Cuba se halla ante la necesidad impostergable de transformaciones económicas y sociales que redefinen su presente y guíen su porvenir hacia la libertad. La vil y criminal dictadura del Partido Comunista ha llevado a un “callejón sin salida”, donde el pueblo padece toda suerte de atropellos por parte del régimen. Se le suman las dificultades provocadas por el eterno embargo y el reciente bloqueo energético impuestos por el gobierno de Estados Unidos.
Cuba necesita una transformación económica que incremente la producción y establezca una escala salarial justa y digna. La pregunta obligada es cómo edificar una economía productiva por vía democrática y al servicio de las mayorías sociales. No se trata solo de escoger entre Estado y mercado.
El objetivo de la economía debe ser mejorar las condiciones de vida de la población. Esto conlleva aumentar la producción y la productividad, pero garantizando salarios dignos; empleo con derechos; servicios públicos de calidad; acceso a vivienda y a bienes esenciales; y la reducción de las desigualdades. El crecimiento económico no debe medirse solo por cuánto se produce; también debe considerarse cómo se distribuye la riqueza y quién participa en la toma de decisiones sobre las políticas económicas.
No se trata de escoger entre la propiedad estatal o la privada. En Cuba, una economía renovada debe combinar diversas formas de propiedad pública y social para los sectores estratégicos y los servicios esenciales; cooperativas que le brinden al pueblo participación directa en la gestión de la propiedad; pequeñas y medianas empresas privadas bajo reglas claras, derechos laborales e impuestos progresivos; y el trabajo por cuenta propia como una forma legítima de actividad económica. Lo fundamental no es solo quién posee una empresa, sino cómo se distribuye el poder económico y para quién funciona la producción. No se trata de quién posee, sino de cómo se decide, se gestiona y para quién se produce.
Entonces sí, Cuba está “preñada de revolución”. Se requieren grandes transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales en todos los ámbitos de la sociedad. Para ello, es fundamental la apertura democrática de esa sociedad que se pretende transformar. Y sí, esta apertura significa el fin del control del gobierno y los aparatos de poder por parte del partido único, el Partido Comunista. Significa abrirse a legalizar la existencia de otros partidos y a celebrar elecciones libres, teniendo como marco la medida justa de libertad que el país necesita para su transformación.
Esta necesidad se antepone al régimen dictatorial del Partido Comunista y a las intentonas de los señores Rubio y Trump-naranja de establecer control y dominio sobre Cuba. Es un reclamo propio de la sociedad y del pueblo cubano, el único soberano con el derecho democrático de dictar su rumbo.