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Publicado en 30 de agosto de 1998 | por BREL2

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Crónica de otra venta

Noemí González

Taller de Formación Política (TFP)

Luego de terminada la huelga de la Telefónica, el presidente de la UIET, José Juan Hernández ha lanzado una serie de acusaciones contra sectores militantes de dicha unión. Las acusaciones se dirigen contra lo que él llama «el grupo de Benítez». ¿Cómo se explican esas acusaciones? La razón es transparente: Hernández quiere desviar la atención del triste papel que él y sus allegados han tenido en la huelga. Lo cierto es que todo lo que se logró en «Huelga del Pueblo» -la más amplia movilización obrera en Puerto Rico en décadas- se alcanzó contra la voluntad y a pesar del sabotaje del presidente de la UIET. Hernández trató de evitar la huelga. La aplazó lo más posible. No hizo nada por prepararla. No hizo nada para organizarla. Hizo todo los posible por debilitarla. Al fin y al cabo, terminó por entregarla. está historia hay que dejarla bien escrita.

Para iniciar esa tarea hagamos una lista parcial de las hazañas del Sr. Hernández:

1. Luego de asumir la presidencia de la UIET Hernández se niega a coordinar el CAOS. Su participación en ese esfuerzo es nula. No va a la mayoría de las reuniones. Luego se supo que durante esos meses se reúne en secreto, sin siquiera informar a la HIETEL, con gente de GTE.

2. Luego de anunciarse el acuerdo con GTE no ofrece indicación de que curso seguirá. En el CAOS se pide que explique cual es su plan de trabajo. No hay plan. Nada se sabe de la huelga.

3. Durante las vistas legislativas, Hernández negocia asientos en el público para las uniones. Por lo demás, ayuda a que las vistas se desarrollen con tranquilidad. Cuando la protesta amenaza con incomodar a los legisladores, se nos manda a callar. Cuando los trabajadores quieren protestar más allá del mediodía, los envían al trabajo. ¿Mensajes de movilización? Ninguno. Las raras veces que dice algo anunció que irá a los tribunales, que una vez el caso se decida, podrá entonces considerarse la huelga. Nadie sabe a donde va el movimiento.

4. El 13 y 14 de junio, Hernández afirma que la huelga puede evitarse (y la venta realizarse), si se conceden garantías a los trabajadores. Tantas son las vacilaciones que la prensa empieza a dudar que la huelga viene.

5. Cuando – por presión de los delegados y de otras uniones- comienza la huelga, se hace evidente que Hernández no ha hecho nada para organizarla. En Roosevelt 1500 no hay planes para disponer líneas de piquetes. No hay megáfonos. No hay propaganda ni para los unionados, ni para el pueblo. Hay instrucciones de dejar pasar a los gerenciales, lo cual implica matar la huelga antes de que empiece. Hernández cuenta con que la huelga se desintegre. Las cosas no salen como quería: trabajadores, delegados, otras uniones se encargan de parar a los gerenciales el primer día, de hacer hojas sueltas y pegadizos, de conseguir sistemas de sonido. Mientras tanto, Hernández participa en un acuerdo con Toledo, para que los gerenciales puedan entrar. Esa noche, el CAOS revoca ese acuerdo. (Hernández no asiste a la reunión)

6. Cuando el viernes 19 los piquetes masivos evitan la salida de los gerenciales, provocando una crisis para el gobierno, ¿qué hace Hernández? ¿Redoblar los piquetes para tomar la ofensiva? Nada de eso. En reunión con Toledo acuerda la salida de los gerenciales. En El Cinco los trabajadores le hacen saber su repudio de ese nuevo acuerdo desmovilizador.

7. El domingo 20, sin plantearlo en el CAOS, sin consenso con la HIETEL, Hernández hace pública su idea de que las uniones compren la telefónica. Otra idea desorientadora. Todo con tal de que la huelga pierda dirección, de que se proyecte división.

8. El lunes 21 Hernández saca pecho diciendo que violará el interdicto que limita los piquetes, pero el interdicto se mantiene de hecho en Roosevelt 1513, donde las vallas siguen a más de 50 pies de la entrada. Hernández no se preocupa por movilizar la matrícula a los piquetes, mucho menos por organizarla para detener la entrada de gerenciales. Mientras el CGT, la OPMT, consejos regionales y otras uniones organizan marchas, caravanas, programas de radio diarios e imprimen pegadizos, Hernández deja que todo siga a la deriva. Por días enteros la prensa lo busca sin encontrarlo. Es el líder invisible.

9. Luego de la huelga general, Hernández, sin que medie asamblea de delegados, anunció la disposición de los telefónicos de regresar al trabajo. Tan solo habla de cuándo y cómo volver al trabajo. Proyecta día a día el mensaje desmoralizador de que la huelga ya terminó.

10. Las negociaciones concluyen con un acuerdo que se mantiene secreto. Por cuatro días la matrícula no conoce el acuerdo: no puede evaluarlo, ni discutirlo. En la asamblea no se reparte el acuerdo, no se lee en su totalidad, no se permiten preguntas. Sin discusión alguna, se decreta su aprobación. Hernández huye de la asamblea como un prófugo.

12. El primer día de trabajo, supervisores impiden la entrada con camisetas alusivas a la huelga. Hernández no pierde tiempo en denunciar públicamente (por radio) no a los supervisores, sino a los trabajadores. Dice que se trata del «grupo de Benítez».

Con el fin de la huelga la labor de Hernández al servicio del gobierno toma un nuevo giro. Cualquier muestra de militancia será atacada como obra del «grupo de Benítez». Hernández tiene el mismo interés que el gobierno y que GTE de que todo se «tranquilice» en la Telefónica.

Nadie debe tomar está como un análisis completo de la huelga. No queremos reducir ese proceso a las maniobras de Hernández, ni mucho menos. Pero tampoco queremos que esas maniobras imperdonables se olviden. ¡Lucha si, entrega no!

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