Columnas

Publicado en 26 de enero de 2020 | por BREL12

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Por qué gastar en la pobre gente pobre

Si nos podemos quedar con esos chavos

José Antonio Ramos

Bandera Roja

Los temblores del 7 de enero han colocado a una gran cantidad de puertorriqueñas y puertorriqueños en una situación similar a la que padecimos la mayoría después de María.  Miles han quedado en la calle, otra vez, principalmente en el sur y suroeste de la isla. Que sienten temor y desamparo, desolación e impotencia, es decir poco. Que en lo emocional están seria y preocupantemente afectadas, también.

Desastres naturales como los de este enero, y la vulnerabilidad en que queda el pueblo, de inmediato definen y distinguen tres sectores.  Primeramente están los personajes del gobierno dando palos a ciegas por falta de un plan de respuesta y recuperación concienzudamente elaborado, mientras “hacen que hacen”, inmersos ya de forma descarada en  sus campañas políticas. Como un segundo sector está la respuesta hermana y solidaria del resto del país, satisfaciendo algunas de las necesidades apremiantes de las personas en refugios y en los patios de sus casas.   Componen el tercer sector los que están al acecho. La devastación y la destrucción, como los causados por María y estos temblores, se convierten simple y atrozmente en la oportunidad de generar ganancias cuantiosas a costa del padecimiento  humano. Alguien ya está calculando que los millones de dólares que deberían servir para reconstruir hogares y vidas, les lleguen por caminos expeditos a sus bolsillos sin fin. Los favorecidos por el gobierno así lo esperan. Así ha pasado antes.  Esa es la esencia, el jugo vital que mueve el sistema capitalista.

Sin embargo, no podemos dejar a la voluntad de este sistema pervertido, en que se inserta nuestro gobierno, a las personas que ahora nos ocupan y preocupan.  No permitamos que el gobierno olvide y abandone a los y las puertorriqueñas que más padecen por estos terremotos. La solidaridad humana y humanitaria debe trascender  este momento. El próximo nivel de solidaridad debe contemplar una lucha que no deje a merced del gobierno que la recuperación de estos seres humanos y el de sus hogares tarde años y años.  Pues en esa misma medida tardará su recuperación emocional y el de sus vidas plenas.

Fondos y ayudas económicas  estatales y federales estarán disponibles para que el gobierno asista y les resuelva a las personas afectadas.  Pero, ¿y se repetirán los contratos millonarios del gobierno a empresas extranjeras, para supuestamente ayudar al país, como ocurrió tras María?  Según el Departamento de Estado entre septiembre de 2017 y agosto de 2018 el gobierno de Puerto Rico aprobó el establecimiento de 1, 146 empresas foráneas.  Más de mil de ellas con fines de lucro. Las mismas que se llevaron los fondos para la reconstrucción del país, en ocasiones sin realizar los trabajos o habiéndolos hecho a medias.  La Compañía Cobra Acquisitions, con el cobro a la Autoridad de Energía Eléctrica de $1.1 mil millones es el ejemplo más recordado, pero no único, de lo anterior. ¿O ahora les tocará a contratistas privilegiados puertorriqueños  complacerse con la gran tajada a expensas de la necesidad ajena? ¿O la respuesta de ayudas dependerá de que las fuerzas del mercado determinen que ellos y sus ventas son la prioridad?

El capitalismo neoliberal que se impone en Puerto Rico engendra y alimenta el deseo y la posibilidad del lucro personal.  Esto va antepuesto, sin escollos, al bienestar común y mayoritario.

Hoy nos mueve al camino el empeño de proveer alimentos, cobijo y cuidados.  Mañana nos impulsará a la calle la obligación de enfrentar y reclamar al gobierno el fin de las desigualdades, las injusticias y el de una existencia precaria en un continuo esfuerzo por sobrevivir, mientras las ventajas y privilegios son para unos cuantos.

Pasaremos de una solidaridad humana y humanitaria a una solidaridad humana y política que nos llevará a transformar las desigualdades que hoy tenemos que soportar.  Sin esperar por ayudas externas y contrariando a un gobierno que no es nuestro, aunque lo aparente.

Las experiencias del esfuerzo colectivo y solidario que se dieron en la isla para expulsar la marina de Vieques, lo que logramos después de María (a pesar del gobierno), el tesón que mostramos durante el verano de 2019  y ahora con estos sismos, por no ir muy atrás, nos muestran a un pueblo distinto. Un pueblo que comienza a interpretar su realidad de otra forma. Un pueblo que está a un giro adicional para trascender y superar el individualismo egoísta que se nos ha enseñado siniestramente como valor universal de supervivencia.

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