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Publicado en 10 de febrero de 2016 | por BREL1

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Capitalismo colonial, coyuntura actual y la apuesta del MST

Balance del 8vo Congreso Nacional del MST

Raúl Báez Sanchez
Comite Central
Movimiento Socialista de Trabajadores

En nuestra apuesta por el socialismo no negamos la necesidad de articular una narrativa anti-capitalista que se arme de las herramientas teóricas y prácticas para combatir efectiva e ingeniosamente la narrativa neoliberal hegemonizante. Pero ante tanto llamado a la renovación, debemos proceder con cautela. Cualquier narrativa, si pretende constituirse en proyecto contra-hegemónico que dispute el poder de los ricos, el Estado y su elenco de políticos profesionales, debe trascender el puro relato para proyectar un discurso que organice las diversas voluntades en favor de la acción contestataria, transgresora, descolonizadora, anti-machista y por la emancipación social. Combinando un claro posicionamiento ético contra toda la miseria y opresión que genera el capitalismo colonial con el análisis concreto de nuestra formación social, podremos ir construyendo una propuesta de largo alcance que alumbre los caminos para alcanzar el horizonte libertario.

Para fomentar el debate elaboramos este resumen de los trabajos de nuestro 8vo Congreso. Nos propusimos abordar un breve análisis del capitalismo colonial y la coyuntura de lucha de clases en el país. Tomando en cuenta el estado organizativo y capacidad de lucha del movimiento obrero, los sectores en lucha y las izquierdas socialistas. Finalmente presentamos las tareas político-organizativas para la coyuntura y los objetivos estratégicos para encausar la construcción de fuerza social para la ruptura revolucionaria.

Algunas notas sobre el capitalismo colonial y la coyuntura actual

Dentro del escenario político puertorriqueño hablar de la “Crisis”, se ha convertido en la comidilla diaria. Muchos comentaristas, politólogos, asesores, políticos y académicos hablan de la crisis como si comentaran sobre un partido de fútbol. El abuso en la utilización del término, tanto por izquierdas como por derechas, ha hecho que en la mayoría de los casos haya perdido contenido, sentido y relevancia, convirtiéndose en un elemento más de nuestra cotidianidad colonial. De lo que se trata entonces, no es tanto hablar de la “Crisis”, si no esforzarnos por lanzar algunas interrogantes a nuestra realidad concreta y hacer los mayores esfuerzos por atisbar respuestas. Por ejemplo: ¿De quién es la crisis? ¿Qué tipo de crisis? ¿Cuáles son sus bases históricas?

En las últimas décadas el capitalismo en Puerto Rico viene transitando por una serie de transformaciones que guardan relación directa con la crisis del Estado y la poca capacidad de respuesta del movimiento obrero. La economía colonial se encuentra en un proceso de desindustrialización acelerada. No quiere decir que desapareció la industria, este fue el sector que mayor cantidad de ganancias registró en los pasados años. Pero predominan fundamentalmente compañías que emplean mayor maquinaria y tecnología en el proceso productivo y menor cantidad de mano de obra. Este proceso se consolida con la fusión de firmas, integración de nueva tecnología, subcontratación de tareas de mantenimiento y construcción, etc.

Por otro lado, se observa una expansión paulatina en los sectores de ventas al por mayor, al detal, servicios y finanzas. Las ganancias generadas y la cantidad de empleos han aumentado, generando el 40.7% del PIB. En estos sectores se concentra la mayor cantidad de fuerza de trabajo, en el sector de servicios se emplean 344,000 trabajadores y el comercio 234,000 aproximadamente. Lo que significa que el gobierno ya no es el principal empleador en el país. A la cabeza de este sector se encuentra el capital comercial norteamericano, con elementos del capital criollo importador, mayoristas y alquiler de infraestructura. Otro sector que reporta un aumento sustancial en sus ganancias durante los últimos cinco años es el capital vinculado a la educación post-secundaria privada, la salud y las aseguradoras. Todo un gran sector de la llamada burguesía y pequeña burguesía criolla, que guisan de la privatización, están directamente vinculadas a estas áreas de la economía. Entre estos se encuentran el Sistema Universitario Ana G. Méndez, Triple S, First Medical, Empresas Fonalledas Inc., entre otras. Esto fortalece la tendencia a la desindustrialización del capitalismo colonial.

Las transformaciones en la estructura económica, los cambios en la organización de la producción y la política pública de austeridad, generan verdaderos cambios en la composición de la clase trabajadora. El capital busca reducir la caída tendencial de la taza de ganancias por medio de la introducción de nuevas tecnologías, la reorganización del trabajo, la fusión de compañías, ente otros. Pero estos cambios también están ligados a la permanente búsqueda de afectar (y evitar en la medida de lo posible) la organización como clase. En la medida que se impone esta tendencia, importantes sectores de la clase trabajadora son expulsados de los centros de trabajos clásicos. Con el agravante que donde existe mayor demanda de mano de obra es en las mega-corporaciones como Wal-Mart, el comercio y compañías de servicio al cliente. Estos empleos se caracterizan por condiciones sumamente precarias, jornadas cortas, bajos salarios y ningún tipo de beneficios. En la actual coyuntura las corporaciones y el empleo público sucumben aceleradamente ante esta tendencia. Los cambios en la composición de clase se ejecutan por medio de la agresiva ofensiva patronal-privatizadora, con: la reducción de plazas, eliminación de derechos, deterioro de las condiciones de trabajo, empleos por contrato y transitorios, fragmentación y reducción de la jornada laborar, etc. Estos son algunos de los efectos creados por los cambios en la composición de la clase que estamos presenciando en la colonia capitalista. Junto al sentido común creado por la narrativa neoliberal hegemónica, deterioran el sentido de pertenencia colectiva y dificultan el desarrollo lazos de solidaridad de clase y como pueblo.

La dictadura del capital financiero

En Puerto Rico desde la segunda mitad del siglo XX el desarrollo económico se montó sobre la atracción de inversión norteamericana por medio de los incentivos industriales (infraestructura, mano de obra barata y calificada, poca regulación ambiental, etc.) y la exención contributiva. El gobierno en Puerto Rico cumple la función de garantizar estas condiciones en beneficio del capital norteamericano. Se recurrió entonces al endeudamiento público para financiar la infraestructura. El Estado del ELA se estructuró sobre estas premisas, la concepción keynesiena del estado de bienestar y la existencia de un gran sector de la clase trabajadora (del servicio público) con un nivel de vida y adquisición relativamente estable.

La infraestructura se financió con deuda pública, pero la ganancia de dicha infraestructura quedó en manos de la empresa privada. Entre 2006 al 2012 generaron sobre $321,000 millones y sólo pagaron $4 mil millones en contribuciones. Ahora tenemos la deuda y la infraestructura ha quedado obsoleta o precarizada. Esto ha implicado un endeudamiento y un déficit operacional del gobierno, que depende de los préstamos para seguir operando. Esta situación lleva en crisis varios años, entre el 2001 y el 2012 la deuda aumentó de $27, 160 millones a $69, 948. Actualmente la deuda pública asciende a más de $72 millones, más de la mitad de la cual le pertenece a fondos “buitres”, y el pago de intereses es unos $200 millones mayor que la nómina del gobierno central.

Por tanto, la crisis responde al agotamiento del modelo de desarrollo económico del capitalismo colonial. El intento de imponer el modelo de acumulación neoliberal sobre las mismas premisas de exención e incentivos para el capital norteamericano profundizan la crisis del Estado que no recauda lo suficiente. Así se impone la dictadura del capital financiero norteamericano sobre Puerto Rico, exigiendo que gran parte del presupuesto gubernamental se destine al servicio de la deuda pública. Se impone un ritmo acelerado de reducción de gastos en servicios públicos, nómina, beneficios, derechos de las trabajadoras, etc. Lo que propone el Plan de Ajuste Fiscal es profundizar la receta neoliberal, con un descomunal deterioro de las condiciones de trabajo y la calidad de vida del pueblo pobre y trabajador, en beneficio de un modelo de acumulación de capital más salvaje.

Lo peculiar de la crisis colonial es que, como dirían Marx y Engels, en el tablero político no existe un “sepulturero” de la clase dominante. No hay una fuerza social anti-capitalista (reformista o revolucionaria) que aproveche la coyuntura para abrir una fisura en la hegemonía del bloque en el poder.

El PPD-PNP: dos caras del populismo neoliberal

Los dos partidos de los ricos que se alternan en el gobierno, el PPD-PNP, han sido los arquitectos de este desastre. Ambos han tomado prestado de forma descontrolada. Gobiernan como los representantes políticos de un sólo bloque, que integra diversos sectores de la burguesía criolla bajo la hegemonía del capital norteamericano. Entendemos que los sectores descritos en la primera parte representan este bloque hegemónico en el poder. Hasta ahora ningún sector subordinado de la burguesía criolla ha entrado en contradicción abierta como para constituirse en fracción o en un bloque antagónico. Las contradicciones se han resuelto como disputas interburguesas sin cuestionar la estabilidad ni el consenso.

Un elemento político e ideológico a tomar en cuenta es el llamado populismo neoliberal. La política del PPD es imponer medidas antiobreras y neoliberales acompañadas con otras más liberales como por ejemplo los derechos LBGTT y el uso medicinal marihuana. Si bien todas estas medidas fueron luchadas y representan verdaderos avances, no podemos ignorar que el gobierno del PPD cede buscando mantener contentos a los sectores pequeños burgueses y melones o restarle empuje a los movimientos sociales. No olvidemos que el PPD prometió un gobierno de consenso, que no es otro cosa que amarrar a los sectores que fueron oposición durante los gobiernos anteriores y anularlos dejando caer unas cuantas migajas, mientras gobiernan para los ricos.

En el debate sobre el IVA los 6 representantes del PPD, Carmen Yulín y su séquito de melones, le formaron tremendo problemón a Agapito. Las diferencias al interior del PPD muestran una autonomización relativa de los representantes de cierta pequeña burguesía y sectores profesionales que guisan con el actual estado de cosas. Esta gente no cuestiona la narrativa neoliberal, están de acuerdo con el desmantelamiento de lo público. Este sector autonomista necesita colocarse en condiciones para hacer atractiva la posibilidad de una mayor autonomía de la colonia. Esto implica garantizar la existencia de unas condiciones propicias para la inversión de capital y ser competitivos en la economía internacional. Lo preocupante de este sector es que aparece como aliado de las luchas sociales, para agenciarse las movilizaciones como la base social que le de poder de negociación al interior del bloque dominante.

Con el anuncio de las candidaturas a la gobernación se abrió la pugna de poder al interior del PNP. En lo que va de debate quedada claro que no importa quien gane, el PNP va a continuar con la agenda neoliberal. Rosselló aparece como un advenedizo, pero con capacidad de movilizar a un sector estadista nostálgico. La figura fuerte del partido parece ser Tomás Rivera Schatz, que conoce la maquinaria y tiene vínculos con los sindicatos chupacuotas. Pero ambos utilizan un discurso populista y disputan el apoyo de los mismos sectores de la base. Esto lo podría aprovechar Pierluisi, que es candidato del capital criollo y el gran capital norteamericano, fogueado en Washington y puede trascender las fronteras del feudo estadista.

El movimiento obrero y sectores en lucha

En la actual coyuntura ningún sector del movimiento obrero, comunitario, independentismo, laboristas, ni socialistas hemos podido articular una respuesta de masas ante la avalancha neoliberal. Con el pasar de los meses la capacidad de respuesta se ha reducido de la mano del poder de convocatoria. Entendemos que en Puerto Rico, el movimiento obrero atraviesa una profunda derrota estratégica. La actual etapa de la lucha de clases se caracteriza por la crisis organizativa y poca capacidad de movilización de las organizaciones obreras en general. Se destaca sobre todo la difícil situación de las uniones más militantes del movimiento obrero de las pasadas décadas en Puerto Rico como la UTIER, FMPR y UIA. En parte se debe a la incapacidad de éstas de identificar y adecuarnos a los cambios en la composición de los sectores de la clase trabajadora en que organizamos. El acelerado cambio generacional en las principales corporaciones públicas también afecta la capacidad organizativa y de movilización de estos sindicatos. La debilidad organizativa y la poca o ninguna presencia de la izquierda socialista entre la clase trabajadora organizada empeora esta situación. El movimiento obrero se encuentra en un momento de profundo retroceso de las luchas y una crisis organizativa que no se podrá superar de la noche a la mañana.

¿Qué proponemos?

A partir del análisis del 8vo Congreso, en el MST entendemos que ante la coyuntura los socialistas y las socialistas puertorriqueñas debemos adelantar las siguientes tareas político-organizativas:

Debemos trabajar para ser referente y factor dirigente: Poner esfuerzos en colocar las ideas y propuestas anti-machistas, anti-capitalistas y socialistas en el debate del tablero político nacional. Debemos poner el énfasis en la comunicación desarrollando nuestros medios de prensa, difusión y agitación, sin dejar de lado la presencia por medio de la movilización y la acción directa. Para influenciar en qué dirección camina la lucha de clases en Puerto Rico y para tener posibilidades de aprovechar una coyuntura de crisis del capitalismo colonial debemos trabajar para aumentar nuestra presencia en los sectores estratégicos y más militantes de la clase trabajadora y el pueblo pobre que tienen el potencial para articularse en fuerza social revolucionaria.

Fortalecer los instrumentos de lucha. Las y los socialistas debemos impulsar la adecuación de los instrumentos de lucha a los cambios en la composición de clase y las transformaciones del capitalismo colonial. Proponemos trabajar para construir colectivos militantes que aglutinen a los sectores “más avanzados” en aquellos espacios que tenemos presencia (magisterio, universidad, comunitario-ambiental, feminismo). Debemos impulsar la apertura de escenarios de discusión (como foros, charlas, debates, escuelas sindicales por distrito o área, asambleas comunitarias, etc.) que fortalezcan la narrativa colectiva para reconstruir los lazos de solidaridad y pertenencia de clase. Debemos aportar a crear los fundamentos de un nuevo sentido común que permita a las mayorías ser protagonistas en la política y lo político.

Alianza para la movilización y la lucha contra la “austeridad”: Como parte de los objetivos inmediatos proponemos una política de alianzas que intente articular la movilización necesaria para disputar contra la ofensiva neoliberal. Este movimiento lo concebimos como uno amplio donde caben diversas fuerzas laboristas, sindicalistas, independentistas radicales, anti-capitalistas y socialistas. El reto está en llegar a acuerdos que permitan la coordinación para articular movilizaciones y manifestaciones de masas, pero que no implique la creación de un frente. En el MST proponemos tres puntos básicos como fundamentos para la convergencia: (1) la ruptura de todo compromiso con los partidos de los ricos (PPD-PNP). (2) Ni un centavo más para los bonistas. La exigencia de un referéndum para enmendar la constitución y declarar el no pago de la deuda. (3) Que la crisis la paguen los ricos. Que el gran capital y sus aliados del patio lleven la carga del desarrollo futuro. No más privatizaciones ni recortes a los servicios del pueblo. Establecer un impuesto permanente del 10% a la banca y las empresas multinacionales. Todo el ingreso público debe usarse para crear empleos invirtiendo en la agricultura, desarrollando la producción social y proveyéndole al pueblo los servicios que garanticen un nivel de vida justo.

Unidad de las fuerzas radicales, anti-capitalistas y socialistas: Entendemos que en la actual etapa debemos impulsar la unidad con las fuerzas (organizaciones e individuos) radicales, anti-capitalistas y socialistas para comenzar a dar pazos hacia la constitución de un polo que sirva de zapata para el desarrollo de un Movimiento Revolucionario. Para iniciar este trabajo nos hemos propuesto la elaboración de un programa socialista de transición, que nos permita identificar las coincidencias tácticas y estratégicas sobre las que realizar trabajo político-organizativo.

Construir la organización revolucionaria: Al largo plazo aspiramos a la construcción de un Partido Revolucionario de Combate que se distinga por ser una organización de cuadros para la lucha frontal contra el capital y por el socialismo, en todos los frentes y por todos los métodos. La organización que aspiramos a construir, debe estar fuertemente insertada en los principales frentes de lucha contra el capitalismo colonial, en los sectores estratégicos, los movimiento sociales (anti-patriarcal, feminista, lgbtt, legalización-medicación, etc.), las luchas ecológico-comunitarias, las resistencias culturales y aquellas que estén en proceso de surgir. Aspiramos a que en el proceso de construcción de la organización revolucionaria ésta se constituya, junto a otras fuerzas, como un Movimiento Revolucionario para la ruptura con la colonialidad capitalista.

Reconocemos que ante la actual etapa de la lucha de clases en Puerto Rico el camino que debemos recorrer es largo, pero hay una sola ruta para la victoria la organización y la lucha.

¡Construyamos socialismo!

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