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Publicado en 13 de agosto de 2002 | por BREL2

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Estados Unidos: La Venganza de Carlos Marx

Rafael Rodríguez Cruz
info@bandera.org
Colaboración
www.bandera.org

Phillips le interesa en particular desmentir la visión de que los años 1990 al 2000, o sea la llamada nueva economía, resultaron en una democratización del mercado de valores, donde supuestamente las IRAs y los fondos de pensiones de retiro, abrieron las puertas de Wall Street para que todo el mundo invirtiera. Según él, los recientes escándalos de fraude corporativo evidencian precisamente que se trataba desde el principio de un esquema de las grandes corporaciones para esquilmar a los pequeños inversionistas.

No obstante, Phillips escribe ante todo con la clase media en mente. A su juico, es de la clase media norteamericana que podemos esperar una reacción radical ante los abusos de Wall Street, dado que votan en grandes números. Es aquí qué yo veo la debilidad principal del libro, pues identifica la democracia y la clase media de forma algo mecánica. Los eventos posteriores a septiembre 11 del 2001 indican que la clase media norteamericana, a pesar de sus múltiples conflictos con las grandes corporaciones, puede identificarse con posiciones de derecha y restrictivas de los derechos democráticos. La experiencia del fascismo alemán apunta hacia lo mismo.

Carlos Marx

Al leer la prensa comercial norteamericana, sorprende de veras la confusión que existe entre los economistas al respecto de las causas de la crisis económica actual y hacia dónde se dirige el país. Un día dicen una cosa y el otro día dicen otra así, por ejemplo, el 29 de julio del 2002, Business Week declaró que la recesión industrial era cosa del pasado.

Dos días después, el New York Times dio a conocer que las cosas no estaban tan bien como se creía. Entre abril y junio del 2002, el PNB creció a una tasa de 1.1%, comparado con crecimiento de 5% durante enero-marzo. El mercado de valores, que había experimentado una subida extraordinaria en julio 29 del 2002, cayó de forma precipitada en agosto 2 del mismo año. Ya en su edición del sábado 3 de agosto, el New York Times, optimista siempre cuando se trata del capital, hablaba de que las estad?sticas sobre el empleo levantaban dudas sobre la solidez del crecimiento de la economía real. La clave consistiría en la habilidad de los patronos para detener el avance de los costos salariales, alegada causa de los problemas en la economía industrial en el 2002 y 2001. Ya no se habla de la necesidad de mejorar el espíritu de los consumidores, sino de frenarles el bolsillo, cosa que entra en abierta contradicción con la teoría de que para evitar la recesión hay que estimular el consumo. Un día dicen una cosa, el otro lo contrario.

Este vaivén de los economistas que escriben en el New York Times y Business Week, compara drásticamente con la claridad y certeza del análisis de las crisis económicas que hiciera Marx más de cien años atrás. Hablando del crédito, la bolsa de valores y la especulación, nos dice: «The appearance of very solid business with brisk returns can merrily persist even when returns have in actual fact long since been made only at the cost of swindle money- lenders and swindled producers. This is why business always seem almost exaggeratedly healthy immediately before a collapse.» (Capital, V.3, p. 615-6).

En realidad, la historia misma de Wall Street y los fallidos intentos de la Security and Exchange Commission (SEC) para contener el fraude y la especulación corporativa ilegal, confirman en lugar de negar el trabajo de Marx. Una muestra clara, lo es este comentario suyo en 1865, que parece referirse expresamente a nuestra era: «On the basis of capitalist production, a new swindle with the wages of management develops in connection with joint-stock companies, in that, over and above the actual managing director, a number of governing and supervisory boards arise, for which management and supervision are in fact mere pretext for the robbery of shareholders and their own enrichment.» (Capital, V. 3, p. 514) ¿Suena conocido?

Resulta, en mi opinión, paradójico que en un momento en que las crisis económicas capitalistas afectan agudamente a las grandes masas incluso en Estados Unidos, el análisis marxista de este tema haya caído en desuso. Como vemos, en su lugar predomina una explicación superficial y hasta espiritual de procesos objetivos que condenan a la inmensa mayoría del planeta a vivir en condiciones de pobreza extrema.

Tiene en parte razón el economista Meghnad Desai, cuando dice que el llamado boom de 1993-1998, confirmó la tesis de Marx sobre la capacidad expansiva del capitalismo, aún bajo condiciones en que algunos lo daban por muerto. Pero se equivoca al mirar tan solo un lado de la moneda. Es en realidad en la combinación de los dos fenómenos, expansión económica y crisis generalizada, que radica la naturaleza especial y contradictoria de la sociedad burguesa. Tal y como Marx lo predijo, el capitalismo no puede expandirse sin, a la vez, sentar las bases de crisis económicas cada vez más profundas y que atentan en contra del bienestar de la humanidad entera. Expandiéndose siembra el germen de su futura destrucción, como bien lo demuestra lo acontecido en la economía capitalista mundial entre 1993 y el presente. Es ésta la verdadera venganza de Marx en contra de aquellos que apresuradamente lo declararon refutado para siempre. Al modo en que yo lo veo, hay Carlos Marx para rato.

* El autor es un abogado puertorriqueño radicado en Hartford, CT.

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