Educación

Publicado en 16 de diciembre de 2019 | por BREL5

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Magisterio en precariedad

Salarios de hambre en el Departamento de Educación

Hugo J. Delgado-Martí

Bandera Roja

Desde el año 2008 el magisterio puertorriqueño no recibe un aumento salarial significativo. Ese aumento  elevó el salario base del magisterio de $1,500 mensuales a $1,750 como consecuencia de una huelga de 10 días que también logró detener la implantación de las escuelas ‘charter’.  Aun así no hizo justicia salarial al sector más discriminado de la clase trabajadora. En los últimos dos años se otorgaron aumentos que no llegan a los $100, ni compensan la pérdida del salario producto de la inflación de precios que sufre nuestro país. El magisterio puertorriqueño se merece un aumento salarial significativo y esa puede ser una de las principales banderas de lucha que organice la resistencia contra las medidas de austeridad y la Junta de Control Fiscal.

El salario básico de una maestra con bachillerato está hoy en $1,750, pues a pesar de los aumentos concedidos en los últimos dos años estos no han sido reconocidos en el salario base ni tampoco les fueron otorgados a las maestras y maestros transitorios. La Federación de Maestros de Puerto Rico mantiene un caso en corte para que se les otorgue dicho aumento a todas y todos los maestros y maestras en la sala de clases. Al momento de este artículo no se había resuelto dicho pleito legal.

El magisterio puertorriqueño siempre ha sido uno mal pago, sin embargo producto de la lucha y resistencia en la década de los 90 se logró que bajo la gobernación de Pedro Rosselló se otorgaran varios aumentos salariales, además de los negociados posteriormente en el convenio colectivo entre la FMPR y el gobierno de Sila María Calderón. Dicho convenio se venció en el año 2005 lo que llevó al magisterio a emprender una huelga en el año 2008 para exigir un aumento que elevara el salario base a $3,000, además de una escala salarial que reconociera la experiencia y la preparación de manera automática. En ese momento el Departamento de Educación se negó a negociar a pesar de que, para garantizar la derrota del magisterio, negoció todos los demás convenios colectivos pendientes en ese momento.

El magisterio sufre triplemente el discrimen como sector social. Por un lado el magisterio está compuesto principalmente por mujeres, hacia las que el estado muestra una actitud machista y patriarcal, que no valora su trabajo educativo y lo ve como una extensión del trabajo doméstico, que tampoco remunera. Por otro lado, a nivel ideológico se busca imponer la visión del magisterio como un “sacrificio por nuestros niños” y no como un trabajo con igual importancia y valor que otros mejor remunerados. El magisterio sufre también por su número y extensión, cada aumento de salario representa sin duda una cantidad gigante en el presupuesto gubernamental pero esa consideración presupuestaria no ha sido obstáculo para otorgarle aumentos a la Policía. En tercer lugar, el discrimen contra el magisterio forma parte de una respuesta estatal a la lucha contra el neoliberalismo y la austeridad.  El magisterio ha sido punta de lanza en la lucha por los sistemas de retiro, contra el cierre de escuelas y en defensa de las comunidades en general.

Hay que tener claro que la precariedad del magisterio es un intento por doblegar esa cultura de resistencia y lucha.  En ese sentido, el ataque contra la cultura de resistencia magisterial ha sido uno sin cuartel. Los talleres que se dan a los y las maestras buscan transmitir la ideología individualista, la anti-lucha, e idealiza la noción de que los asuntos hay que resolverlos dentro del sistema, individualmente y con buenos pensamientos. A su vez ha habido una campaña intensa del estado contra los lideratos magisteriales y las organizaciones, refrendada por los medios de comunicación masiva y los sectores más conservadores del magisterio. Por último, se normaliza un ambiente laboral hostil, bajo la excusa de la rendición de cuentas, mientras no se proveen las herramientas adecuadas para salir airosas y airosos en las evaluaciones, ni en las pruebas, ni en el desempeño de las y los estudiantes.

La imposición de unos calendarios y expectativas curriculares irrealistas mantienen en tensión a maestras y a estudiantes. Les remueve la diversión, el interés y la creatividad que debe desarrollar y tener un sistema educativo. Con esto el Departamento de Educación y el estado buscan dividir a nuestras aliadas naturales que son las madres, los padres y el estudiantado.

Hoy por hoy, el magisterio es uno de los sectores de la clase trabajadora peor pagos. Mientras los empleados y empleadas de la industria de servicio luchan por un aumento del salario mínimo a $14 o $15 la hora, el magisterio se encuentra con un salario base por debajo de esa tasa. Es hora de que el magisterio deje atrás los discursos de derrota y empecemos una campaña de resistencia por un aumento salarial justo que fortalezca nuestra capacidad de acción colectiva.

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