El conglomerado de medios de la familia Ferré Rangel, GFR Media, despidió el lunes a más de 150 trabajadoras y trabajadores de la prensa al tiempo que anunció al país que dejará de imprimir los diarios El Nuevo Día y Primera Hora.
La última edición impresa de Primera Hora circuló el jueves 24 de septiembre y la de El Nuevo Día, el domingo 27. Como un gran acto de hipocresía, GFR Media las promocionó como ediciones conmemorativas “con un reconocimiento al oficio y a las personas que durante generaciones hicieron posible que el periódico llegara cada madrugada a la puerta de un país entero”. El homenaje realmente significa la pérdida de su sustento para decenas de trabajadores experimentados, prensistas, mecánicos, técnicos de fotomecánica y periodistas.
La United Steelworkers Local 6135 (USW 6135), que representa al personal unionado de GFR Media, denunció que el cierre supone el fin de un taller de trabajo con más de 50 años de historia.
Según el sindicato, sus representantes se enteraron de la decisión a la misma hora en que integrantes de la familia Ferré Rangel comunicaban el anuncio en la Redacción y otros ejecutivos hacían lo mismo frente a los trabajadores de las prensas.
“Detrás de este anuncio hay un enorme costo humano”, denunció la unión.
Según han denunciado, algunos de los despedidos eran delegados de la unión y empleados de mayor antigüedad. GFR Media apuesta por mano de obra con menor experiencia a la que mantiene en condiciones laborales de mayor precariedad y sin ninguna seguridad de empleo.
El costo detrás de la “transformación”
En su comunicado, GFR Media —que desde sus inicios como El Nuevo Día luchó por monopolizar la industria de los diarios impresos en Puerto Rico y minar a la competencia— no coloca los despidos en el centro de la noticia. Anuncia que, desde el lunes, 28 de septiembre, ambos periódicos serán exclusivamente digitales.
La empresa describe la eliminación de las ediciones impresas como la culminación de un “arduo proceso de preparación” para responder a los cambios en los hábitos de consumo y destaca sus inversiones tecnológicas.
Sin embargo, deja fuera de sus cálculos a las personas que no tienen acceso a internet, no cuentan con equipo tecnológico o no dominan las tecnologías para acceder a la información. Además, gran parte del contenido publicado en la página de El Nuevo Día requiere suscripción de pago.
“Esta decisión empresarial marca el fin de una era de cómo hacer periodismo en Puerto Rico y constituye un golpe a nuestra gente de la tercera edad, la gente pobre y la gente más vulnerabilizada que no domina la tecnología o no tiene el acceso económico a los productos de internet, que no puede leer noticias en el celular, que no tiene una laptop ni un monitor en el hogar”, denunció la presidenta de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico, Nydia Bauzá.
“Vivimos en una sociedad con una mayoría poblacional de adultos mayores, muchos de los cuales no tendrán acceso a enterarse del acontecer diario o a leer reportajes en profundidad sobre asuntos que les afectan en la toma de decisiones”, agregó Bauzá.
“La eliminación de las ediciones impresas, particularmente de El Nuevo Día —que es el más antiguo de los dos— no debe asumirse desde ese sentimiento de nostalgia que nos lleva a aceptar con tristeza lo inevitable y que en este caso sería el fin de una era en la que recibimos en la casa el periódico con su olor a tinta”, dijo Wilma Maldonado Arrigoitía, presidenta del Overseas Press Club. “En realidad se trata, como la misma empresa ha dicho, de un ‘plan estratégico’ que conlleva la salida de cerca de una decena de periodistas y otros trabajadores de la comunicación en momentos en que Puerto Rico necesita del periodismo más vigoroso”, criticó.
La USW 6135 recordó, además, que muchos de los trabajadores ahora afectados fueron quienes mantuvieron las operaciones tras el huracán María para que los periódicos volvieran a circular en medio del colapso eléctrico y de telecomunicaciones.