En La Lucha

Publicado en 2 de marzo de 2003 | por BREL7

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Mambrú se fue a la guerra

Dom, 2003-03-02 20:00
Luis Ángel Torres Torres
Movimiento Socialista de Trabajadores (MST)

La escena parece surrealista. Soldados, puertorriqueños de nacimiento, en ropa militar del ejército de Estados Unidos, posando, muchos de ellos, con la bandera de Puerto Rico, antes dirigirse en camino a la guerra. Algunos podrían pensar que ese cuadro bipolar representa lo peor de dos mundos, pero sin duda es algo más que eso. Puerto Rico no le ha declarado la guerra a ningún país y nadie se la ha declarado al nuestro. Sin embargo, para todos los efectos prácticos estamos en guerra con Irak porque al presidente Bush se le ha metido entre ceja y ceja invadir ese país para derrocar a Saddam Hussein.

El colonialismo se revela nítidamente cuando sin pedirle permiso a nadie los generales del Pentágono imperial ordenan la movilización de miles de soldados de la Guardia Nacional y la Reserva, que dicho sea de paso, al igual que su gobierno colonial no fueron consultados para enviarlos a una guerra a defender la democracia del dólar. Se revela también el carácter pusilánime y el discurso cantinflesco de una gobernadora que dice que cree en la paz pero si Bush lo ordena va a apoyar resueltamente la guerra. Ya me parece escucharla cantando Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena.

¿Dónde queda la política pública de paz que supuestamente defiende este gobierno? Me imagino que en el mismo zafacón en que quedó la «paz para Vieques» cuando la Sra. Calderón visitó la Isla Nena para inaugurar una sala de partos mientras la Marina bombardeaba a mansalva. Esa hipócrita devoción por la paz (¿de los sepulcros?) la lleva a ella y a su administración a hundirse cada vez más en los brazos de la guerra. De hecho, para mitigar en algo el «dolor y la pena» que le produce despedir a los muchachos de la Guardia Nacional y la Reserva se ha propuesto aprobar medidas para ayudar a sus familias y proteger sus derechos mientras estén en la guerra. O sea, que amparándose en no se qué legalidad va a utilizar dinero de los contribuyentes para ayudar a los que voluntariamente se metieron al ejército de E.U. y están dispuestos a ir a ayudar a los que van a matar ancianos, mujeres y hombres civiles y niños inocentes en Irak. Sería bueno preguntarle a la gobernadora ¿por qué no se le ocurrió aprobar esas mismas medidas para ayudar a los miles de desobedientes civiles que padecieron y todavía padecen, largos meses de cárcel por defender la paz en Vieques? Para esos valientes que enfrentaron pacíficamente a la Marina que Doña Sila considera su amiga, no hay siquiera una palabra de aliento. Para los profesionales de la guerra no escatima recursos. Nada más con el testigo, si el gobierno hace eso está promoviendo la guerra y después no puede decir que lamenta las muertes que ese conflicto armado produzca, incluyendo las de los soldados puertorriqueños.

¿Es justo y humano que soldados del ejército de E.U. ataquen e invadan con armas terriblemente mortíferas al pueblo de Irak? ¿Ayuda a lograr un mundo de paz que E.U. masacre a miles de seres humanos y destruya ciudades que fueron cunas de la civilización para derrocar a un dictador y apoderarse del petróleo y los recursos de agua de Irak?

Los soldados que salen de la isla con su banderita de Puerto Rico, tristes porque tienen que separarse de sus familias, las cuales se quedan muy preocupadas por la posibilidad de que algunos no regresen, deben pensar en las miles de familias que ellos con sus armas y equipo van a matar. Cuando ataquen e invadan a ese país no van a estar defendiendo ninguna forma de democracia, van a estar convirtiéndose en instrumentos de muerte y destrucción para saciar las ansias de enriquecimiento de las grandes compañías petroleras de E.U. e Inglaterra y asegurando para estas potencias el dominio geopolítico de esta área del mundo. Van a estar cambiando su sangre y la sangre de los miles de Iraquíes muertos y heridos por petróleo. De eso se trata esta guerra.

Pero se trata también de que la guerra es el más lucrativo de los negocios. Un ataque como el que el gobierno de Bush ha planificado contra Irak pondrá en movimiento a la gigantesca industria armamentista de ese país. Se venderán y el gobierno comprará, de seguro a sobreprecio, decenas de tanques, helicópteros, aviones, barcos, submarinos, portaviones, todo tipo de armas de corto y largo alcance, los llamados cohetes inteligentes y, por supuesto, se probará cuanta arma de destrucción masiva esté disponible en el arsenal del Pentágono. Eso va a significar miles de millones en gastos militares que ya están presupuestados y comprometidos con los fabricantes de armas. Sin olvidar que la industria armamentista está vinculada a otras industrias como la del acero, la transportación, la informática, la alta tecnología, la química, las comunicaciones y otras que se benefician directa o indirectamente del boom guerrerista. Esa economía de guerra reactivará la economía de E.U., piensan algunos, aunque sea al precio de borrar del mapa a un país. El soldado, que haciendo caso omiso a esa terrible realidad se une al ejército yanqui, se convierte en la «carne de cañón» que nutre las millonarias ganancias de los modernos barones de la guerra.

En Puerto Rico miles nos oponemos a la guerra y no estamos dispuestos a tragarnos el cuento de que esta guerra se pueda justificar. Aunque nos entristece la posibilidad de que personas conocidas o incluso familiares, puedan morir en la guerra contra Irak, igualmente nos entristece, y, por qué no decirlo, nos indigna, que los soldados puertorriqueños y sus familias acepten sin chistar, como un deber, apoyar una guerra tan injusta y puedan prestarse para destruir ciudades y masacrar a otros seres humanos que no nos han hecho nada y que ya de por si viven una existencia miserable en su país. Los soldados del ejército de E.U. son invasores, agresores sin justificación moral o política alguna. Los que así actúan son todo menos héroes y aunque puedan ser objeto de lástima o de pena, sus acciones criminales tienen que ser repudiadas. Por eso, en la antesala de una guerra contra Irak hay que empezar a hablar con claridad y llamar a las cosas por su nombre para que no haya confusión. Los capellanes son más hipócritas que religiosos; si E.U. lanza su despiadado ataque contra Irak estará practicando el terrorismo de estado y sus soldados, sean de Washington o de Lares, serán terroristas.

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