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Publicado en 30 de septiembre de 1999 | por BREL2

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Condiciones resaltan que son presos políticos

Rafael Ortiz

Frente Socialista

Clinton ofreció la conmutación parcial de las sentencias de trece presos políticos puertorriqueños. Once podrán salir de la cárcel inmediatamente de ellos aceptar la conmutación parcial. Juan Segarra Palmer y Oscar López tendrán que cumplió 5 y 10 años adicionales respectivamente antes de ser excarcelados. Clinton no le ofreció nada a Antonio Camacho Negrón, Carlos Alberto Torres, Haydee Beltrán Torres y José Solís Jordán.

La conmutación parcial de las sentencias está condicionada a que cada uno la solicite individualmente, reconocer que fueron convictos por cometer delitos federales, renunciar al uso de la violencia inclusive para resolver el estatus de Puerto Rico, no ser convictos por cometer delito estatal o federal alguno y no poseer armas de fuego o explosivos. Además, deben cumplió las catorce condiciones de libertad bajo palabra hasta que expire la porción de las sentencias no conmutadas.

Exigir que cada uno solicite la conmutación individualmente y que acepten haber sido convictos por delitos federales es un intento de desvincular la convicción de los compañeros de su carácter político. Las demás condiciones pretenden restringir la manera en que los presos políticos quieran reintegrarse a las luchas reivindicatorias de nuestro pueblo. De éstas, la renuncia a la lucha armada es la condición Política más evidente. Esa condición, en conjunto con las que proscriben la Comisión de delitos y portar armas de fuego, dificulta la manera en que cualquiera de los compañeros que sean excarcelados quieran participar de la lucha por la independencia de Puerto Rico, especialmente durante el periodo de libertad bajo palabra durante el cual estarán bajo vigilancia constante y sometidos a catorce condiciones que incluyen restricciones de movimiento y asociación. En ese sentido las condiciones actúan como un grillete político.

Cada preso tomar? una decisión personal sobre aceptar o no la oferta. El efecto coactivo que puedan tener las condiciones impuestas será un factor decisivo. Cada uno tendrá que decidió si las condiciones son aceptables o no para ellos. Su análisis debe alejarse de las calificaciones subjetivas que le atribuyen algunos a las condiciones. Adjetivos como «humillantes» y «denigrantes» no aportan al análisis. Con esas expresiones le estamos diciendo a nuestros compañeros presos que a pesar de que respaldamos cualquier decisión que tomen, aceptar las condiciones impuestas es intolerable y por lo tanto no deben salir. Ese mensaje contradictorio en nada ayuda a que nuestros compañeros tomen la decisión que ellos entiendan mejor.

El apoyo amplio a la campaña para su liberación se debe en gran parte al enfoque humanitario que ha tenido. Durante la campaña se ha destacado las sentencias desproporcionadamente largas y las condiciones infrahumanas de encarcelamiento, pero rara vez se ha discutido políticamente el por qué están presos. No debemos olvidar que nuestros compañeros están en prisión por ser revolucionarios, por querer cambiar radicalmente la condición colonial de Puerto Rico, por entender que la única forma de lograr esa meta en aquel momento era la lucha armada. Los motivos por los que fueron perseguidos, acusados y condenados son la razón de ser de la condición Política de su encarcelamiento.

El ignorar cuáles fueron los motivos que tuvieron para encerrarlos lo que los define como prisioneros políticos nos llevó a conclusiones absurdas. De acuerdo con el criterio humanista, que ve la necesidad de sacarlos de la cárcel por el largo periodo de tiempo que llevan en prisión, aún no es «hora de traer a casa» a José Solís Jordán, prisionero político puertorriqueño condenado recientemente en la corte federal del Distrito de Illinois a 47 meses de prisión por su supuesta vinculación con acciones del Frente Revolucionario Boricua. Solís no ha sido incluido en la campaña porque la forma en que se ha fundamentado el reclamo de libertad para los presos políticos no haría sentido en su caso. En cambio, si reconocemos que no es lo largo de las sentencias o las condiciones infrahumanas de encarcelamiento, ni la posición actual o futura que cada uno asuma en cuanto a la lucha, lo que los define como prisioneros políticos, sino los motivos de su encarcelación, podemos enfatizar que la decisión de aceptar o no las condiciones, además de ser personal, es de carácter político. No solo dejamos de caer en la contradicción de rehusar incluir a Solís en la campaña cuando claramente es un prisionero político, sino que podemos examinar las condiciones objetivamente, o sea, hacer un análisis que se aleje de la valorización moral a las que las condiciones de conmutación han sido sometidas.

Independientemente de lo que decida cada uno, las condiciones impuestas por Clinton hacen más evidente el carácter político de su convicción. Son condiciones que intentan criminalizar a los presos políticos y obstaculizar su participación en los procesos de lucha en las comunidades puertorriqueñas tanto aquí como en los Estados Unidos. Debemos exigir la libertad incondicional de todos los presos políticos, y demandar que se eliminen todas las condiciones impuestas a los que decidan salir ahora. ¡Libertad para los 17 presos políticos! ¡Que salgan ya!

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