Sobre el Hostigamiento Laboral y Sexual en las Organizaciones Políticas

| Publicado el 5 agosto 2022

Declaración del Caucus de Mujeres y el Comité Central del Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores

El Caucus de Mujeres es la estructura que organiza y dirige la lucha feminista del MST

Ante las acusaciones de acoso laboral y sexual en organizaciones de izquierda el Caucus de Mujeres y el Comité Central del Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores (MST), declaran:

            Las organizaciones políticas tienen el deber de proteger a sus integrantes del hostigamiento sexual y/o laboral en cualquier espacio de militancia. Lamentablemente, esto no es la realidad, puesto que en repetidas ocasiones vemos como aún permea la cultura machista y sexista en las prácticas internas de colectivos que se presentan como “progresistas” y de izquierda. La obstinación de unos grupos a la hora de comprender las dimensiones del patriarcado les impide reconocerlo y atenderlo cuando este se reproduce en sus propias filas. La historia ha sido testigo de la poca voluntad que existe para transformar las maneras de relacionarse con las mujeres y personas desventajadas que conforman las filas de los partidos. Es así como se reproduce la desigualdad, la invisibilización y la subordinación de estos sectores dentro y fuera de la “lucha”. 

            La postura asumida por el sector dirigente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) ante las alegaciones de hostigamiento de varias activistas de este partido dejan mucho que desear. Su accionar como organización política fue revictimizante y sin sentido de urgencia. Según se desprende del informe oficial, no existían los elementos para una querella formal, ya que la persona acusada no era miembro de la misma unidad del PIP que la denunciante. La decisión de la dirección fue suprimir las alegaciones con argumentos legalistas, a pesar de que el querellado aceptó que en ocasiones fue «insistente» con la compañera. Penosamente, el partido como institución decidió cerrar filas con el acosador en lugar de apoyar, acompañar y proteger a la víctima. Justificar la violencia contra esta compañera es también instaurar una cultura de violencia y de miedo contra las militantes, tanto dentro de las filas políticas como dentro de las filas laborales.  Además, el partido ha asumido la actitud de un patrono claramente anti obrero, al fallar en la protección de los derechos de esta trabajadora ante el patrón de acoso laboral denunciado.  A esto se añade la postura pública asumida por la dirección del partido de descartar de entrada las acusaciones de hostigamiento sexual.  Si lamentable y censurable es la determinación del caso de acoso laboral, peor es la del caso de agresión sexual. 

            La decisión de la dirección del PIP, a su vez tiene un efecto paralizante sobre las demás personas que desean alzar su voz públicamente contra situaciones de acoso dentro de su colectivo, ya que perciben el proceso de denuncia como uno atropellado, revictimizante y que les coloca en una situación de vulnerabilidad. Cabe preguntarse si existen otras denuncias que no se han realizado por temor a posibles represalias. La negativa para atender el acoso sexual y laboral dentro de la organización instiga a que miembros del partido acusen a lxs denunciantes de disociadorxs, buscadores de chivos expiatorios o histéricas y hormonales. Para crear una Patria Nueva, hacer de Puerto Rico un mejor país, es preciso que como organización política sean consecuentes en sus prácticas. Reconocer como colectivo que existen opresiones sistémicas que afectan desproporcionadamente a unos grupos y que éstas también se reproducen en los espacios de militancia es un buen comienzo. Si la aspiración del PIP es crear un nuevo mundo, un mundo sin hostigamiento sexual ni laboral, debe comenzar por tratar las denuncias internas con premura, sensibilidad y seriedad. Las instancias de hostigamiento, la exclusión de minorías de los puestos de dirección en las organizaciones, la cultura machista y sexista, no creer en las denuncias (gaslighting) de hostigamiento demuestra que hay organizaciones que aún no están listas para dirigir una lucha por un mundo justo e inclusivo ni para lograr verdaderos cambios en la sociedad.  

            Contrariamente, los partidos tradicionales aspiran a conservar el estatus quo. Necesitan preservar el sistema tal cual para proteger los intereses de su clase. Ello significa que las mujeres, pobres, negras, LGBTTIQ+, con limitaciones o diversidad funcional -según su visión de partido- deben ser reducidas a meros objetos de producción y reproducción. Recordemos cuando Carmelo Ríos fue torpemente honesto en el 2013 y dijo: “en nuestro esquema social las mujeres están a cargo de la casa”. En tiempos recientes tanto el PNP como el PPD se han inclinado aún más hacia los sectores ultraconservadores en el intento de ampliar su electorado. La falsa representación femenina dentro de los partidos tradicionales ha servido para despojar a las mujeres y personas gestantes de sus derechos reproductivos. El retroceso en materia de derecho responde en parte a la presión de la derecha recalcitrante que defiende el patriarcado de manera implacable. El capitalismo necesita del triunvirato iglesia, ley y estado para instaurar su sistema de explotación.  Es así como se pacta la violencia institucional que obliga a las personas a gestar, parir, vivir en desigualdad, al mismo tiempo que les acusan de asesinas. Por lo tanto, las organizaciones que aspiran a construir un mundo distinto tienen que comenzar a diferenciarse de los partidos tradicionales, no replicar la misoginia que predomina en el PNP, PPD, y Proyecto Dignidad (PD). Como partidos con pronunciamientos “diferentes”, deben transformar las ideologías y la cultura machista de sus militantes. De lo contrario, las prácticas retrógradas acabarán por llevar a su organización a un estancamiento ideológico. Es decir, un partido político que aspira a la libertad de su pueblo debe también aspirar a la libertad de las mujeres que lo forjan.

            El MST como organización feminista, socialista y antipatriarcal, aspira a continuar creando espacios seguros para que nuestrxs militantes puedan desempeñarse libremente en su quehacer político. Tenemos un compromiso ineludible de transformar la vida organizativa y propiciar en la militancia una convivencia cónsona con la sociedad a la que aspiramos. Al mismo tiempo, tenemos presente que nuestra organización no está exenta de situaciones como las ocurridas en el PIP. Reconocemos que tenemos una responsabilidad enorme de ser proactivxs y educar sobre asunto de género a toda nuestra militancia.  El MST reafirma su compromiso indelegable de proteger a aquellas personas en desventaja que se querellen de cualquier instancia de hostigamiento.  Es por esto, por lo que hemos determinado que a las víctimas de acoso se les proveerá acompañamiento, espacios seguros, dignos y solidarios incluso mientras se investiga. Creemos en la justicia restaurativa, así como en la capacidad de cambio mediante la educación. Nos reafirmamos en la importancia de transformar la organización para transformar la sociedad. En el MST nos solidarizamos con las compañeras del PIP y le extendemos nuestro apoyo. 

30 de julio de 2022

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