Cuba: ¿de qué revolución se está hablando?

Foto del avatar

| Publicado el 1 octubre 2026

Nota Editorial: Pablo Torres Otero nos envía este ensayo dónde repasa la historia de la revolución en Cuba. Desde esa perspectiva desarrolla su análisis en cuanto a la caracterización del Partido Comunista de Cuba y la revolución cubana. En Bandera Roja nos reafirmamos que la discusión en torno a la concepción del partido y el estado cubano forma parte importante del debate sobre el socialismo al que aspiramos, que esa discusión se tiene que llevar en todo momento y que bajo ninguna circunstancia esto representa un endoso a la intervención militar, política o económica de países extranjeros sobre Cuba. Reproducimos el artículo en forma íntegra siguiendo la política editorial de debate abierto.

“El proceso revolucionario en Cuba generó enormes simpatías a nivel mundial, estremeció al continente americano y levantó expectativas de reivindicación social en amplios sectores de los pueblos latinoamericanos. Averiguar cómo una revolución contra la dictadura de Batista que enarboló importantes consignas democráticas degeneró en un régimen autoritario que ha visto marchar al exilio a más de un millón de ciudadanos frustrados por la escases y la falta de derechos, es una tarea de primer orden para los que luchamos por el socialismo en Puerto Rico.” 

    Luis Ángel Torres Torres 

“Qué nos enseña toda la historia de las revoluciones modernas y del socialismo? El primer estallido de luchas de clases en Europa: el levantamiento de tejedoras en Lyon,terminó en derrota. El movimiento cartista en Inglaterra, terminó en derrota. La insurrección de París de 1848 fue una derrota. La comuna de París resultó otra terrible derrota.El camino hacia el socialismo está sembrado de derrotas. Y, sin embargo, ese camino conduce, paso a paso, a la victoria final. ¿Dónde estaríamos nosotros sin esas derrotas?” 

      Rosa Luxemburgo 

La Revolución Cubana entre 1953 a 1961 fue un movimiento ideológico, social y político pluralista. Participaron del mismo diversas organizaciones que como oposición a la dictaduraimpulsa la democratización de la sociedad. Para ello se guiaban por un ideal nacionalista radical, antidictatorial y de alguna manera podría decirse que también era inclinado hacia formas republicanas de gobierno. Se pueden identificar dos grandes fases, cada una con sus distintos momentos.  

El periodo de “Guerra Revolucionaria” va de 1953 con el ataque al cuartel Moncada, en Santiago y el cuartel Céspedes en Bayamo. Aunque no triunfaron, la derrota no los desalentó. Estaban decididos a enfrentar a la dictadura de Batista. De ahí pasan a crear en 1955 el Movimiento 26 de Julio, (M26J), se establecen como Ejército Rebelde en la Sierra Maestra en diciembre de 1956. La Guerra Revolucionaria los lleva al triunfo y su entrada en La Habana desde la Sierra Maestra y el Escambray en enero de 1959. 

A partir de ese momento se da inicio a la segunda etapa que los lleva a la estatalización e institucionalización política. O sea, se comienza la conversión de un movimiento revolucionario para derrocar al viejo régimen e intentar crear un nuevo gobierno. Se puede identificar un periodo inicial que va de enero de 1959 a abril de 1961. Se procede a la formación de un gobierno en que participan el Partido Revolucionario Cubano, (Auténtico), el Partido del Pueblo Cubano, (ortodoxo), el Movimiento 26 de Julio, y más adelante se incorpora Fidel Castro.  

Hasta 1961 la Revolución Cubana fue una de carácter nacionalista radical popular y con una promesa de pluralidad democrática. Un rasgo distintivo y característico de ese periodo es que el mismo no es dirigido por los partidos políticos tradicionales, tampoco por los comunistas del Partido Socialista Popular. El sector que sí juega un rol destacado fue un grupo de jóvenes militarizados, muchos de ellos salidos de la universidad e incorporados al Ejército Rebelde a través del M26J. Contaban con el apoyo de múltiples sectores sociales y organizaciones tanto en sectores rurales, como en los espacios urbanos de las ciudades. Sabían que su triunfo no fue el resultado de una organización partidista o de algún proceso electoral, saben que su victoria nació del poder del fusil. 

Cuando el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro, entre otras figuras, entró a la Habana no tenían puta idea del derrotero que habría de seguir el proceso revolucionario que habían desatado. Existen datos históricos que apuntaban a esa conclusión: el Programa del Movimiento 26 de Julio, (M26J), había levantado algunas reivindicaciones nacionales que giraban básicamente en torno al derrocamiento de Batista, junto a esta, la Reforma Agraria y la restauración de la Constitución de 1940. A su vez, el derrocamiento de la dictadura batistiana se asumía abría las puertas a formas democráticas de gobernanza, pluralidad partidista y la convocatoria a elecciones libres. 

Distinto a otras revoluciones sociales, el Ejército Rebelde no había logrado incorporar a su accionar a las grandes masas del pueblo cubano. En su más alto momento nunca rebasó los 1,500 efectivos al proceso de lucha contra la dictadura. A la par del accionar guerrillero se producían protestas y movilizaciones en las ciudades que complementaban la lucha contra la dictadura. 

Un país en el que las clases trabajadoras carecen de derechos a criticar al gobierno: el derecho a hablar y escribir libremente; a publicar boletines, manifiestos, periódicos; a organizar grupos, partidos diversos y distintos; elegir de manera democrática a sus gobernantes con sus consabidos procesos de remoción, (revocación de cargos), de personas electas; a organizar caucus y/osindicatos independientes del Estado y del partido de gobierno; a decretar huelgas, paros y protestas para impulsar procesos de justicia, libres del control abusivo del gobierno; sin esos derechos básicos, entonces no se trata de un gobierno de las clases trabajadoras, mucho menos de un gobierno socialista. Por desgracia ese es el caso de la revolución en Cuba. 

Desde el principio mismo de la revolución en el poder, se habían sucedido diversas instancias de resistencia popular ante las medidas autoritarias decretadas desde la cúpula dirigente ante una realidad de: insuficiente producción de alimentos; industrias muy débiles económicamente hablando; casi inexistencia práctica de una industria pesada; a esto se le suma la constante improvisación a través de los llamados “Proyectos Especiales” junto a sus constantes y consecutivos fracasos; deficiencias en la planificación económica. Se intenta compensar las mismasincrementando la explotación de las clases trabajadoras del campo y la ciudad. 

Para ello se despoja a los trabajadores de sus derechos laborales; se prohíben los sindicatos “libres e independientes” con respecto a la cúpula en el poder y el Estado; se cuasi militariza la gestión en las fábricas y la producción en todos los niveles del funcionamiento de la economía. Entonces surgen los llamados a que los trabajadores y el pueblo superen las metas de produccióntrazadas por la dirigencia militar-política; se amplían las jornadas laborales entre 10 y 14 horas de trabajo diarias. Esto se complementa con el trabajo a destajo, el Código de Trabajo decretado que incrementaba las medidas disciplinarias para meter en cintura a las clases trabajadoras desobedientes, y la brillante e innovadora idea esclavizadora llamada trabajo voluntario. 

Ante esta situación opresiva, la indisciplina laboral se desata como expresión de resistencia de las diversas clases trabajadoras del campo y la ciudad. Y esto es una situación que va en vaivén con alzas y bajas a través del curso de toda la historia de esa llamada revolución. Entonces hablar de socialismo en Cuba es cuando menos un intento de autoengaño. Lo que se inicia como un proceso revolucionario democrático prometedor termina, más temprano que tarde, (a partir de1965), convirtiéndose en un régimen opresor que habilita la implantación de un capitalismo de estado regentado por una dictadura vil y criminal, bajo la dirección del partido único, el Partido Comunista. 

Resulta evidente que ese régimen que se consolida en Cuba no tiene nada que envidiarles a sus socios de las extintas Union Soviética y el llamado bloque socialista del este de Europa. En esos regímenes no existía democracia política, la igualdad económica y social que se promulgaba es un mito. Por más que uno busque una justificación teórica-política-ideológica para no quedarse sin paradigma socialista, la realidad de un régimen dictatorial de Partido Único destruye toda esperanza en una sociedad nueva y justa, mirando al porvenir. 

La solidaridad es un principio universal que no se detiene ante las fronteras nacionales, mucho menos ante las fronteras mitológicas que se invente alguna revolución. De ahí la importancia de no dejar en el olvido esa solidaridad con las clases trabajadoras y el pueblo de Cuba. Las izquierdas y gentes progresistas del resto del mundo han sido muy efectivas en la solidaridad con el gobierno cubano y promocionando su revolución.Pero a la misma vez, se ha sido incapaz de criticar y/o hasta condenar los atropellos y las injusticias que contra ese pueblo ha desatado elmismísimo régimen surgido de la revolución. 

Esas injusticias “revolucionarias” se pueden ver cuando te obligan a ser miembro de alguna organización política, social o sindical y aceptar “de manera voluntaria” las órdenes patronales de la CTC; a tener por directriz del sindicato estatalizado que madrugar los sábados y domingos para “ofrendar a la Patria y a la Revolución” jornadas enteras de trabajo voluntario. De no aceptar ser parte de esas jornadas de “trabajo voluntario” se corre el riesgo de que te impongan el mote de “inconformes, vagos y antisociales” y de esta forma terminan limitando tus derechos a través de una libreta de jornalero que básicamente promueve salarios de hambre, el más estricto racionamiento de los alimentos, y unas deplorables condiciones de trabajo.  

Mientras esto se convierte en la realidad del día a día que la revolución les impone a las clases trabajadoras y al pueblo cubano, para los comandantes y directivos del M26J, del MINFAR y el MININT es otro el cantar, tienen y comen todo en sus restaurantes exclusivos y particulares, viven a todo lujo y el único racionamiento que practican es el de la humildad. 

La falta de experiencia revolucionaria junto a las complejas condiciones económicas y sociales que enfrentaba el país luego de la huida del dictador Batista apuntaba hacia la constitución de un gobierno provisional amplio y plural que integrara diversos sectores políticos del país. El Movimiento 26 de Julio no se concebía a sí mismo como un partido de gobierno, sino como una especie de garante de las aspiraciones del pueblo cubano ante el vacío político y moral de en quién confiar el porvenir del país. 

De ahí que en un principio Fidel Castro planteara que él no pretendía gobernar el país. Que su meta era contribuir a sentar las bases para un gobierno democrático que adecentara la vida política y comenzara a cumplirle al pueblo. Nunca quedo claro si, una vez estabilizado el país, Fidel se hiciese a un lado y facilitaría la conformación de un nuevo gobierno. 

La “luna de miel” del nuevo gobierno comienza a desmoronarse rápidamente producto de sus propias contradicciones. Los sectores liberales querían promover la democracia burguesa y limitar el alcance de las conquistas sociales, por otro lado, amplios sectores del pueblo motivados por el entusiasmo del momento revolucionario y alentados por los sectores más radicales del M26J, el Partido Socialista Popular, y el Directorio Revolucionario, comienzan a presionar para que se cumplan las promesas que se habían impulsado: creación de empleos, reforma agraria y la democratización de la vida política en el país.  

Los choques de esa diversidad de visiones e intereses económicos y políticos no se hicieron esperar. El gobierno provisional enfrentaba así la dualidad de poder representado por el gabinete de gobierno, por un lado, y por el otro lado el Ejército Rebelde encabezado por Fidel Castro. Surge de esta manera el fidelismo como expresión política de los elementos más radicales de la revolución cubana. Basta señalar una consigna como ilustración: “Fidel, Fidel, ¡qué tiene Fidel, que los americanos no pueden con él!”. 

Así surge la figura de Fidel Castro como el líder máximo de la revolución. Ya desde la Sierra Maestra se había convertido en una figura legendaria de magnetismo y de oratoria que le otorgan una presencia destacada como a ningún otro líder. Los cubanos comienzan a ver a Fidel como esta persona que lo había sacrificado todo por la lucha que impulsaba; que había desafiado a Batista y ante todo al monstruo del norte. Se demostraba así que un pequeño país que había estado sujeto a los vaivenes de los grandes imperios podía levantarse y construir su propio camino. Fidel Castro y su corillo de rebeldes le devuelve al pueblo cubano su autoestima convirtiéndose de esta manera en el líder indiscutible de la revolución. 

El gobierno provisional comienza a tomar medidas para cumplir con las promesas hechas y afianzar su poder en la sociedad cubana. La primera medida que se adopta es acabar con la herencia y los reductos de la dictadura de Batista en el país. Las diversas instituciones de gobierno heredadas fueron purgadas en una intensa campaña, que no siempre estuvo libre de arbitrariedades y atropellos, para acabar con los remanentes de la dictadura de Batista. 

Se reorganiza la policía bajo el liderato de componentes del M26J. Se pasa a reorganizar el ejército. Se fusiona al viejo ejército con el Ejército Rebelde partiendo de la idea de que la patria necesita un ejército comprometido con la Revolución que la defendiera de cualquier ataque externo o interno. En ese proceso varios oficiales de alto rango del ejército de Batista pasan a ser oficiales del ejército revolucionario. El peso particular de la presencia militar en la estructura de gobierno de la revolución es el hecho de que por regla general los gobernadores de las provincias eran comandantes u oficiales designados por el Ejército Rebelde. 

El 9 de enero de 1959, Fidel Castro señaló que en Cuba se celebrarían elecciones dentro de un periodo de 15 meses o menos.  Luego, el 13 de enero ante el Club de Leones, señaló que la constitución no sería sustituida, sino ajustada. La existencia misma del gobierno provisional sin Asamblea Legislativa era un ajuste a la constitución. Los ajustes a la constitución y las nuevas leyes se establecían mediante decretos. Se convertía en costumbre el gobernar a través de decretos. 

El 7 de febrero el gabinete aprobó lo que vino a ser la ley fundamental de la república: el gabinete fue investido con funciones legislativas. Esto significaba que, por su cuenta, además de decretar toda suerte de leyes, podía alterar la constitución. Esta pasa a ser una medida de importancia trascendental, pues de ahí en adelante la revolución que había prometido la realización de elecciones en menos de 15 meses y se había comprometido con la democracia para el país, se encaminaba hacia un giro autocrático de gobierno. Este giro autocrático de gobierno lejos de debilitarse vino a consolidarse en los años venideros.  

El gabinete del gobierno provisional se convierte en una especie de amuleto de adorno, (sello de goma), pues el poder real lo ejercía Fidel Castro y sus más cercanos colaboradores del M26J, particularmente del Ejército Rebelde. Fidel es nombrado primer ministro del gobierno y es investido de amplios poderes para desempeñar como tal. Raúl Castro pasa a ser comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, siendo el primer miembro del gabinete identificado abiertamente como socialista. Algunos de los primeros decretos fueron: la disolución del Congreso batistiano; la abolición de los partidos políticos que habían colaborado con la dictadura de Batista; la disolución de los tribunales de lo criminal; prohibición de hacer vida política a personas que habían sido candidatas y participaron de las elecciones de 1954 y 1958; se congelan las cuentas bancarias de los batistianos. 

En el mes de marzo se toman varias medidas de mucha importancia que contribuyeron a mejorar las condiciones de vida del pueblo, entre otras: las rentas de las casas menores de $100 fueron reducidas a la mitad; las rentas más altas fueron reducidas entre 30% y 40%; los dueños de los locales vacíos fueron obligados a venderlos al Estado o a personas interesadas en construir o comprar una casa; el gobierno interviene la Compañía Telefónica y reduce sus tarifas; se renegocian casi todos los convenios colectivos entre enero y abril de 1959; se establece la obligación de tener una licencia para la importación de más de 200 artículos de lujo; se crean mecanismos para el control de la evasión fiscal y aumentar los recaudos del Estado. 

En abril una delegación cubana encabezada por Fidel Castro da un viaje a Estados Unidos. Fueron invitados por la Asociación de Dueños de Periódicos Americanos a dar una serie de conferencias en Washington, también se reúne con el vicepresidente republicano Richard Nixon. En entrevistas de radio y televisión al preguntársele a Castro acerca de cuál era la ideología de la revolución cubana y si sus dirigentes eran comunistas, Fidel contesta de manera categórica: que la revolución cubana no era comunista ni pretendía serlo, que la ideología de la revolución era algo así como nacionalista democrática y que no tenía nada que ver con el comunismo. 

El Programa de la revolución como había sido definido desde el ataque al cuartel Moncada en 1953 y durante la guerra revolucionaria reafirmaba las palabras de Fidel en cuanto a definir el carácter de la revolución. Ninguna de las medidas tomadas por la revolución, hasta ese momento, tenía que ver con el socialismo, tampoco se había hecho pronunciamiento público alguno que se pareciera en algo a medidas socialistas.  Aunque Raúl o el Che se consideraban socialistas, esto no debía entenderse como que la revolución lo fuera. Mucho menos había que interpretar que las crecientes tendencias autoritarias del gobierno cubano implicaran un sesgo hacia el socialismo. 

En una entrevista por televisión el 21 de mayo de 1959, Fidel Castro explicaba que “la revolución cubana era una diferente al capitalismo, que mataba por hambre, y diferente del comunismo, que suprime las libertades tan queridas por el hombre”. Añadía que: “la revolución cubana será tan autóctona como la música cubana y se caracterizará por el humanismo. No será de izquierda ni de derecha, sino un paso al frente. Su color no será rojo, sino verde olivo, el verde olivo del uniforme rebelde”. 

Se vale destacar que, para el gobierno republicano de Eisenhower, sobre todo para un grupo de sus componentes encabezados por el vicepresidente Richard Nixon y la Agencia Central de Inteligencia, CIA, a partir de la visita de Castro a Estados Unidos, se habían convencido de que Fidel era un peligro para los intereses americanos en Cuba, y se disponían a organizar preparativos para intentar derrocar a Castro y liquidar su revolución. Para estos señores del norte todo lo que no encajara en su particular y estrecha visión de mundo era considerado como comunismo y no querían correrse ningún riesgo. Sectores de la opinión pública influenciada por las corporaciones norteamericanas estaba temeroso de que las nacionalizaciones realizadas por el gobierno cubano pudieran traer algún riesgo para sus “intereses estratégicos” en Cuba. 

Los problemas sociales que padecían las clases trabajadoras del campo y la ciudad en Cuba estaban directamente relacionados al dominio del imperialismo norteamericano. Por lo tanto, cualquier reforma o medida económica que intentara ir más allá de simples medidas de democratización iba a chocar directamente con el capital gringo e iba a provocar un deterioro de las relaciones con el gobierno de Estados Unidos, que siempre se había visto a sí mismo con el derecho a considerar a Cuba como su patio trasero. 

El gobierno de Washington había sido el soporte principal de la dictadura batistiana. Durante la guerra revolucionaria de 1956-1959 comienza a cambiar y a ver en Batista un estorbo para sus intereses económicos y políticos en Cuba. Y aunque no promovieron al M26J, tampoco les puso obstáculos. Tan pronto triunfa la guerra revolucionaria Washington intenta pasarle factura al nuevo gobierno surgido de la revolución. Pensaron que podían doblegar al nuevo y joven gobierno. ¡Tremendo error de juicio! 

El 17 de mayo de 1959 se firma la Ley de Reforma Agraria. Esta era una de las principales y más importantes promesas que había hecho el M26J y que servía de inspiración a la guerra revolucionaria. Hablar de reforma agraria se veía como uno de los grandes desafíos a los latifundistas criollos y a los intereses imperialistas en el país. Las corporaciones azucareras norteamericanas no se iban a quedar de brazos cruzados, pelearían para defender “su propiedad e intereses económicos”. 

El cambio en la estructura de la tenencia de tierras era el problema más apremiante para las corporaciones norteamericanas. En otros países se habían operado reformas agrarias másradicales y con mayor profundidad en contenido que la que se llevó a cabo en Cuba. Para las corporaciones extranjeras el problema estaba planteado en términos de que se limitaba o imposibilitaba su injerencia en el desenvolvimiento de la vida económica y política de Cuba. Ahí radicaba su incomodidad con la reforma agraria y otras medidas de expropiación que la revolución cubana veníaimplementando. 

Llama la atención el hecho de que el énfasis de la reforma agraria se pone sobre el rol estatal y de propiedad colectiva. En cuanto a compañías azucareras, solo empresas cubanas podían ser dueñas de centrales, molinos y plantaciones de cañas simultáneamente. Solo empresas cubanas podían comprar nuevas tierras. A diferencia de la reforma agraria promulgada e 1958 en la Sierra Maestra donde se establecía que la tierra confiscada se distribuiría entre quienes la cultivaban, la reforma que se decretó ponía el énfasis en la posesión estatal o colectiva de la tierra. Este cambio obedece a un nuevo convencimiento de que la división en parcelas tendría un efecto negativo sobre el crecimiento económico en la agricultura. Aquí se podría establecer la conveniencia y facilidadde plantear políticas económicas sobre grandes posesiones estatales y/o colectivas y no tener que mediar con decenas de miles de pequeños propietarios. 

El mensaje fue directo y las corporaciones extranjeras junto a los latifundistas criollos lo captaron de manera clara. De ahí su reacción de oposición por parte del mundo empresarial nacional y extranjero. El gobierno provisional revolucionario venía a exigir su participación en ese proceso económico y tenia los instrumentos políticos, jurídicos-legales, además de la voluntad para hacerlos valer. A través de la reforma agraria se creaba el marco político-legal en que se iban a desarrollar las próximas batallas de la revolución frente a las grandes empresas extranjeras. De ahí la ira y el coraje en la reacción del mundo empresarial, de las centrales azucareras, los grandes ganaderos y dueños de la tierra.  

Pero la reforma agraria y sus implicaciones políticas también afectaría a sectores en torno al gobierno provisional revolucionario. Los más radicales en el M26J identificados con la línea y dirección política de Fidel aprovechan la situación creada por la reforma agraria para implementar una reestructuración del poder político para que respondiera a la nueva recomposición de las fuerzas políticas de poder al interior de la revolución. Surgen choques y enfrentamientos políticos que van moldeando una especie de ideología de “revolución asediada”, de “conspiración permanente” y surge el estigmatizar a la diferencia como “contrarrevolucionarios al servicio del imperialismo yanqui”. Por decreto se enmienda la constitución para habilitar la pena de muerte. Comienzan a soplar vientos muy fuertes con tufo y hedor a dictadura. 

Un caso distintivo en este ambiente dictatorial es el caso del comandante Huber Matos. Este comandante da signos de inconformidad “con el giro comunista” que veía que tomaba la revolución. Matos renuncia como gobernador militar de la Provincia de Camagüey, aunque seguía apoyando a Fidel Castro. La reacción de Fidel fue de cólera contra Matos, ya que su renuncia, a pesar de las grandes diferencias, afectaba la proyección política de la revolución, pues abría un flanco de desunión y debilidad. 

Se acusa a Huber Matos poniéndole el mote de contrarrevolucionario y de conspirar para afectar la implementación de la reforma agraria y por lo tanto al gobierno y su revolución. Con Huber Matos se oficializa la implementación de procesos judiciales para atender diferencias políticas al interior del campo revolucionario. Este caso hace recordar las purgas estalinistas de Moscú.Es para asustar al más bravo, sembrando el terror contra cualquiera que albergara alguna idea de pensar fuera de la línea política de la revolución, entiéndase la línea fijada por Fidel Castro. Si Huber Matos que, junto a Fidel, el Che y Camilo Cienfuegos con el grado de comandante de la revolución, ganado en combate durante la guerra revolucionaria, fue acusado sin pruebas, y no tuvo un juicio justo, qué puede esperar de esa revolución el ciudadano común y corriente. 

Es evidente que no se trataba de una mera tendencia autoritaria debido a condiciones particulares o escaramuzas del momento. Tampoco se trataba de un error de juicio al calor del debate político provocado por el cerco y/o asedio a la revolución como sugieren algunos por ahí. Había que estar de acuerdo con el líder de la revolución. “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada” esa es la línea de demarcación al interior de las filas revolucionarias. Quince a veinte años más tarde se reconoce tímidamente como un error esa máxima que como bandera enarboló la revolución. ¿Y los veinte años de prisión a que Huber Matos fue condenado quién los compensa, quién los repone, quién se hace responsable? Y la persecución, el enviar a la cárcel y/o al exilio a decenas de miles de disidentes a quienes se les acusó de “contrarrevolucionarios agentes del imperialismo”, ¿quién se hace responsable por esa barbarie? 

El ambiente de intolerancia con la diferencia sigue en ascenso. Mucha gente lo justificaba y lo justifican hoy debido a las circunstancias particulares que vive la revolución: por favor “no olviden que la revolución está bajo asedio” y que “Cuba está en guerra permanente con Estados Unidos”. Entonces a la cúpula revolucionaria se le ocurre que hay que controlar la opinión pública. Silenciar a la prensa para acallar y aplacar cualquier disidencia es la orden del día. Se cierran los principales rotativos del país, así como estaciones de radio y televisión. A esto se suman las intensas campañas del exilio bajo el auspicio de la CIA con miras a desestabilizar al gobierno y provocar un golpe de estado. Estas campañas tienen el nefasto efecto de nublar el entendimiento en cuanto a protestas y reclamos justos. 

Al silenciar a la prensa, a la vez se buscaba silenciar toda posible protesta o reclamo de justicia. Una revolución que entre otras cosas se proyectó como la voz de los perseguidos por la gendarmería de Batista termina copiando y emulando las mismas atrocidades que había denunciado. Esto crea a la vez un inmenso vacío que afecta a la revolución misma en la medida en que la censura imposibilita el pensarse de manera crítica. Una revolución que es incapaz de pensarse a sí misma de manera crítica ya no debe llamarse revolución. De esta manera la revolución a través de la censura elimina el oxígeno necesario que necesita para poder continuar con vida.  

La crítica y la duda son parte de las fuentes principales del pensamiento. Una revolución que se niega a pensar, lo que estimula es la ignorancia, y termina convirtiéndose en una productora y reproductora de gente ignorante y bruta. Esto lo logra al destruir uno de los elementos fundamentales de su humanidad, la capacidad de pensar, que distingue a los seres humanos del resto de los animales. A los censores “revolucionarios” se les escapó también que estaban matando la esencia intelectual que alertaría a la revolución de sus errores, excesos y atrocidades, a la vez que le recordaría a la revolución los principios que le dieron origen y sentido. 

El movimiento sindical con sus tradiciones de organización de las luchas de las clases trabajadoras es quizás el primero en sufrir el proceso de purgas tendientes a su neutralización que lo prepara para la absorción por la cúpula dirigente y el Estado. La reacción del movimiento sindical el primer año del triunfo de la revolución oscilaba entre el entusiasmo y los reclamos al confrontar al nuevo gobierno con huelgas y protestas exigiendo aumento de salarios y mejores condiciones de trabajo. El mismo Fidel tuvo que intervenir públicamente y pedirle calma, paciencia y queentendieran que para asegurar el futuro de la revolución había que sacrificarse ahora. Lejos de impulsar las luchas de los trabajadores el gobierno revolucionario identificó la insurgencia obrera como algo negativo y comenzó a desalentarla, por un lado, a la vez que por el otro lado intenta maniatarla incorporando a sus organizaciones a lo que eventualmente, (1965 en adelante), vino a ser el engendro del Partido-Estado. 

El gobierno utilizó dos vías para controlar al movimiento obrero: uno, sacar de la dirección al liderato que no le era fiel y dócil; y dos, sustituirlo por ciegas marionetas afines a la revolución. Llenaron así las cupulas sindicales con adeptos y entusiastas fidelistas que seguían sin cuestionar, ni pensar las directrices de la cúpula dirigente y el Estado. Una vez tomaron los sindicatos dejaron de reunir asambleas y esquivaron hacer reuniones o actividades donde las bases trabajadoras de los sindicatos pudiesen traer reclamos salariales, de condiciones de trabajo y sobre su participación en las decisiones de la política sindical. Donde no pudieron suplantar a los dirigentes sindicales acudieron a la fuerza represiva del Estado para llevar a cabo tomas hostiles de esos sindicatos porque según el mejor “juicio político de la revolución” estos lideres obreros o sindicales habían sucumbido ante el imperialismo y la contrarrevolución. 

Ya domesticados los sindicatos le llegó el turno a la universidad que había sido un foco histórico de agitación y rebeldía estudiantil. La Federación Estudiantil Universitaria, (FEU), habíasido un factor importante en las luchas contra la dictadura de Batista, ofrendando no pocos mártires a la revolución. Muchos integrantes del M26J y del Directorio Estudiantil habían sido aportados por las luchas universitarias. Aunque la revolución contaba con gran apoyo en la universidad, como era de esperar, florece también allí el descontento con la revolución y sus estilos autoritarios de gobernanza. Al ir formando una concepción única, monolítica, de la revolución, ésta encuentra oposición y resistencia entre grupos de estudiantes.  

Por lo tanto, había que habilitar un proceso de depuración, purga y reeducación de los universitarios. Este tenía que comenzar por la FEU, tenían que asegurarse que el liderato estudiantil fuera leal y dócil al gobierno y a la revolución. Más aun, que el liderato estudiantil se prestara para limpiar la universidad de estudiantes y profesores sospechosos de actividadescontrarrevolucionarias de los agentes del imperialismo. El operativo de purificar la universidad estuvo a cargo de Raúl Castro, comandante en jefe del Ejército Rebelde. Y así la revolución toma por asalto la universidad militarizando la misma. Es interesante que como preludio al Año de la Educación se produce la liquidación de la vida intelectual y cultural en la universidad de la Habana. 

Como se ha señalado anteriormente, Fidel Castro negaba de forma enfática que la revolución cubana fuera socialista o tuviera algo que ver con el socialismo. Fidel negó, como Pedro a Jesús, que él mismo fuera comunista. En julio de 1961 Fidel da a entender otra cosa al decir: “Si cualquiera de nosotros se hubiese parado en el Pico Turquino en la Sierra Maestra y hubiese gritado que era socialista, nunca hubiésemos hecho la revolución.” Entonces, o Fidel miente descaradamente intentando reescribir la historia, o fue un oportunista que ocultó su verdadera ideología y su verdadero propósito con la revolución como alegan sectores del exilio cubano. Habría que buscar en los rincones y vueltas que da la historia para intentar comprender las complejidades y contradicciones de esa lucha guerrillera y de esa revolución. 

Si alguien desea a modo de referencia buscar el eterno debate entre Rosa Luxemburgo y Lenin acerca de la concepción de partido, bienvenido sea. La importancia de ese debate trasciende la concepción de partido y apunta hacia como el marxismo veía la concepción misma de la revolución socialista. Si esta se daba en función de la actividad de un partido conspirador al estilo jacobino que hace la revolución en nombre de las masas, o si la revolución socialista, para serlo en sentido real, tenía que ser obra y ejecución de las clases trabajadoras por sí mismas. Para lo cual contaban con su propia organización gremial, concejal o política, y con elementos organizados en partidos y organizaciones socialistas y revolucionarias. 

La gran peculiaridad de la revolución cubana pudiera identificarse en la ausencia de ese partido leninista-jacobino en el proceso revolucionario. El partido estaba muy cómodo, sentado en el balcón tomando café mientras la revolución pasaba frente a su casa. El Partido Comunista Cubano, en los años 40 en medio de la más descarada sumisión de clases, se cambia el nombre a Partido Socialista Popular y se encontraba empantanado en la más absoluta colaboración con el régimen dictatorial de Batista. 

Desprestigiado por la vil colaboración con el tirano Batista con la participación de Juan Maienello y Carlos Rafael Rodríguez como ministros sin Cartera en el Gabinete del dictador, el PSP se levantó a repudiar el ataque al Cuartel Moncada como un acto de aventurerismo pequeño burgués que perjudica al proceso revolucionario en Cuba. Cuando el desembarco del Granma en 1956 una vez más el PSP en su colaboración con la dictadura de Batista se distancia del alzamiento rebelde. Su política de colaboración con la dictadura batistiana lo cegaba y no le era posible una conexión con la realidad hasta que el triunfo de la guerra revolucionaria les pasó de frente y los dejó atrás y marginados del proceso revolucionario.  

Se debe dejar en claro que miembros del PSP en su carácter individual participaron tanto de la guerrilla como de las protestas y movilizaciones en el país. Un grupo estuvo activo junto al Che, a la vez que en 1958 Carlos Rafael Rodríguez se moviliza a la Sierra y colabora con el M26J. Mientras esto ocurría la dirección oficial del PSP seguía distanciada y desconfiando de los rebeldes pequeñoburgueses y aventureros. A partir de enero de 1959 el PSP da un apoyo crítico a la revolución triunfante de los barbudos. En febrero, ante una pregunta a Fidel sobre dónde estaba el PSP durante la revolución su respuesta: “Estaban debajo de la cama”. 

Esa distancia entre el M26J y el PSP va poco a poco cambiando según avanza la revolución. El PSP era el partido mejor organizado en Cuba, tenían estructuras partidarias a lo largo y lo ancho del país; su liderato tenía mucha experiencia política además de contar con intelectuales y cuadros políticos con preparación en diversas áreas profesionales de utilidad para la revolución, profesores, economistas, médicos, ingenieros entre otros); contaban con medios de prensa propios de circulación en todo el país; tenían buenos y estrechos vínculos con el movimiento sindical y una buena base obrera entre su membresía.  

Establecieron escuelas de desarrollo de cuadros políticos que a su vez contaban con profesores experimentados. Y, por último, tenían estrechas relaciones con el Partido Comunista de la Union Soviética, el Partido Comunista de la República Popular China y con los partidos gobernantes de los demás países que se autodenominaban como socialistas. En la medida que se acrecienta el deterioro de las relaciones con Estados Unidos, Cuba necesitaba establecer y desarrollar relaciones económicas y comerciales que permitieran llenar el vacío que dejaba la ausencia del comercio con ese país.  

La entrada triunfal de los barbudos al gobierno llega como fenómeno renovador y transformador. No se debe olvidar que el mismo sucede en el marco internacional de la Guerra Fría,Estados Unidos a la cabeza del mundo capitalista y la Union Soviética a la cabeza del bloque socialista. Se disputan a los países como áreas y campos de influencia en el tablero mundial. Cualquier movimiento o cambio en algún país más temprano que tarde acaba sometido a la lógica de la Guerra Fría y sería atraído a uno de los polos en disputa. Así, el juego político interno en Cuba se ve influenciado y matizado por el diferendo entre Estados Unidos y la Union Soviética. 

Entonces una revolución nacionalista que aspiraba a la pluralidad democrática con profundas transformaciones económicas y sociales, de momento se ve “empujada” a tener que alinearse del lado de alguno de los bloques mundiales contendientes. La reforma agraria junto a la política de expropiaciones de empresas extranjeras que comienza a implementar el gobierno provisional crea una reacción de enfrentamiento y choque frente al gobierno norteamericano. Surge la tensión entre el interés de independencia y defensa de la soberanía cubana y el interés de los norteamericanos de detener esas políticas porque según ellos va contra los intereses políticos y económicos de sus empresas y su presencia en Cuba. Tanto en Cuba como a nivel internacional se enfrentan fuerzas y movimientos que la impulsan a moverse hacia el socialismo a la vez que otras fuerzas la atraen hacia el capitalismo. El 4 de febrero se firma un acuerdo comercial entre Cuba y la Union Soviética.  

Durante el año de 1960 se establece una colaboración entre el M26J y el PSP para la formación de cuadros políticos. Poco a poco se comienza a ver en la Union Soviética una aliada frente alos Estados Unidos. La influencia de Che Guevara y Raúl Castro, ambos defensores del socialismo, facilita la integración de socialistas al gobierno y el giro de simpatías a opciones socialistas para Cuba. Cuando el Che hablaba de Cuba la definía como una de “socialismo con pachanga”. 

El 4 de marzo de 1960 se produce la explosión del barco francés La Coubre que se encontraba en La Habana. Fidel acusa a la CIA como responsable de la explosión. El 8 de mayo Cuba establece relaciones diplomáticas con la URSS. Estados Unidos recorta la cuota de compras a Cuba. La URSS se ofrece, (9 de julio), a comprarle a Cuba todo el azúcar que Estados Unidos no compre. El 23 de julio Cuba firma un acuerdo comercial con la República Popular China. El gobierno de Cuba nacionaliza 36 centrales azucareras, las refinerías y la compañía telefónica. El 15 de octubre el gobierno nacionaliza 382 grandes empresas incluyendo bancos cubanos y extranjeros. El 19 de octubre el gobierno de Estados Unidos comienza a barajar medidas que culminan en el embargo comercial contra Cuba. 

Es en medio de toda esa ebullición económica y política que se produce la invasión de Bahia de Cochinos. Se trataba de un intento “democrático” al estilo norteamericano de derrocar al joven gobierno cubano. El 17 de abril de 1961 la Brigada 2506 compuesta por 1,500 soldados que en su mayoría eran cubanos exiliados desembarcaron en Playa Girón al sur de la isla. Varios díasantes aviones de combate preparados por la CIA y bajo su auspicio habían bombardeado algunas ciudades en Cuba, entre ellas La Habana y Santiago. De la base de USA en la isla municipio de Vieques, de Panamá y Guatemala salieron soldados y equipo militar como apoyo a la invasión. 

La invasión provoca una mayor unión del pueblo cubano y el gobierno revolucionario. Efectivos del Ejército Rebelde repelen la invasión capturando a la mayoría de los invasores, (1,200).Con la invasión de Bahia de Cochinos queda muy mal parada la política exterior norteamericana. Al coger como excusa para la invasión la falta de democracia que se estaba perfilando en Cuba demostró la hipocresía de la política exterior yanqui cuando habían apoyado las dictaduras de Batista, Trujillo, Somoza, Stroessner y otros personeros latinoamericanos.  

Fidel Castro concluye que el gobierno de Estados Unidos había etiquetado a su gobierno provisional como enemigos. De ahí, como acción protectora ante posibles nuevos ataques por parte de los norteamericanos, procede a declarar que su revolución es socialista. De esta manera se buscaba de alguna forma la ayuda y protección por parte del gobierno soviético y el bloque socialista. 

La invasión de Bahia de Cochinos también provoca que el gobierno cubano se mueva a nuevas posiciones políticas. Además de reiterarse en el antiimperialismo, en el entierro de las víctimas del bombardeo en la Habana y Santiago, Fidel Castro plantea: “Eso es lo que no pueden perdonarnos: que estemos aquí, en sus narices, y que hayamos hecho una revolución socialista en las mismas narices de los Estados Unidos.” Y así, de buenas a primeras, o de la nada como dirían en mi campo, el pueblo cubano y el mundo se enteran de que la revolución cubana es socialista. 

Socialismo por decreto, como venía gobernando la revolución cubana. Sin consultar a nadie, sin Asamblea o Congreso de organización alguna en medio de una revolución democráticanacionalista, el pueblo cubano y el mundo se enteran de repente de que en verdad se trata de una revolución socialista. Y como se había establecido desde principios de 1959 la revolución está bajo asedio y a nadie le está permitido opinar de manera diferente a lo que establezca la dirigencia revolucionaria, en este caso, para ser más exacto, lo que diga el líder supremo, como dirían los chinos. Y así es que se crean y habilitan los caudillos y los dictadores. 

A partir de ahí se les da impulso a políticas de estatalización, militarización y sovietización; se comienza a impulsar lo que sería más tarde el partido único que regirá las riendas de la revolución y estableciendo el engendro de Partido-Estado. La revolución nacionalista radical con una promesa de pluralismo democrático se movía al establecimiento e implantación del modelo de socialismo soviético burocratizado y militarizado. El Partido-Estado cubano duplica el modelo político basado en un poder que se articula desde la disciplina, la vigilancia y la represión. La desconfianza y la paranoia política abren paso a las arbitrariedades y atropellos de un poder obsesionado con las expresiones públicas, ante todo las culturales, esto significaba que los derechos de los artistas quedaban bajo el tutelaje del Partido-Estado. De esta manera se justificaba el control estatal sobre la vida y las expresiones culturales. 

“Es interesante hacer notar que esa lista de medidas revolucionarias se refiere a cosas que el gobierno o el estado hizo o comenzó a hacer. La orientación es del estado hacia el pueblo; en ningún momento se nos habla de que los obreros hayan tomado las fábricas y hayan creado organismos de dirección política y gestión económica, ni que otros sectores del pueblo como los campesinos y los estudiantes se hayan movilizado para tomar en sus manos la tierra y las universidades respectivamente para administrarlas de manera autogestionaria. No hay duda, entonces que la declaración como revolución socialista en Cuba es un caso claro de “socialismo de estado”. Un decreto de carácter paternalista a nombre del pueblo, donde, por tanto, distinto a otras revoluciones no estaba planteada la eliminación del estado, si acaso su fortalecimiento.” (Luis Ángel Torres Torres, Había una vez una revolución, 2002 pág. 18). 

Un reto extraordinario que tenía que enfrentar la revolución cubana recién autoproclamada como socialista era si iba a seguir siendo un faro de esperanza no solo para el pueblo cubano y los pueblos de Latinoamérica, sino también para los miles de socialistas y revolucionarios del mundo decepcionados con el socialismo burocrático del bloque soviético. No tardó en resolverse ese dilema. La revolución cubana, tras dos o tres años de proceder mediante un gobierno autoritario que operaba con decretos se encaminó a implementar las mismas concepciones y modelos que se habían establecido en la Union Soviética y los países del este europeo. Esta línea de implementar el socialismo llevó a Cuba a una especie de callejón sin salida: una revolución burocratizada bajo el más estricto y férreo control de los militares. Hay quienes dicen que se trata de militares revolucionarios. Pienso que quienes así lo afirman no deben olvidar que primero son militares y a ese interés primario van a responder siempre. 

Aquí se vale un breve paréntesis. El Che Guevara entendía que la revolución cubana tenía la tarea impostergable de ir sentando las bases para construir una economía diversificada. Su convencimiento partía de la premisa de que esa era la manera más eficaz y segura de que la revolución pudiera brindar la posibilidad de atender las necesidades básicas de la población a la vez que garantizaba su independencia política y su soberanía económica. Cuando el gobierno cubano se asocia con los soviéticos el énfasis de los acuerdos comerciales era de que Cuba le supliría azúcar al bloque soviético y estos cubrirían las necesidades del pueblo cubano y su gobierno. 

Esto planteaba un grave problema para el Che, pues el entendía que tales acuerdos mantendrían la economía cubana con un peso desmedido en la siembra y producción de caña de azúcar lo cual dificultaría y limitaría la diversificación de la economía. A su vez se crearía una gran dependencia en el bloque soviético para atender las necesidades básicas del pueblo cubano. Además, el Che sostenía que el monocultivo o cuasi monocultivo de la caña de azúcar iba a provocar que en el futuro Cuba iba a ser colonia de alguna potencia extranjera. El Che no menciona abiertamente a los soviéticos como los nuevos colonizadores de Cuba. Pero su línea de pensamiento de cómo y en qué dirección se debe orientar la economía en Cuba sí sugiere esa posibilidad, lo afirma. De hecho, el Che sostenía que Cuba no tenía que alinearse ni con los soviéticos ni con los chinos. Que había que desarrollar buenas relaciones con ambos países manteniendo su independencia y defendiendo su soberanía. El pasar del tiempo demostró cuan visionaria y certera había sido la preocupación y advertencia del Che. 

Volvamos al tema. Al haber elegido al bloque soviético como aliado estratégico la revolución cubana se reafirma en sus tendencias autoritarias y se encamina a reproducir en Cuba el esquema y modelo soviético bajo la construcción de un socialismo burocrático y militarizado. A partir de la segunda mitad de la década de 1960, (o sea de 1965 en adelante), se va entronizando de manera hegemónica un discurso político que en realidad se puede identificar como una forma de contrarrevolución burocrática que se entroniza desde la estructura de dirección del gobierno de la revolución, entiéndase desde el poder mismo. Se establece el régimen de partido único con el Partido Comunista como su máxima expresión; unificación de la gestión de gobernanza a través del engendro que fusiona al Partido con el Estado; centralización de la economía y su dirección desde la cúpula  del Partido-Estado; subordinación de toda forma organizativa popular a la estructura y los designios de ese Partido-Estado; la transformación y conversión de las diversas estructuras de organización popular en instrumentos de los órganos de inteligencia y represivos del Partido-Estado; la transformación del concepto de democracia popular en una dictadura del proletariado que devino a ser una dictadura de los dirigentes del Partido-Estado sobre las clases trabajadoras y el pueblo en general. 

Para asegurar la hegemonía del Partido Comunista recién fundado había que hacer un reacomodo de las instituciones y de toda la sociedad. Este reacomodo respondería a la concepción leninista vista desde la idea de la vanguardia revolucionaria y su organización vertical y centralizada. Se piensa la organización de la sociedad nueva como una pirámide. A la cabeza se encuentra el secretario general y/o primer ministro, Fidel Castro; le sigue el buró político; un escalón más abajo el comité central; y como base la militancia partidaria para quienes el líder piensa y decide la línea política y ellos sólo tienen que preocuparse de implementarla. 

Las estructuras que conforman el estado son dirigidas por el Partido Comunista, guardián fiel del engendro de Partido-Estado. El partido selecciona o nombra a quienes van a ocupar las diversas estructuras, así también el partido remueve a quien no esté a la altura del deber patriótico y revolucionario. ¿Y las clases trabajadoras y el pueblo? Muy bien representados, gracias por preguntar. Todo ello con el gran “sacrificio” de representar al pueblo en su revolución. Con excepción del Partido Comunista todas las organizaciones y partidos políticos están prohibidas. El Partido Comunista decidió por sí mismo y sin encargarse a nadie que el sería el más digno representante del pueblo y la mejor expresión de gobernanza. Todo ello de manera muy democrática porque el Partido Comunista así lo cree. ¿Se habrá visto una democracia mejor que esta?   

Los derechos democráticos más elementales: reunión, expresión, asociación, elección de los gobernantes, se descartan como derechos burgueses y contrarrevolucionarios que se oponen a los mejores intereses del pueblo y la revolución. De esta burda manera se deja sin derechos a las clases trabajadoras y al pueblo en general en nombre de la revolución, la patria y el socialismo. Las clases trabajadoras despojadas de sus organizaciones independientes son sometidas a toda suerte de atropellos. Se cambia el sistema de salarios. Esto significó reducir los mismos al mínimo posible. De esta manera se afectó de forma directa el nivel de vida de las clases trabajadoras que ven reducida su capacidad adquisitiva. 

Las artes y la literatura también reciben la visita ideológica purificadora de la revolución designada desde el Partido-Estado y su gobierno. El caso de Heberto Padilla es quizás el más que ha destacado, pero no es el único. La revolución se ensaña contra quienes crean arte y literatura. Dentro de la revolución todo se permite, fuera o contra la revolución no hay espacio para nada ni nadie.El legado leninista del arte y la literatura al servicio del partido y la revolución hace su agosto en la revolución cubana. La represión, encarcelamiento, persecución y exilio son la norma dentro del mundo de las artes y la literatura que se pensara más allá de la revolución, y/o al margen de esta. No sé de qué revolución hablan cuando quien decide qué está permitido por ser revolucionario y qué no se permite porque es contrarrevolucionario en las artes y la literatura, son policías, agentes de inteligencia o militares, o sea las fuerzas represivas del Partido-Estado. 

Ya, una vez purificada la sociedad con la ideología de la revolución designada desde la dirección del Partido-Estado y su líder máximo, se pasa a verificar la pureza del partido. Los inquisidores tenían que aceitar la maquinaria que hacía posible y efectiva la inquisición. Les llega el turno a las purgas en el seno del partido. Anival Escalante tiene el inmerecido honor de ser la víctima del castrismo esta vez con Raúl como acusador-ejecutor. Es culpable de ser muy afín con los soviéticos y convertirse en una amenaza para Fidel. Tratar a los socialistas que pensaban libremente como servidores del imperialismo y agentes de la CIA servía para sacar la discusión o cualquier posible debate de lo político y centrarlo en lo personal-criminal. Aquí nuevamente como en el caso de Huber Matos, la revolución y su Partido-Estado se refugian en el más feroz y criminal estalinismo heredado de la época de las purgas de Moscú.  

Cada vez que se entraba en crisis o incumplimiento de las promesas y metas que se trazaba la revolución había que cerrar filas con el líder de la revolución. Para evitar que el descontento explotara en protestas se acudía a la expiación de culpas mediante chivos expiatorios. Entonces se crea una amenaza a la revolución y se activan todos los mecanismos de control y represión. Y de ahí, luego de establecer los controles necesarios se pasa a las glorias pasadas de la revolución y por arte de magia se asume la rectificación de los excesos de la revolución. 

De manera interesante, siempre las campañas de rectificación asumen un tono regañón y de condena a la indisciplina laboral que exhibían las clases trabajadoras en el cumplimiento de las metas que se había fijado la revolución. Por su indisciplina y ausentismo laboral las clases trabajadoras son culpables por la crisis que se estuviera enfrentando. Entonces hay que hacer que produzcan más. En 1978 se crea un nuevo Código Laboral para ajustar cuentas con esos trabajadores vagos e irresponsables, que mientras la burocracia se mata planificando, no cumplen con lasmetas que la dirección de la revolución ha designado e impuesto sobre los hombros de las clases trabajadoras. 

Bendito, la burocracia no acaba de darse cuenta de que el problema no son los Códigos Laborales. Que mientras no se cambie el modelo de producción y se les asigne participación propietaria a las clases trabajadoras, en la dirección y elaboración de las metas de producción, estas no se asumirán como parte de esa revolución y sus objetivos. Que el modelo de propiedad y producción que ha adoptado la revolución oprime y explota a las clases trabajadoras y las enajena del producto de su trabajo. Además, al despojar a las clases trabajadoras de sus derechos y responder con represión a sus reclamos no solo la desvalorizan y desgastan, sino que liquidan su iniciativa de modo tal que los trabajadores les da igual si producen o no. ¿Para qué matarse trabajando si eso no va a incidir en la mejora de sus condiciones de vida, trabajo y existencia? 

Las clases trabajadoras para producir necesitan entusiasmo e iniciativa, y las condiciones de existencia de vida y trabajo bien pueden ayudar, como también destruir toda iniciativa. Si hay buenas condiciones de vida y trabajo la iniciativa florece, en cambio si las condiciones de vida y trabajo son pésimas o precarias la iniciativa se marchita, se desvanece. El régimen burocrático-militar al eliminar los sindicatos y organizaciones independientes de las clases trabajadoras mata el interés creativo de los trabajadores, destruye su espíritu innovador que les da sentido como seres humanos. 

La década de 1970 y parte de la de 1980 fueron de una gran mejoría en los niveles de vida de las clases trabajadoras y el pueblo en general. Hay quienes hablan de ese periodo, sobre todo de la década de 1970, como la época de oro de la revolución. En 1975 se aprueba la nueva Constitución, la primera Constitución socialista. Hay quienes sostienen que, a partir de ese momento, formalmente hablando la revolución dejó de ser tal, pues se había institucionalizado.  

En ese periodo la economía cubana venía de sufrir los estragos del extraordinario esfuerzo que impulsó el gobierno para cumplir con la gran zafra de los 10 millones de toneladas de caña de azúcar de 1970. Sin la intervención soviética en lo económico la revolución a duras penas habría subsistido. En 1972 Cuba es admitida al Consejo de Ayuda Mutua que integraban la Union Soviética y los países socialistas del este de Europa. Esto le permitió a Cuba establecer y/o ampliar acuerdos económicos con ese bloque de países.  

En diciembre de 1972 se firman acuerdos para la inversión económica de la Union Soviética en Cuba. Estos acuerdos incluían el desarrollo de la industria energética y petrolera; desarrollar una planta de níquel; promover la actividad geológica; transporte y reparaciones automotrices; comunicaciones y en la agricultura. Para 1976 se establece otro acuerdo para el desarrollo de industrias textiles; la metalurgia y la posibilidad de construir una planta de energía atómica, (sí, una planta atómica similar a la de Chernobyl). A pesar de los efectos positivos de estos acuerdos en la economía cubana, planteaban la dificultad de que Cuba iba a seguir dependiendo de las exportaciones del bloque soviético al menos hasta 1985-1990 y eso no era del todo beneficioso.  

Si el gobierno cubano quería desarrollar otras inversiones distintas a las asignadas por el CAME tendría que endeudarse para conseguir el capital que se necesitaría para tales inversiones. Y la economía cubana que ya era inestable seguía dependiendo de la Union Soviética y el campo socialista de Europa del este. De hecho, la década de 1970 es el periodo de mayor “ayuda” e inversióneconómica de la Union Soviética y su campo socialista hacia la revolución cubana.  

Pero como bien dice la canción: “Todo tiene su final, Nada dura para siempre.” La Union Soviética y su bloque europeo entran en dificultades económicas y crisis políticas que amenazan su propia existencia. Entonces, llegó el derrumbe del Campo Socialista. Y con ese derrumbe llegaron muy malas noticias para la revolución. La Gran Patria Socialista y su campo europeo que le suplían a Cuba los artículos para la subsistencia de la población y el funcionamiento del gobierno, desapareció, se desvaneció de golpe. 

Cuba entra al llamado “Periodo Especial”. Se desploma la economía cubana. Se cae la producción industrial, se generaliza la miseria y se precarizan los servicios públicos. Se incrementa la prostitución, el uso de drogas y se produce un crecimiento cada vez mayor del malestar y la protesta social. A esto el gobierno responde inicialmente con represión contra los “disidentes y la escoria de la sociedad.” Según Fidel la economía cubana había llegado a “la peor y más profunda crisis de su historia.” 

Se plantean posibles opciones para enfrentar la grave crisis que les cayó encima. Barajean el cómo distribuir la crisis en toda la sociedad. Por otro lado, buscan cómo meter a Cuba en la economía mundial, en sus mercados. Ésta era la prioridad, porque el socialismo se les cae encima, se desmorona todo lo que la revolución había logrado establecer a cuesta de toda suerte de subsidios provenientes del bloque socialista que acababa de desaparecer.  Se abre la posibilidad de inversión privada extranjera como opción salvadora de lo que quedaba de revolución. Surgen políticas y propuestas de alianzas público-privadas con el capital extranjero. La revolución, o lo que queda de ella, necesita con urgencia que el capital extranjero la estabilice y la salve. A tales efectos se adoptan leyes y cambios en la Constitución Socialista que habiliten ese salvamento de la revolución por el capital extranjero. 

Las inversiones de capital extranjero eran de unos cien millones, (100), de dólares a finales de 1990. Para el 1995 con las políticas de apertura a la inversión de capital extranjero, este se dispara a dos mil cien, (2,100), millones de dólares. Se multiplican las dependencias y entidades para fomentar la inversión de capital extranjero. Pero la revolución y su Partido Comunista es como esa persona de siete culos, no importa como la tiren siempre cae sentada. Ante el descalabro del capitalismo monopolista de estado de su socialismo, acuden al tradicional y salvaje capitalismo para mantenerse en el poder. Así, terminan privatizando parte de los servicios de telefonía, más del cincuenta por ciento es adquirida por la corporación Telefónica Española. Sí, la misma corporaciónespañola que le compró Telefónica Larga Distancia al gobierno del Partido Popular de Hernández Colón en Puerto Rico. ¿Se acuerdan de Fortunata? 

Entre 1989 y 1993 las importaciones se reducen en un 75%. El producto nacional bruto se reduce en un 35%. Para 1993 la zafra de caña solo llegó a 4.2 millones de toneladas. La producción de alimentos y otros bienes de consumo se desploma.  Se adoptan medidas para intentar paliar la crisis: se despenaliza la tenencia y uso de divisas extranjeras; una gran cantidad de granjas estatales se traspasan a un funcionamiento de producción cooperativo; se abren las puertas de par en par al trabajo por cuenta propia. Se puede ver cómo se transforma ese proceso de estatal a privado-cooperativo, por ejemplo: en 1992 la propiedad de la tierra era de 75% estatal, 10.2% cooperativas agropecuarias, 14% en propiedad individual. Luego del derrumbe del bloque soviético socialista, dos años más tarde, en1994: el 32.7% de la tierra estaba en manos del Estado; 10% pertenecía a cooperativas agropecuarias: el 42.3% pertenece a UBAC, (Unidades Básicas de Producción Cooperativa). Para finales del 2001 existen más de 300 mil personas trabajando por cuenta propia.  

Se habilita la apertura de mercados paralelos para productos agropecuarios, septiembre de 1994. También, en 1994 se establece el Programa para el Saneamiento Financiero Interno con el propósito de atender la corrupción que florecía como empresa privada y como modus operandi para el salvamento de la revolución. Esas medidas tomadas en Cuba no son nada novedosas. Ya se habían intentado implementar para hacer frente a la crisis que tenía el bloque soviético europeo a principios de 1960. Sabemos cómo terminaron esos países años más tarde. 

Nuevamente surge la indisciplina laboral, el ausentismo y la indiferencia ante los planes y metas del gobierno burocrático-militar como forma de manifestar el descontento de las clases trabajadoras. Las clases trabajadoras se niegan a seguir sosteniendo un sistema que los oprime y explota y se les pretende hacer creer que todo lo que el gobierno hace es por el bien del pueblo cubano. Años más tarde la dictadura cubana identifica un posible salvavidas para su putrefacta revolución. 

Con el triunfo de Chávez en Venezuela se abre la posibilidad de salvar y revivir el zombie-cadáver de la revolución cubana. En un intercambio mercantil, (que se encubre como solidaridad), se ofrecen médicos, ingenieros, servicios de seguridad, (militares e inteligencia), que ayuda a rehacer la seguridad y los servicios de inteligencia del gobierno chavista. Esto se ofrece principalmente como un intercambio por petróleo. Ese oro aceitoso y oscuro le brinda cierta vida a la revolución y esperanza al Partido Comunista para perpetuarse en el poder. Ya el gobierno cubano había girado hacia la inversión de capital extranjero sobre todo en el sector turístico, (capital canadiense y español), que viene a sustituir el monocultivo de la caña de azúcar. El petróleo venezolano es vital para el fomento de la actividad turística y mantener al país alumbrado. 

A pesar de las mejorías de la economía cubana en gran parte debido a la inversión de capital extranjero, la apertura del gobierno de Barak Obama y el acercamiento con China, Brazil y Venezuela, Cuba vuelve a hundirse en una crisis económica y social. El inicio de la desaceleración económica se ubica en 2008 y se extiende hasta 2013. Se manifiesta una nueva caída de la producción cañera a 1.4 millones de toneladas; la producción agrícola para el 2012 es menor que la de 1989; la producción industrial cae en 52%; entre 2006-2008 se estanca la producciónpetrolera, de gas y níquel que habían estado creciendo desde fines de la década de 1990; la tasa de ocupación hotelera reporta una baja de un 10%, (y el gobierno había apostado a este sector como el de mayores posibilidades para el crecimiento de la economía). Como efecto general entre 1989 y 2011 se triplica la deuda externa; colapsa el salario real en un 72% entre 1989 y 2012. Esto entre otros síntomas de la economía cubana, se puede observar la catástrofe que en esos años vivía el país a pesar del subsidio extranjero, sobre todo venezolano y chino. 

La sociedad cubana al fin del siglo XX y las primeras dos décadas del siglo actual estuvieron matizados por cambios económicos, sociales y relaciones políticas de resistencia y represión. De igual manera por las modificaciones geopolíticas del nuevo ordenamiento global obliga al Partido-Estado en la década de 1990 y luego a Raúl y su gobierno en 2006 a impulsar y desarrollar reformas económicas y políticas. Las elites del Partido-Estado burocrático-militar enfrentan el problema político que significa la enfermedad, y en noviembre de 2016, la muerte de Fidel Castro. De inmediato surge la necesidad de reorganizar el poder como forma de conservarlo para perpetuarse. 

Una vez la revolución funda el engendro del Partido-Estado la teoría de la lucha de clases como motor de cambio revolucionario cesa de ser y se les aplica solo a las sociedades que funcionan bajo la lógica del capitalismo. Cuba por ser socialista se asume como la nación unificada bajo el socialismo que es irrevocable. Si el Partido-Estado representa, dirige y planifica, ¿para qué existe el pueblo en esa revolución? Existe para trabajar, amar la patria y obedecer las instrucciones de la vanguardia revolucionaria en el poder.  

El gobierno de los hermanos Castro, Díaz Canel, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Partido Comunista Cubano, han dominado el país por más de seis décadas. En el socialismo cubano quien mandó no fue una clase, sino una sucesión de caudillos cuyo gobierno no fue la dictadura del proletariado, sino el autoritarismo que se pretendía proyectar como una expresión de latriple fusión entre líder, pueblo y partido. Una vez desaparecido Fidel, y no estén Raúl y su marioneta Díaz Canel, las Fuerzas Armadas Revolucionarias dirigidos por el Partido Comunista asumirán directamente su lugar como oligarquía burocrática-militar. Nuevas formas de política de un socialismo de mercado junto a formas que intentan una legitimidad política. En esta, la fuerza se sobrepone sobre el consenso. La vigilancia y la desconfianza siguen predominando en las formas de gobernar. 

El régimen, a partir del Periodo Especial y posterior a Fidel se inclina económicamente hacia un socialismo de mercado tomando como referencia a Vietnam y China. Se trata de un capitalismo de estado en el que se intentan reconciliar las ventajas del mercado y su sistema de intercambio con la tenencia de la propiedad social al menos proforma a través del control del Estadopor el Partido Comunista que se sigue manifestando como el engendro Partido-Estado. Esto matizó los cambios que había que implementar, los mismos fueron más de forma que de contenido. 

El gobierno no es capaz de realizar muchas de sus funciones fundamentales. En estos momentos, el Estado apenas logra proveer servicios sociales, educativos, sanitarios, y de protección ciudadana básicos. El deterioro de infraestructuras esenciales afecta al sistema energético, la distribución de combustibles para uso doméstico y transporte, la distribución de agua y serviciossanitarios como la recogida y procesamiento de desechos. Las instalaciones hospitalarias y educativas, que algún día fueron objeto de envidia de muchos países, apenas subsisten ante la falta de insumos básicos y personal calificado. Los indicadores básicos del bienestar humano, como la esperanza de vida, la mortalidad infantil, la desnutrición, la seguridad alimentaria y ciudadana, han empeorado drásticamente. 

En Cuba hoy se vive en una sociedad muy segmentada que ha producido brechas de gran magnitud que habría que pensar que el concepto de mercado interno ha ido perdiendo sentido. Una gran proporción de la población vive en pobreza y en niveles de miseria que no sostienen la reproducción social. El país se está vaciando y ha perdido cerca del 20% de su población en el último lustro. La corrupción crece, alimentada por la ausencia de un Estado de derecho, por un entramado institucional precario que busca sustentarse a toda costa y por un sistema político carente de legitimidad doméstica e internacional. Las demoliciones y derrumbes de inmuebles urbanos se multiplican, transformando a las ciudades en paisajes apocalípticos, donde los escombros le disputan el espacio a la basura y la mendicidad. El emprendimiento privado, frecuentemente combatido, incluso demonizado, ha crecido a pesar de enfrentar barreras formidables. 

Las elites cubanas en el poder conocen la importancia de la represión real y simbólica para sostenerse en su dominación de la sociedad, de ahí que, como desde el primer año de la revolución, quien se oponga a sus directrices será tildado y tratado como contrarrevolucionario, enemigo de la patria y agente del imperialismo. El gobierno cubano en nuestros días está constituido por una elite enquistada en las instituciones de gobernanza y busca legitimarse usando una retórica revolucionaria achicada que solo le sirve para ocultar intereses personales y su necesidad de poder. Mientras tanto el pueblo que dicen representar y defender ven cómo se va deteriorando aceleradamente sus condiciones de existencia y vida. 

La administración de Díaz Canel no ha logrado dar los pasos necesarios para impedir la crisis, ni siquiera ha tenido un manejo mínimamente adecuado de los retos que afronta Cuba. La bancarrota de la economía cubana, agudizada en los últimos años, es producto de décadas de ineficiencia y de políticas económicas y de inversión erradas. Las debilidades estructurales de la economía cubana fueron encubiertas gracias a subsidios externos que permitieron financiar artificialmente servicios y programas que de otra forma hubieran colapsado. En el contexto geopolítico contemporáneo, es difícil que Cuba logre alianzas internacionales similares a las logradas con el bloque soviético durante los años de la Guerra Fría o con el bloque bolivariano a comienzos del siglo XXI. 

La proliferación de basureros es parte de un proceso, o más bien de un problema con los espacios urbanos. A diferencia de la basura acumulada y de las hogueras espontáneas con que la ciudadanía intenta enfrentar las montañas de desechos, un fenómeno reciente, el deterioro urbano viene de décadas y es uno de los fracasos más duraderos y visibles del modelo de socialismo cubano. Tras las fachadas deterioradas, de los escombros y derrumbes, está la incapacidad constante del gobierno de dar respuesta a las necesidades de vivienda de la población. A la vez que han fallado en proteger el patrimonio arquitectónico del país. Décadas de negligencia, falta de mantenimiento y de construcciones improvisadas en las viviendas existentes, han transformado a las ciudades cubanas en espacios ruinosos, de desolación y miseria, símbolos de la revolución y el socialismo al estilo cubano. Los asentamientos urbanos informales y precarios, los barrios marginales, proliferan en La Habana y otras ciudades. 

Estoy entre los que creen que la crisis cubana es política, económica, pero ante todo, es una crisis estructural que obedece a tres factores: uno, la liquidación de los derechos políticos fundamentales de las clases trabajadoras y del pueblo en general a través del Partido Único, que ha propiciado un Estado totalitario donde prevalece la falta de democracia sustantiva y formal; dos, la explotación económica de las clases trabajadoras a través del Partido-Estado que se constituye en capitalista colectivo, con todo el poder para contratar y establecer el precio de la fuerza de trabajo, los asalariados que son fuente del capital y su valorización, y acumulación en la sociedad cubana; tres, una estrategia de desarrollo equivocada, basada en el monocultivo de la caña de azúcar, años más tarde en la inversión casi única en el turismo, (vale recordar que el Che les advirtió en 1963 que esa vía de desarrollo económico sumiría a Cuba en la dependencia de paísesextranjeros), la dependencia de la Union Soviética y su bloque socialista europeo, con gastos militares excesivos y un aparato estatal atrofiado donde cerca del 75% de los miembros del Partido Comunista son funcionarios de gobierno. Mirando estos factores podemos entender por qué nunca se dio el desarrollo de la economía diversificada que el Che impulsaba y esperaba que se diera. 

La crisis estructural es una alteración grave y prolongada en la economía que tiene lugar cuando las bases fundamentales que sostienen un sistema productivo, (tecnologías, instituciones, la forma de propiedad junto a las relaciones entre capital y trabajo), no logran el crecimiento o desarrollo esperado. El problema radica en las bases que sustentan el modo de producir riquezas. La solución de crisis estructurales requiere cambios drásticos y radicales en las estructuras económicas existentes y en las instituciones que la sustentan. Las crisis estructurales tienden a desatarse por problemas internos relacionados al funcionamiento propio del sistema.  

“En contraste con el deterioro urbano y de infraestructuras básicas, y a pesar de las crisis energéticas, alimentaria, sanitaria y demográfica que han azotado al país durante años, el gobiernoha destinado cuantiosos recursos al fomento del turismo y a la construcción de hoteles de lujo. Dicho sector recibió inversiones que oscilaron entre el 25% y el 50% del total del país entre 2014 y 2024, mientras las inversiones en el sector agropecuario decrecieron de un 8% en 2014 a menos de un 3% en el 2024. Las inversiones en turismo en el 2024 fueron 14 veces mayores que las destinadas al sector agropecuario y 11 veces mayores que las inversiones en salud, asistencia social y educación. Esto ha ocurrido a pesar de que, como han sugerido varios economistas cubanos durante años, indicadores fundamentales del sector turístico, como el número de visitantes y las tasas de ocupación hotelera, han mostrado un deterioro significativo y sostenido a lo largo del tiempo.” (Informe: Grupo de Trabajo de Harvard…pág. 6). Hay que señalar el efecto extraordinariamente negativo sobre el turismo que ha tenido la designación de Cuba como país patrocinador del terrorismo por parte del gobierno del señor Trump. 

Entre 2019 y 2024 el Producto Interno Bruto cayó en un 11%, junto a un decrecimiento de la producción agrícola de un 58%. El sector manufacturero cae en un 42% y la desaparición virtual de la industria azucarera, decreció un 87% para el mismo periodo. Todos los insumos fundamentales de la dieta cubana sufrieron retrocesos graves. Entre 2017 y 2024: la carne de cerdo, menos 97%; arroz, menos 75%; frijoles, menos 80%; leche, menos 56%; hortalizas, menos 69%; viandas, menos 46%. Cuba importa más del 70% de los alimentos, esto incluye azúcar y café que eran de los productos principales en la exportación en el pasado casi inmediato. Entre 2013 y 2024 se han ido de Cuba tres millones de personas, cerca del 30% de su población total, la mayoría en edad productiva. Para el comienzo del año escolar de 2023 había un déficit de 17,000 maestros. En el 2024 la tasa de ocupación hotelera apenas llegó al 23%, el turismo es el principal renglón de la economía de Cuba a partir de la reestructuración económica forzada por el Periodo Especial, 1993. Para mediados de 2025 en la transportación se reporta que el 70% de la red vial padecía un “acelerado deterioro”; otro tanto ocurre en con la red ferroviaria, según la Union de Ferrocarriles de Cuba, solo el 15% de las vías ferroviarias se encuentra en regular o mal estado.  (Datos tomados del Informe del Grupo de Trabajo de Harvard Sobre el Futuro de Cuba 2026, Resumen, págs. 3-4-6-7). 

Cuba cuenta con profesionales competentes y con escuelas y tradiciones médicas que han estado entre las mejores de América Latina. Las autoridades transformaron la salud que era una de las áreas prioritarias de atención del gobierno durante décadas. Las políticas gubernamentales de las últimas décadas han desmejorado el sector de salud. Han convertido a Cuba en un país insalubre y plagado de enfermedades. 

“El verdadero socialismo, para superar al capitalismo, tiene que garantizar tanto unas condiciones de trabajo humanas, como la plena libertad de organización política y sindical; tiene que ser libertario y autogestionario que no es otra cosa que los obreros se reserven el derecho a la rebelión. El capitalismo de estado cubano en ese sentido es inferior al verdadero socialismo y peor que el capitalismo tradicional porque no garantiza ninguna de las condiciones necesarias para que la clase obrera pueda mejorar su nivel de vida. Por eso mismo las recurrentes campañas contra la ineficiencia, la chapucería y la vagancia, llamadas con nombre pomposo de “Campañas de Rectificación” es un burdo acto de hipocresía porque no va a las causas de las crisis burocráticas, que es la existencia misma de la burocracia.” (Luis Ángel Torres Torres, “Había una vez…” pág. 40). 

Sobra decir que nunca he apoyado ni estaré de acuerdo con ninguna intervención o invasión de potencias extranjeras, ni en Cuba, ni en ninguna parte del planeta. Así que, quienes se andan por ahí con ese cuento de caminos les deseo dicha y buena suerte con su ignorancia. No me parece necesario entrar a considerar o responder la avalancha de insultos, joyas, preciosidades y lindezascon la que han respondido a mi artículo: “Una Cuba democrática y justa” publicado en bandera.org el 8 de septiembre de 2026. Solo advierto que ese artículo inicialmente pensado para el periódicoimpreso Bandera Roja no permitía extenderme en el análisis y apreciación de la revolución cubana por razones estrictamente de espacio. 

Aclarado lo anterior me gustaría entrar en algunas consideraciones del por qué es importante, al menos para mí, discutir sobre la experiencia de la revolución cubana y la experiencia del socialismo triunfante y sus derrotas o derrumbes en el siglo XX. La consideración de estos asuntos no responde en lo más mínimo a “un afán desmedido por la teoría”, o algún intento de “hacerse pajas mentales” como sugieren algunos personeros del patio provincial colonial. Además, ¿tiene algo de malo “hacerse pajas mentales”? ¿O es que se apuesta por un mundo de gente ignorante y bruta? La teoría y el teorizar son instrumentos indispensables si queremos de alguna forma contribuir en la transformación del mundo en que nos tocó vivir. Si no somos capaces de advenir a la teoría estaríamos autoexcluyéndonos de poder contribuir a los cambios que necesita este mundo. 

Por otro lado, investigar y debatir sobre las revoluciones nos pone en condiciones de lograr un aprendizaje crítico de esas experiencias. ¿Qué fue acertado, en qué se falló o no se cumplió con lo esperado? ¿Qué tipo y/o modelo de socialismo nos parece apropiado impulsar y defender? ¿Es la democracia una conquista que las revoluciones socialistas deben asumir y defender? ¿La pluralidad política es un mal del capitalismo y la burguesía, o debe ser un principio democrático para defender? ¿Por qué las revoluciones socialistas triunfantes del siglo XX han reorientado su curso hacia la restauración del capitalismo? ¿Qué las ha llevado a la derrota, o por qué han fracasado? ¿Qué tiene que ver el marxismo o alguna interpretación particular del marxismo con el derrotero de las revoluciones en el siglo XX? ¿Es el sistema de Partido único un principio socialista? 

De momento adelanto que el modelo dominante de revoluciones socialistas del siglo XX ha estado matizado por la idea de que la implantación del socialismo tiene todo o casi todo que ver con el desarrollo de las fuerzas productivas. Ahí radica la enseñanza principal extraída de la revolución bolchevique y su traslado ciego como experiencia vital para el triunfo de la revolución y la implantación del socialismo en cualquier parte del mundo. Quienes así piensan se inscriben en una concepción economicista de la transformación social. Y aquí surgen dudas que deben llevar a debates, (¡sí, más pajas mentales!), sobre si esa interpretación es adecuada o insuficiente por cuanto no toma en cuenta o le resta importancia al rol destacado que tanto Marx como Engels le atribuían a la lucha de clases como el motor de las transformaciones sociales a través de la historia. 

Otro tema importante sobre las revoluciones socialistas del siglo XX es su relación con el Estado. De una línea política previo a la toma del poder de que se buscaría la destrucción del Estado, las revoluciones socialistas del siglo XX terminaron creando los aparatos de Estado más atroces y represivos que se hayan visto. El Estado y su fortalecimiento han venido a ser una garantía para perpetuarse en el poder. Cada vez es mayor la separación entre la cúpula dirigente de un lado y las clases trabajadoras y el pueblo por otro lado. Cada uno andando por caminos diametralmente opuestos. 

Aquí se vale mencionar también, cómo se ha hecho hegemonía entre las izquierdas la idea de que lo estatal es a su vez colectivo y socialista. Entonces se tiene la falaz idea de que las nacionalizaciones son la garantía de una base económica y política socialista. Se desarrolla la idea de que la nacionalización al ser a través del Estado se piensa que la misma responde a un interés socialista. Se ha llegado a creer que la estatalización de la propiedad significa su colectivización y es positiva para impulsar el socialismo. Se olvidan de que a través del Estado heredado de la burguesía se reproduce el viejo sistema que pretende sustituirse con la revolución socialista.  

Y esa es una de las razones por las cuales hay que destruir ese Estado, para evitar la reaparición y reproducción de las clases burguesas. Además de que el Estado como órgano de gobierno no es más que la encarnación del poder y el dominio de unas clases sobre otras. Y el socialismo tiene como objetivo acabar con esa relación de poder y dominio sentando las bases para la supresiónde todas las clases sociales. 

Para finalizar este escrito, que ya de por sí es demasiado extenso, debo reconocer que para escribirlo me sirvió de mucha ayuda el documento: “Había una vez una Revolución» “Cuba: una revolución inconclusa”. Escrito por Luis Ángel Torres Torres y discutido en el MST en un seminario realizado del 2 al 3 de marzo de 2002. Ese documento fue aprobado en ese seminario y hasta donde me consta es, hasta el día de hoy, la posición oficial del MST sobre la Revolución Cubana. A Luis Ángel van mis respetos, agradecimiento y admiración. 

También debo reconocer mi deuda en conocimiento del tema, con otro excelente escrito, esta vez de José Juan Rodríguez Vázquez, titulado: “Cuba: de la revolución al socialismo de Estado militar-burocrático de Partido único”. Este escrito, hasta donde sé, no ha sido publicado. Ha estado circulando por ahí de email en email y así me llegó. Interesante el cambio de los tiempos, antes este tipo de escrito circulaba de mano en mano, ahora va de email en email. Que alegría y satisfacción ser testigo del cambio de los tiempos. A José Juan van mis respetos y agradecimiento por esta extraordinaria aportación al debate sobre la Revolución cubana… ¡Recibe un fuerte abrazo! 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.