Hector Pesquera del Movimiento Nacional Hostosiano (MINH)
http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=A6869AECF8ACF55C242D…

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