Keiko Fujimori, la hija del exdictador Alberto Fujimori, ganó las elecciones de Perú celebradas a finales del mes de junio. La candidata del ultraderechista Fuerza Popular se impuso en la segunda vuelta ante el candidato Roberto Sánchez. Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) Fujimori ganó con el 50,13 % de los votos, contra el 49,86 % de Sánchez, lo que significa una estrecha diferencia de 43, 641 votos. El resultado fue conformado por el ONPE, a pesar de la estrecha diferencia.
Las elecciones mostraron un país polarizado. En el padrón general el fujimorismo recibió el 33.75% de los votos, mientras el antifujimorismo obtuvo el 33.57%. Pero aunque la contienda parecía decidirse entre estos dos campos, el descontento social se manifestó por medio del voto nulo, en blanco o el ausentismo, que registró un 32.67%. Este resultado lejos de mostrar una fortaleza absoluta del fujimorismo, nos retrata una debilidad de las fuerzas progresistas que no fueron capaces de canalizar el descontento de amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo pobre para derrotar a la ultraderecha.