América Latina

Publicado en 2 de octubre de 2012 | por BREL12

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Octubre siempre es revolucionario

Chile: Con el Che, Miguel, Raúl y Tamara en la lucha,

Mar, 2012-10-02 22:47
Editorial Rodriguista
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Para la lucha revolucionaria en nuestro país, octubre es un mes de reafirmación del pensamiento que guía nuestra acción; contexto donde caen combatiendo en distintas épocas, Ernesto Che Guevara, Miguel Enríquez, Raúl Pellegrín y Cecilia Magni, permitiendo rescatar e incluso descubrir aspectos de su pensamiento válidos para el quehacer transformador en cada momento.

«El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo».

Así escribía Ernesto Che Guevara, resumiendo la dificultad de la lucha revolucionaria, cuyo eje fundamental es el pueblo, pilar de la lucha y de la construcción del socialismo. El pueblo siempre está presente en la reflexión teórica del Che, como protagonista y objetivo, es decir, como sujeto y objeto de la revolución. Este concepto constituye un pilar importantísimo para la construcción de cualquier proyecto revolucionario.

En este mismo sentido, los aportes de Miguel Enríquez y Raúl Pellegrín a la lucha popular en Chile, cada uno en su etapa particular y desde diferentes vertientes, representan en su momento una ruptura con las formas tradicionales, legalistas y electoralistas de hacer política. En importantes coyunturas para el movimiento popular, los proyectos que ambos encarnaron representaron la confianza ilimitada en las capacidades del pueblo para construir su propia fuerza y poder en lo social, político y militar.

Estos mismos conceptos guiaron la actitud valiente de Cecilia Magni, la que a nuestro entender es la imagen de la mujer combativa, y expresión de tantas otras luchadoras que han sido precursoras de su generación, madres, hijas, hermanas, compañeras de lucha y grandes dirigentas populares.

Sobre Ernesto Che Guevara

¿Qué se puede decir del Che que no se haya dicho antes? Todavía hay mucho que descubrir en su persona y sus ideas, y que explican la razón de su vigencia. El reveló caracteres humanos que muchas veces se presentan como contradictorios; fue una síntesis de hombre de acción y pensamiento, que trascendía en la historia americana y le infundía, a su vez, nuevos alientos y riqueza al socialismo. El guerrillero, el dirigente de la industria y la economía, el hombre de Estado y de política, que también era un infatigable investigador, un promotor de nuevos pensamientos.

Junto al rechazo del dogma, del esquema y de la fórmula estrecha, exigía que se abriera el pensamiento, la inteligencia, el espíritu de creación, y combatía con gran fuerza, el liberalismo y la indisciplina.

En el campo de la acción y teoría revolucionaria, el aporte del Che es valioso por su agudeza y alcance; ahí están sus numerosos ensayos, artículos y discursos. Fue, como dijo Fidel Castro, un maestro de la guerra revolucionaria, un artista de la lucha guerrillera. Aplicó las concepciones marxista-leninista a las múltiples y complejas tareas que enfrentó tanto en el combate como en la edificación de una nueva sociedad.

Dijo de sí mismo que era un aventurero, pero de ésos que ponen el pellejo para demostrar la validez de sus ideas; sin embargo no hay que confundirlo con un romántico don Quijote ya que eso sería olvidar aspectos esenciales de su vida y su obra, el Che perduró y perdurará no sólo porque fue un brillante hombre de acción, sino porque ésta fue acompañada de una búsqueda infatigable de la ideas correctas, de la libertad y de la justicia, de la igualdad social entre los seres humanos. Por eso está, y estará cada día más, tan presente entre nosotros.

El aporte de Miguel Enríquez

Miguel fue directo heredero del poderoso influjo del Che Guevara, que iluminó a toda una generación de jóvenes y sectores populares, que buscaban en los años 60 una actualización de la forma de organización, consecuente con las nuevas exigencias políticas y sociales de la época, la búsqueda de un camino revolucionario auténtico, no un cambio cosmético al sistema capitalista. Ello requería de un instrumento político de un nuevo tipo, que impulsase formas de lucha hasta ese entonces desconocidas para los partidos de izquierda, no así para el movimiento popular, como lo es la violencia revolucionaria y la lucha armada.

Para esos desafíos participa en la fundación, en 1965, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), junto con Luciano Cruz, Bautista Van Showen, Edgardo Enríquez, entre otros. En 1967, a los 23 años, es elegido secretario general durante el tercer congreso del partido.

No pocos conflictos con la izquierda histórica tuvieron Miguel y sus camaradas; no sólo se contradecían distintas generaciones sino que también proyectos y concepciones estratégicas y tácticas, sin embargo, Miguel Enríquez y el MIR apoyaron el gobierno de la Unidad Popular hasta su último día.
Poco antes del golpe militar, Miguel lanzó el siguiente llamado, que parece hoy cobrar renovada vigencia:

“…Compañeros, pasemos a la ofensiva, reagrupémonos al interior del pueblo, al interior de la izquierda y al interior de los trabajadores, unamos a los revolucionarios, reagrupémonos para los combates decisivos que se avecinan, digamos a los imperialistas, a Jarpa a Frei, a los reformistas y a los vacilantes, que no estamos asistiendo al fracaso del socialismo, estamos sufriendo el fracaso del reformismo… Compañeros, proclamemos a todo Chile, a América y al mundo, no estamos asistiendo al crepúsculo de una revolución, si no al largo y difícil camino de la revolución obrera y campesina, que recién comienza…”

Luego del 11 de septiembre de 1973, Miguel Enríquez y los principales cuadros del MIR deciden permanecer en Chile para asumir las tareas de la Resistencia Popular, la reorganización del partido en la clandestinidad, y la creación de un frente político antidictatorial de las fuerzas de izquierda.

A principio de 1974 participa en la junta de Coordinación Revolucionaria del Cono Sur, junto con el Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros, de Uruguay, el PRT, Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina y el Ejército de Liberación Nacional, de Bolivia.

Es en esas labores que la muerte lo encuentra combatiendo el 5 de octubre de 1974, dejando un tremendo vacío y a la vez un no menos gran legado y ejemplo de firmeza de la idea y la acción revolucionaria.

La gran Cecilia Magni (“Tamara”)

Es precisamente en la lucha contra la dictadura militar que se forjan nuevos contingentes de combatientes y revolucionarios, que abren camino a nuevas organizaciones.

Es la respuesta concreta a una situación concreta lo que da sustento al desarrollo ascendente de formas de lucha cada vez más avanzadas, ya que la dictadura y sus aparatos represivos imponían una guerra sucia implacable contra el pueblo, guerra que buscaba imponer por la fuerza un nuevo orden social basado en el capitalismo.

Como combatiente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Cicilia Magni Camino, “Tamara”, se convierte en la encarnación de los valores revolucionarios madurados en la práctica. Los que la conocieron directamente bien dicen que era capaz de hacer de todo, era correo, era infra’, era el cuadro militar, era el jefe de las milicias rodriguistas; y todo lo desempeñaba con la misma naturalidad.

En sus inicios enfrentó algunas mentalidades un poco estrecha que impedían aceptar de buenas a primera el protagonismo de una mujer en la organización revolucionaria. Se resistía a cumplir las tareas que a veces nuestro sectarismo le asigna a las compañeras, ella fue combatiente de primera línea, participó activamente en la planificación y ejecución de la Operación Siglo XX, el atentado al tirano, así como en las acciones del 21 de octubre de 1988 (Los Queñes).

Experiencia de Raúl Pellegrín (José Miguel)

Otro principal protagonista del proceso revolucionario chileno es Raúl Pellegrín, el Comandante José Miguel del FPMR, a quien el golpe militar y el exilio en Alemania lo sorprende a los 15 años de edad.

En 1976 su familia se traslada a Cuba y asume la carrera militar incorporándose a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas logrando el grado de subteniente.

A fines de 1978, Raúl, junto a otros oficiales chilenos de distintos partidos de la izquierda, se incorporan a la lucha revolucionaria en Nicaragua, como asesor militar de una columna guerrillera en el Frente Sur, destacándose rápidamente en el combate.

Diversos testimonios nos revelan cómo solía criticar las actitudes conservadoras, el aferramiento a lo tradicional, la incapacidad de debatir en profundidad y apegarse a los formalismos, él exigía tenacidad, audacia, abnegación, madurez….

Después de la experiencia nicaragüense, Raúl Pellegrín regresa a Chile y entra a formar parte de la Comisión Militar del PC y a ser el principal mando del FPMR. El Desarrollo del Frente, su organización, la evolución de las técnicas operativas, están relacionadas directamente con él, que asume los nombres de “José Miguel” o “Rodrigo”. Su aporte político es determinante en todo el proceso de creación del FPMR y en el proceso de separación del Partido Comunista, debido a profundas diferencias de orden político-ideológicas, así como en el diseño estratégico del Frente como organización independiente.

Líderes como “Rodrigo”, y también “Tamara”, son los dirigentes preocupados del profesionalismo de los combatientes, del bienestar humano de los mismos, que desarrollan todo un código poético y lenguaje propio en el FPMR, que buscan formar luchadores impregnado de la esencia del pueblo, es el hombre obstinado en erradicar vicios y costumbres muñequeras y politiqueras para construir un tipo de rodriguista transparente, sin dobles discursos, consecuente.

El 21 de octubre de 1988, en el marco del proyecto de Guerra Patriótica Nacional (GPN), participa directamente en las acciones que se desarrollan en La Mora, Aguas Grandes, Pichipellahuén y Los Queñes (pequeñas localidades del norte y sur de Chile). Decidido a ponerse a la cabeza de estas, señala con su ejemplo que no se puede ser un conductor sin asumir los riegos de ir en la primera línea, demostrando, empujando y señalando los caminos.

Esa actitud le costo la vida luego a manos de las fuerzas represivas. Sin embargo, esta misma actitud y el aporte político de Raúl, se transformarían en los cimientos sobre los que el Rodriguismo desarrolló su nuevo proyecto político en Chile.

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