Columnas

Publicado en 3 de marzo de 2014 | por BREL2

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Ni guerra entre pueblos ni paz entre clases

2014-03-03 18:44
Hugo J. Delgado Martí
Movimiento Socialista de Trabajadores

En los últimos años hemos visto un recrudecimiento en los enfrentamientos populares y callejeros alrededor del mundo. Estas instancias de lucha de masas, con ideologías muy diversas, desde nacionalistas hasta fundamentalistas religiosos, han resultado en cambios de gobierno, golpes de estado, y hasta en guerras civiles. Grecia, Libia, Ucrania, Siria, y Egipto, han sido los protagonistas principales de las noticias de inestabilidad social, política y económica durante el último año. Si viajamos un poco más atrás en el tiempo podemos recordar disturbios, motines y protestas callejeras en Irán, Túnez y otros países de la periferia del Mar Mediterráneo.

Estos procesos no han estado exentos de manipulación por parte de los aparatos de inteligencia de las principales potencias imperialistas del mundo. Rusia, Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia han quedado al descubierto en múltiples ocasiones como suplidores de armas, incitadores, y hasta provocadores. En otras ocasiones como en Libia, o Georgia ha sido la intervención militar directa de las potencias imperialistas la que ha definido el saldo de la guerra.

Sin embargo, los que profesamos el estudio de las luchas sociales desde una perspectiva materialista planteamos que hay que hurgar más, y no quedarnos en la mera teoría conspirativa. Los enfrentamientos en los países de la periferia europea, e incluso en Venezuela, tienen un sustrato material y social que explica la disposición de las masas a lanzarse a la calle en búsqueda de cambios drásticos. La crisis económica global, y la competencia imperialista por garantizar zonas económicas de influencia por medio del aparato militar sigue siendo uno de los elementos fundamentales en el entendimiento de la geo­política.

Se trata del imperialismo, o los imperialismos: aquellos países que habiendo alcanzado un desarrollo superior de sus capacidades de producción, necesitan de mercados, mano de obra y materias primas con las que aumentar su capacidad de explotación. En otras palabras, los países ricos importan ganancias y exportan pobreza. Si bien los derechos de la clase trabajadora de los países más ricos del mundo se encuentra bajo asedio, la búsqueda de nuevos mercados y la intensificación de la explotación de los países desaventajados resulta en una salida alternativa a la crisis.

Lamentablemente no ha sido la ideología de la clase trabajadora la que ha dominado en estos enfrentamientos. Los socialistas tenemos que ser cautelosos al estudiar los procesos de lucha social a nivel internacional y comprender que no toda barricada es revolucionaria, ni toda respuesta al imperialismo norteamericano es progresista.

La posibilidad de un enfrentamiento directo entre las potencias y el desencadenamiento de una guerra entre imperialismos es una posibilidad siempre latente. Los socialistas debemos denunciar por igual a las potencias imperialistas como a las burguesías nacionales como las culpables de la inestabilidad social del capitalismo. En Puerto Rico, que vivimos en carne propia las consecuencias de la crisis económica mundial y colonial, tenemos aprender de los métodos de resistencia callejera alrededor del mundo pero organizándonos para la toma del poder. Hoy más que nunca repetimos la consigna “ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases.”

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