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Publicado en 27 de septiembre de 2012 | por BREL

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De lo inmediato al largo plazo: Debate sobre el abstencionismo

Mié, 2012-09-26 20:52

Frank Aquino Ruiz

Bandera Roja

En día recientes, y luego que el Movimiento Socialista de Trabajadores hizo públicas su determinación de hacer una campaña sobre el abstencionismo, algunos sectores han comenzado sus críticas que en su mayoría son sumamente simplistas. Sabemos que algunas provienen del más visceral sectarismo contra el MST. Este hecho es triste cuando públicamente se ha dicho, por sectores que creen en la cuestión electoral, que si no votas no te quedes callao. Pese a esto, no podemos dejar de responder a muchos de los señalamientos. Intentaré pues, recoger en este artículo varios señalamientos que he hecho en las redes sociales para darle la profundidad que se merecen.

La participación electoral y lo inmediato

Estas elecciones tienen un carácter muy singular. Son unas que se sitúan entre la tendencia de muchos electores que no van a salir a votar y entre los partidos llamados emergentes, que intenta traducir un descontento generalizado en una fuerza electoral. Es aquí donde se inserta la propuesta abstencionista del MST. Como todo proceso político, esta propuesta comienza a chocar contra otras concepciones del quehacer político. Pienso que lo que caracteriza dichas propuestas es que la tendencia electoral es una inmediata y la abstencionista es a largo plazo.

Le llamo inmediata por que se enfoca en las próximas elecciones sin mucha perspectiva de lo que va a pasar después. Con esto no quiero decir que no haya interés de seguir un trabajo político después de las elecciones por parte de dicho partidos. Yo no dudo que lo haya. Ahora esto no quiere decir que se rompa con lo inmediato. Y más cuando el descontento del pueblo trabajador y oprimido son las elecciones en sí.

Lo primero que nos resalta de la inmediatez de las elecciones es que cuando se acaben las mismas también se acaba, a su vez, el fondo electoral que se ha usado para hacer la campaña. Esto nos platea un problema fundamental. Las organizaciones electorales se verán obligadas a restablecer el trabajo político bajo las mismas condiciones anteriores en las que estuvieron. Esto quiere decir que tendrán que adelantar sus proyectos políticos como una vez lo hicieron, sin las supuestas ventajas del sistema electoral. Algo que en repetidas ocasiones han planteado que intentaron escapar.

Esto, en términos estratégicos, no ayuda mucho a dichas organizaciones electorales porque de lo que se trataría entonces es de seguir construyendo un aparato que podría haber tenido mayor efectividad si esa construcción se hubiera hecho anterior a la creación de dicho aparato. Esta construcción es una compleja y por lo tanto no se trata meramente de inscribir el partido. Se trata de adelantar posiciones reales que transformen a nuestra sociedad. Algo que se puede hacer a largo plazo sin la necesidad de ser un partido electoral.

Esta situación nos lleva, entonces, a la cuestión de la inscripción. El enfocar la campaña para quedar inscritos, y evitar así la dura labor de recoger las firmas, deja a un lado aportes importantes que pudieran hacer estas colectividades en la sociedad puertorriqueña. Dicho fenómeno es lo que por años lleva arrastrando el Partido Independentista Puertorriqueño, referente histórico, por así decirlo, del independentismo electoral. El trabajo arduo de los militantes para inscribir el partido no es sinónimo de una práctica política dirigida a convencer las masas. Es un trabajo dirigido a cumplir con los requisitos institucionales del sistema electoral colonial y que en muchos casos se hace para que personas que tienen puestos en la Comisión Estatal de Elecciones, no los pierdan.

El antiguo debate del reformismo versus revolución

Debemos, ahora, hacer un análisis del contenido de estas propuestas electorales inmediatas. En primera instancia, los partidos emergentes, han abandono la independencia y el socialismo como elementos reales de cambio. En cambio, han asumido posturas reformistas que no intentan trastocar el sistema colonial capitalista. Para tratar de justificar dicha decisión, muchos de los y las socialistas insertadas en estas organizaciones, ponen el ejemplo de Salvador Allende en Chile. Pero se les olvida tres detalles importantes. 1) Allende era abiertamente socialista y era respaldado por una coalición de organizaciones de izquierda insertadas en las luchas del pueblo chileno. 2) Chile no es un país colonizado como el nuestro. 3) Las políticas adelantadas por la Unidad Popular antagonizaron directamente con la burguesía. En cambio y a todas luces, las propuestas de estos partidos no buscan eso. Incluso hay algunos que han hablado hasta de un consenso clasista.

Significa entonces, que hablar de reformas progresistas dentro de una colonia, no es lo mismo que decir que tenemos que acabar con la colonia y la opresión de raíz. Plantear esto no es roncaera revolucionaria, como se ha querido decir del MST. Es, precisamente, separar dos concepciones de lucha que históricamente y alrededor del mundo, son antagonista entre sí; la reformista y la revolucionaria. En el caso de Puerto Rico no es distinto. Cada vez más se van delineando los campos entre las organizaciones reformistas y las revolucionarias.

Esto no significa que dentro de dichas organizaciones electorales no haya independentistas ni socialistas comprometidos. Lo que significa es que ese organismo no busca cambiar la realidad política, sino más bien lo que busca es utilizar las reformas como una forma en que tanto ricos como pobres puedan vivir en un mismo lugar, sin necesariamente antagonizar entre sí. Es decir, quieren administrar el poder, que no es lo mismo que tomarlo, ni mucho menos construirlo. Lo que nos lleva a concluir que dichos partidos son reformistas y eso está muy bien. Todo el mundo tiene el derecho de llevar a cabo su proyecto político como lo entienda. Pero lo que no puede pasar es que ideológicamente se confunda al pueblo con que el reformismo es revolucionario. Porque en lo que se convierte esto es en un burdo populismo, muy cercano al proyecto de Muñoz Marín.

Aquí es donde el MST señala que es una estrategia muñocista. ¿Acaso esto no fue lo que hizo Muñoz con el ELA? Esto no significa que se le diga populete a las organizaciones. Es de todos sabidos que el populete es aquel que dice ser independentista pero vota por el PPD. En el caso de la mayoría de estos partidos lo que buscan es el voto para sí mismas y no para el PPD. Cuando se hace la crítica en el documento del MST es a raíz de un hecho histórico concreto que no solo es puertorriqueño, si no que tiene su raíz en los Estados Unidos con el Nuevo Trato de Roosevelt.

Romper el cerco dejando atrás las propuestas

Otro aspecto que limita a estas propuestas inmediatas es el bipartidismo. El bipartidismo tiene como consecuencia que la exposición de propuestas importantes, muchas con las que coincido, queden en segundo plano. Esto es debido a que el enfoque de la campaña electoral será tratar de romper con el cerco mediático e ideológico de una sociedad que piensa bipartidistamente. Esto no es tarea fácil y eso hay que reconocerlo. Pero su consecuencia es desastrosa para el fin principal de dichas organizaciones, que es adelantar propuestas importantes. Las organizaciones no electorales, como el MST, no están exentas del pensamiento bipartidista. Pero como lo que procura el MST es adelantar a largo plazo posiciones políticas en el trabajo con el pueblo trabajador, no se ve obligado a tener que pedir desesperadamente romper el cerco bipartidista.

Para lograr romper con este cerco surgen varias estrategias. Por lo tanto debemos de analizar algunas de ellas. La estrategia que es utilizada comúnmente es la de impulsar la figura del candidato a gobernador. Se intenta resaltar las capacidades que posee por encima del PNP y del PPD. Por ende, se intenta resaltar cuan competente es dicho candidato al momento de administrar el poder. Evidentemente esta estrategia, forzada por la naturaleza del bipartidismo, lo que hace es seguir fortaleciendo la concepción de la democracia representativa. Esto no adelanta en nada a la toma de conciencia ya que la gente seguirá pensando en que se tiene a fulano para que dirija el país. Como consecuencia, esta situación, vuelve a rezagar a las propuestas ya que no se ven como una exigencia concreta del pueblo, si no como una promesa de campaña.

Forzosamente me tengo que detener nuevamente en el referente histórico del PIP. El PIP ha intentado esa campaña por muchos años sin mucho éxito. Incluso en el área de mayor efectividad que había tenido dicha campaña, que fue en sus candidatos a puestos legislativos, hemos visto el resultado. Han perdido esos escaños. El PIP nuevamente en estas elecciones está impulsando dicha campaña junto a otros tres partidos que argumentan lo mismo.

Al análisis de lo inmediato tenemos que sumarle otra consideración importante. El problema de la forma de las campañas. En Puerto Rico los estilos de campaña son: caravanas, caminatas, anuncios por distintos medios, etc. Es decir una campaña vistosa sin mucho espacio de debates con el pueblo. Cualquier partido nuevo tiene que entrar a esos estilos de campaña que solo buscan el voto y no la conciencia de los electores. Esto hace que el trabajo de base que adelanta conciencias y no votantes, quede rezagado. A su vez el debate profundo queda en extinción. Lo que tiene como resultado que las propuestas pasen de lo concreto al mundo de las consignas. Proceso que se invierte con el trabajo a largo plazo.

El abstencionismo como propuesta a largo plazo

Ante este panorama tenemos que ver como se inserta entonces la propuesta abstencionista del MST, una que es de largo plazo. Esta propuesta no sale de la nada. Se encaja en la situación concreta de la tendencia abstencionista que se ha desarrollado por parte de los electores. Este abstencionismo surge paralelamente del abstencionismo principista y pequeño burgués de unos sectores del independentismo y no responde a dicho discurso. Responde al descontento generalizado que tiene el pueblo trabajador y oprimido con el sistema electoral. No es hasta estos momentos, con el análisis del MST, que se ha hecho un acercamiento a tratar de entender política y sociológicamente este hecho. Algo que no es poco cosa, como se ha intentado señalar con epítetos de fobia electoral, pataleo discursivo etc. Se trata de traducir una tendencia desorganizada en un elemento político real que cuestione el sistema actual de cosas. Esto adquiere mayor importancia cuando, el sector principalmente abstencionista, son los jóvenes. Jóvenes trabajadores y pobres que están cansados del sistema, que dándole los espacios organizativos y las propuestas de cambio, se convertirán en la fuerza política revolucionaria que ponga al sistema de rodillas.

Por eso la propuesta política del MST va acompañada de la continuidad histórica que amerita y sobrepasa estas elecciones. Seguir haciendo el trabajo político en la calle es el enfoque principal que buscaría sus frutos en los años venideros y no en las próximas elecciones. A su vez impulsaría la independencia y el socialismo como elementos reales de transformación. Rompiendo así con la visión lastimosa de algunos sectores de izquierda de que estas dos palabras son un cuco al cual el pueblo le tiene miedo. El problema no son estas palabras si no es el trabajo político que conlleva adelantarlas. Trabajo que muchos sectores de la izquierda ha reusado hacer históricamente.

Traigo de ejemplo al PSP. Lo que hizo al PSP no fue el aparato electoral que construyó, si no el trabajo político que hizo anterior, el cual adelantó las conciencias del pueblo trabajador. Que dicho sea de paso, el entrar en el panorama electoral fue uno de los elementos que ayudó a liquidar dicho proyecto. Este ejemplo lo podemos ver repetido en varios momentos. Como mencioné, la Unidad Popular en Chile, en Grecia con la coalición de izquierda que ha logrado varias huelgas generales. Mas reciente en Chicago con la huelga de maestros y maestras. En el caso de Puerto Rico, Vieques, la huelga de la Federación de Maestros, las dos huelgas estudiantiles del 2010, y por último pero no menos importante, la victoria del No en el pasado referéndum.

Otro elemento que permite la oposición abstencionista es el continuar el trabajo sin las trabas del sistema electoral, que tendrá como resultado convertir consignas en propuestas concretas. Permitiría a su vez adelantar la concepción de que la transformación que se busca reside en la organización y que solo de esta manera podríamos construir un poder real. Este trabajo al no ser inmediato, se vuelve incisivo y constante, el cual va a permitir que nos introduzcamos en todos los aspectos de la vida de nuestro país. Le diríamos a la gente que son ellos mismos el poder, que no son los partidos y como resultado, pondríamos en la práctica la real democracia participativa. Incluso lograría que se alcancen derechos dentro del sistema capitalista sin tener que esperar a las próximas elecciones. Claro, esto no quiere decir que todo será una serie de victorias, pero parafraseando a Marx, el proletario avanza sus luchas a partir de sus derrotas.

Partiendo de este análisis podemos ver que la propuesta del MST es seria y responde, a partir de un debate democrático de toda la organización. Reducir la propuesta diciendo que responde al deseo de que otros proyectos políticos fracasen es una actitud irresponsable que no abona en nada al debate y lo que intenta es descartar una propuesta que cuenta con grandes posibilidades. No me sorprendería que luego de las elecciones se comience con la lamentable acusación de que por culpa del MST hemos fracasado.

En fin todavía hay mucho por verse luego de las elecciones. De lo que si estoy seguro es que cada organización debe de adelantar su proyecto hasta donde sea, sin dejar el debate. Hay muchas formas de lucha y concepciones de las mismas. Todas tienen cabida. Solo será el proceso histórico quien determinará cuales fueron más efectivas.

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