La salida de Francisco Domenech del gabinete de Jenniffer González responde a una sola fuerza: la incesante presión de la opinión pública. Pero este hecho revela un problema más profundo: más allá de inestabilidad es el reflejo de un sistema donde la corrupción del Partido Nuevo Progresista ha encontrado impunidad. Domenech es señalado por presunta venta de influencias desde su empresa, Politank, donde habría orquestado la otorgación de contratos y el manejo de agencias públicas en favor de donantes y personas cercanas al partido.
La gobernadora, quién niega las acusaciones y señalamientos contra Domenech, le solicitó la renuncia y nombró en su lugar a la infame Norma Burgos. Burgos fue presidenta de la Junta de Planificación y luego Secretaria de Estado bajo la gobernación de Pedro Rosselló. Esta no ha estado exenta de sus propios escándalos. Fue ficha clave en las políticas privatizadoras y neoliberales de los gobiernos del PNP, siendo también parte de la Comisión de las Alianzas Público Privadas durante su mandato como senadora.
A Norma Burgos se le recuerda por su confrontación con estudiantes universitarios en la década del 90 pero también por una serie de escándalos éticos. Contrató a su propio hijo en la Comisión Estatal de Elecciones cuando era Comisionada Electoral. Intervino, desde ese puesto también, en la repartición de suministros luego del huracán María para beneficiar a sus allegados políticos.
En fin, la Gobernadora Jenniffer González cambió otra figura pública más en su gabinete desde que asumió el cargo el 2 de enero de 2025. Sin embargo, ninguna de las salidas de estos funcionarios ha mostrado cambios en el manejo gubernamental.