El árbol se seca

| Publicado el 27 octubre 2003

 

Luis Ángel Torres Torres
Movimiento Socialista de Trabajadores (MST)

No hay que ser adivino para saber que las perspectivas del independentismo con miras a las próximas elecciones son, como poco, deprimentes. Y, la cosa podría, incluso pintar peor porque no vemos movimiento o atisbo de reflexión crítica en las filas del Partido Independentista puertorriqueño (PIP).

Éramos muchos y parió la abuela. Las cosas estaban malas para el independentismo electoral y la candidatura de Pedro Roselló ha venido a complicarlas. La realidad es que el PIP, con la excepción de la lucha por sacar a la Marina de Vieques, ha hecho muy poco por crecer electoralmente. No participa ni alienta las luchas de los distintos sectores del pueblo y se ha limitado, principalmente, a las denuncias que esporádicamente hacen sus dos legisladores. Es más una organización cívica que un instrumento de lucha, que ha terminado aceptando las reglas y el terreno de juego que los enemigos de la independencia le han definido.

Su principal preocupación vital parece ser la defensa del mantengo electoral millonario que recibe y le sirve de base económica para subsistir. Antes se planteaba que el poder contar con el Fondo Electoral era necesario para con esos recursos impulsar vigorosamente la lucha por la independencia, pero lastimosamente ese millonario subsidio ha servido para alimentar la maquinaria partidaria y muy poco para llevar el mensaje independentista. El medio se convirtió en el fin.

Y como se dice vulgarmente, eso se pega. El mantengo se ha extendido a la legislatura donde decenas de dirigentes del PIP perciben altos salarios por contratos que no tienen nada que envidiar a los de los ayudantes de los partidos colonialistas. Fueron allí a denunciar al sistema y terminaron viviendo del sistema con sus carros lujosos, chóferes, dietas y prebendas conocidas.

Si malo es el hecho, peor es la defensa que algunos líderes del partido hacen de esa reprochable conducta. Recientemente escuché a la Vicepresidenta del PIP, Maria de Lourdes Santiago, decir que los enemigos de la independencia desearían que los legisladores del PIP no aceptaran los carros y las dietas para ponerlos en una situación de desigualdad frente a los demás legisladores. La compañera, aparentemente, prefiere que el PIP se ponga en una posición de cuestionable moralidad aceptando disfrutar unos privilegios que ellos mismos critican como innecesarios.

Esa defensa de los valores de la “prera” electoral, que abusa del dinero del pueblo para mantener unas maquinarias insensibles a los problemas de la gente, es el producto de una visión monárquica de la política y la vida partidaria interna. En el PIP no cabe la divergencia, los caminos alternativos ni la crítica pública; cualquiera que critique, y esa ha sido la historia, ha tenido que iniciar su obligado exilio con el sello de enemigo de la independencia y, como diría el Gran Combo, “aquí no ha pasado nada.” ¿Cuándo ha habido primarias en el PIP, o siquiera una asamblea donde distintos candidatos se puedan enfrentar como compañeros en buena lid? No, eso no se estila en el “partido de la independencia”, donde todos los aspirantes a líderes parecen clones del máximo líder. Es posible que ese sea el precio de estar en la nómina pipiola.

¿Cómo un partido que ha devenido en una organización burguesa mantenida artificialmente por el barril de tocino electoral del estado colonial, sin perspectivas de triunfo, puede enfrentar la coyuntura que plantea la candidatura de Rosselló? La contestación a esa larga pregunta es corta: en este momento, de ninguna manera. La hemorragia del voto melón va a ser más grande e imparable que nunca. Tan grande, que la posibilidad de que el PIP se desangre y no quede inscrito se palpa peligrosamente. No es por menos que eso que el partido decidió tirar a Rubén para candidato a gobernador, consciente de que sólo su candidatura puede salvar la difícil prueba que se avecina.

Lo triste y preocupante de ese previsible y terrible resultado electoral, sería que el liderato del PIP hiciera caso omiso al mensaje escrito en la pared. Que, como nos tiene acostumbrados, se negará a ver la raja de leña en su ojo y se dedicará a ver la paja en el ojo ajeno. El liderato del PIP tiene que entender que el curso al descalabro que lleva la lucha por la independencia no se va a cambiar con refranes y frases grandilocuentes, que hace falta análisis, evaluación y sobre todo mucha reflexión colectiva para alterar ese curso.

Y que ese proceso tiene que servir para luchar, para tirarse a la calle con la gente de carne y hueso que está resistiendo todos los días los embates de la pobreza, la explotación y la destrucción del ambiente social y natural. La gente del “otro Puerto Rico” que distinto a los médicos, abogados e ingenieros independentistas, todavía vive en la miseria.

Ahí están las raíces de la verdadera lucha por la independencia con contenido social. Aquella vieja pregunta que, en la década del 70, le sirvió a Rubén Berríos para cautivar las mentes de miles de jóvenes universitarios: ¿independencia para qué?, hoy es más pertinente que nunca. Tenemos que decirle a los trabajadores, a los desempleados, a los estudiantes y a todos los sectores oprimidos del país, con mucha claridad y fuerza, que queremos la independencia para realizar una profunda transformación social encarnada en el socialismo democrático y autogestionario que, por primera vez, ponga los intereses y necesidades del pueblo por encima de los intereses de los privilegiados. Que movilice a los de abajo para que sean los que gobiernen y participen en la solución de sus problemas.

Si humedecemos y abonamos esas raíces con el trabajo arduo y sistemático con la gente trabajadora, el árbol de la independencia se mantendrá vivo y mejor aún, fructificará. Pero si seguimos, como el Negrito Bonito, “hablando de cosas que no se pueden ver”, muchos seremos testigos de cómo el árbol se seca.